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Utopías: el sueño de cemento que nadie pidió, ahora todos rechazan

3 oct 2025
4 min de lectura

NELLY SEGURA. ……………………………………

Las “Utopías” del Gobierno de la Ciudad de México, promovidas como centros de bienestar, cultura y deporte, han comenzado a generar más polémica que esperanza. Lo que se presenta como el proyecto insignia de la administración de Clara Brugada enfrenta rechazo vecinal, amparos judiciales, denuncias por uso de fuerza pública y acusaciones de imposición.

Como advertí en este espacio el pasado 28 de abril, en la capital hemos visto desfilar diferentes modelos de centros comunitarios: FAROS, PILARES, Escuelas de Artes y Oficios, Centros de Barrio… Ninguno ha trascendido por una razón muy clara: la falta de continuidad. Cada nuevo gobierno insiste en crear desde cero, demoliendo lo anterior. Las Utopías no rompen con esa lógica; la profundizan.

Hoy, varios puntos de la ciudad muestran que estas “utopías” —más que una visión compartida— están chocando con la realidad de una ciudadanía que exige ser consultada y respetada.

Xochimilco: 10 de 10 dijeron no. En Xochimilco, el rechazo fue contundente. A través de consultas realizadas en 10 comunidades, todas dieron una respuesta negativa a la instalación del complejo en el Deportivo Xochimilco. El resultado fue tan claro que el propio gobierno tuvo que recular: Clara Brugada reconoció que se buscará otro lugar. Fue una victoria para la organización vecinal y una señal clara de que la participación ciudadana no puede ser una simulación.

Cuajimalpa: del amparo a la desaparición de funcionarios

En Cuajimalpa, un juez concedió un amparo en favor de la comunidad que se opone a la construcción de la Utopía. Posteriormente, otro tribunal desestimó la participación del Tribunal Electoral local en el caso de la consulta indígena celebrada el 11 de mayo, dejando claro que el tema debe tratarse desde un enfoque de derechos colectivos.

La autoridad tradicional indígena accedió entonces a retomar mesas de trabajo con el gobierno capitalino. Sin embargo, los funcionarios encargados del diálogo, entre ellos Tomás Pliego, simplemente dejaron de responder. Hoy, la comunidad sigue esperando una respuesta institucional que no llega. ¿Es esta la forma en que se construyen espacios “de todos”?

Magdalena Contreras: ¿una biblioteca o chatarra voladora?

Otro caso que ha generado críticas es el de la Magdalena Contreras, donde el fuselaje de un avión —trasladado desde el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México— será habilitado como biblioteca pública dentro de una de las Utopías. Según las autoridades, se trata de un proyecto cultural. Pero vecinos, activistas y usuarios de redes sociales han expresado su inconformidad.

Durante una protesta por la instalación del avión, algunos manifestantes fueron recriminados por elementos de la policía capitalina, lo que añade un tono represivo a una discusión que debería ser abierta.

En redes, la crítica ha sido contundente: el avión es basura industrial disfrazada de centro cultural. A diferencia de lo que ocurre en la alcaldía Venustiano Carranza —sede del aeropuerto y donde el vínculo con lo aeronáutico es identitario—, en Magdalena Contreras la idea resulta forzada, ajena y superficial.

Este episodio ilustra con claridad una gran falla del programa: no todos los modelos sirven para todas las comunidades, aunque compartan la misma ciudad. Cada alcaldía, cada pueblo, cada colonia tiene su historia, su identidad y sus propias necesidades. Imponer un solo tipo de solución, sin escuchar ni adaptar, no es transformación: es imposición.

Iztacalco: no más cemento

“No más cemento, queremos áreas verdes”. Esa es la consigna que se escucha en Iztacalco, donde la población rechaza tajantemente la instalación de otra Utopía. El reclamo no es menor: muchas comunidades urbanas están saturadas, sin agua, sin árboles, sin espacios verdaderamente abiertos. No necesitan una megaconstrucción; necesitan oxígeno.

Álvaro Obregón: entre consultas y desconfianza

En Álvaro Obregón, se intentó legitimar el proyecto con una consulta ciudadana. Sin embargo, el ambiente fue polarizado. Las autoridades minimizaron la oposición señalando que se trataba de “seguidores de Lía Limón”, lo que evidencia la resistencia del gobierno a asumir errores de planeación.

El caso más emblemático es el del Parque Japón, donde ya existe infraestructura funcional y recientemente se invirtieron más de 30 millones de pesos en mejoras. Pese a eso, se pretendía levantar una Utopía encima. ¿Por qué insistir en destruir lo que funciona para construir algo nuevo? La respuesta parece ser más política que social.

¿Y el fondo del asunto?. La resistencia a las Utopías no es un simple capricho vecinal ni una reacción manipulada por adversarios políticos, como insinúan algunos funcionarios como Fadlala Akabani. Es, en el fondo, una exigencia legítima de planeación con sentido, de respeto a lo existente, de consulta verdadera. Y, sobre todo, de un modelo de gobierno que no pretenda imponer su visión desde el escritorio.

¿Son necesarias las Utopías? Quizá sí, en algunos lugares. Pero no a cualquier costo, y definitivamente no en todos lados. Lo que la Ciudad de México necesita no son más “grandes obras” que funcionen como monumentos políticos, sino espacios útiles, incluyentes, sostenibles y apropiados por sus comunidades.

La resistencia que enfrentan las Utopías tiene una raíz estructural: están mal planeadas. Más que proyectos pensados desde y para las comunidades, parecen iniciativas diseñadas desde el escritorio, sin diagnóstico real de necesidades locales ni procesos auténticos de participación ciudadana.

Esto no solo genera desconfianza, sino que profundiza el sentimiento de imposición. En lugar de adaptarse a la diversidad social, territorial y cultural de la ciudad, las Utopías replican un mismo modelo en contextos completamente distintos, generando fricción donde debería haber colaboración. La falta de sensibilidad territorial y de diálogo previo convierte lo que podría ser un espacio de bienestar en un símbolo de exclusión, alimentando la percepción de que, más que servir a la ciudadanía, estas obras buscan cumplir agendas políticas o estéticas de cara a eventos internacionales como el Mundial 2026.

 

 
 
 

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