Viene el aluvión de pruebas porque Mérida va a empinar a narco rocha

Gerardo Mérida Sánchez ha empezado a hablar. El general retirado, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa y primera pieza grande del esquema señalado por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, fue aceptado como testigo cooperante por el Departamento de Justicia y ya entregó la primera carga de información desde su celda.
Lo que sabe es mucho y delicado. Mérida fue el responsable de avisar con anticipación a Los Chapitos sobre redadas en laboratorios de drogas, recibía 100 mil dólares mensuales en sobornos, comandó tres zonas militares, controló a la Policía Estatal y colocó directores de seguridad afines al cártel. Tres años escuchando, mirando y firmando: ahora abre la libreta entera.
La cooperación abre la puerta a una cascada de implicaciones. Cada nombre que mencione, cada audio, cada documento, cada reunión que detalle pasa de inmediato a la base de la causa contra los otros nueve acusados: Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza, Enrique Díaz Vega (también ya entregado), el alcalde Juan de Dios Gámez, el vicefiscal Dámaso Castro y cuatro mandos policiales. Y, sobre todo, contra quienes aún no aparecen en la imputación pero podrían sumarse.
La narrativa oficial mexicana de "no hay pruebas" se desmorona en tiempo real. El propio Mérida ignoró un amparo en Michoacán para entregarse en Arizona, no negó las acusaciones, se declaró no culpable como estrategia procesal y optó por colaborar. Sus palabras, a partir de ahora, valen más que cualquier discurso de Palacio Nacional. Van por todos.

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