Vuelo final del piloto de "Los Chapitos" un fracaso del gabinete de seguridad Ineptitud o intereses políticos de FGR
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Un hombre sin rostro claro, pero con el control de los cielos. Durante años, Alejandro Ojeda Ávila vivió bajo una sombra, usurpando el nombre de su propio primo, Mauro Alberto Núñez Ojeda, para surcar las rutas del narcotráfico por México, Ecuador, Costa Rica y Estados Unidos.
Su historia, documentada con precisión por el reportero Abel Barajas de Reforma, (Los 4 expedientes del piloto 'Chapito') es el reflejo de un sistema de justicia donde las identidades se borran, las deudas penales se esfuman en el aire y los gabinetes de seguridad tropiezan con sus propias contradicciones.
Aquel 8 de febrero de 2025, cuando fue acorralado en la comunidad de Jesús María, en Culiacán, el piloto no solo intentaba esconderse en un inmueble aferrado a un arma larga y a una mochila; intentaba ocultar un pasado que ya lo había alcanzado.
En ese violento operativo, que costó trágicamente la vida de un elemento de la Guardia Nacional, cayó el hombre que más tarde confesaría ser el piloto personal de Iván Archivaldo y el orquestador logístico del vuelo que entregó a Ismael "El Mayo" Zambada a las autoridades estadounidenses.
Pero en territorio mexicano, el llamado "Jando" dejó heridas abiertas y expedientes sin saldar. Barajas revela en su crónica un detalle procesal que raya en la ironía: tras su captura, fueron las huellas dactilares las que traicionaron su disfraz.
La FGR descubrió que el hombre detenido acumulaba cuatro carpetas de investigación vigentes y arrastraba una vieja sentencia de 2017 por portar armas exclusivas del Ejército. Había motivos legales de sobra para juzgarlo en su propia tierra, pero algo ocurrió: la conveniencia se impuso sobre la procuración de justicia.
La justicia tomó el atajo de la diplomacia silenciosa. A pesar de su historial en México —que presuntamente incluye intentos de rescate a Ovidio Guzmán y ataques con explosivos en Durango—, el gobierno federal decidió no procesarlo.
El 12 de agosto de 2025, omitiendo el tortuoso pero legal camino de la extradición, el piloto fue subido a un avión bajo la figura de "expulsión" junto a otros 25 detenidos. Se fue llevando consigo los secretos de la cúpula criminal, mientras sus cuatro carpetas de investigación quedaban atrás, acumulando polvo.
Hoy, despojado de su falso nombre, Alejandro Ojeda aguarda su destino en una corte de Washington. Tras declararse culpable en abril de 2026 de conspiración para distribuir cocaína, su futuro depende del juez Rudolph Contreras y de qué tanta información estratégica sobre "Los Chapitos" esté dispuesto a entregar a cambio de una condena reducida.
La investigación nos deja una profunda y dolorosa paradoja institucional. Mientras hoy en Estados Unidos el piloto confiesa detalladamente sus crímenes, en México, las autoridades navegaron en la incertidumbre.
Tan solo días después de su captura, el gobierno lo anunció como el piloto estrella del cártel, para retractarse horas más tarde negando su vínculo con el caso del "Mayo".
Un criminal de altos vuelos que el Estado mexicano no supo retener, convirtiendo lo que debió ser un triunfo de la justicia local en una simple moneda de cambio en los tribunales del norte. Una verdadera lástima para nuestra soberanía judicial.
