Tu voto puede salvar a México del comunismo monstruos y demonios

La tarea común de la sociedad es emitir su sufragio de manera pacífica en épocas electorales, ya que tanto la Conferencia del Episcopado Mexicano y los diversos sectores políticos, cúpulas empresariales y afinidad de criterios disímbolos y democráticos, vuelven a enfrentarse a aquellas álgidas épocas de corrientes oscuramente extranjerizantes como los sinarquistas, comunistas, trotskistas, derechistas e izquierdistas, que en conjunto, fueron derrumbados gracias a la órbita electoral.
Esos grupúsculos criminales que se niegan a “morir” a estas alturas del siglo XXI, por ser entes activos fantasiosos, pesimistas, pero sumamente nocivos y bestialmente mentirosos –a quienes se les puede correlacionar como monstruos del Demonio-, solo un camino común puede romper esas cadenas del mal: es la copiosa participación electoral, es decir, “Tu voto puede salvar a México del comunismo”. Incluso, en México, se exhiben cartulinas con la leyenda: “México, perdóname voté por AMLO y me arrepiento”.
Las naciones conservadoras han tenido el extremo cuidado en no tropezar en el terrorismo de Estado, donde el presidente Andrés Manuel López Obrador está empecinado en destruir totalmente a esta muy castigada y sacrificada República, víctima de mentes perversas.
El Constituyente de 1917, afortunadamente, dejó sentadas las bases para poseer el talento permanente y democrático de que sus conciudadanos quienes todavía pueden elegir libremente a sus autoridades por la vía electoral, que puntualmente, la cultura francesa es retomada como punto de partida en el establecimiento del espacio electoral, el cual empezó a ejercer un poder gravitacional sobre grupos de lo más disímbolos, sinarquistas, comunistas, trotskistas, derechas e izquierdas, ya es tiempo de que desaparezcan de la faz de la tierra.
La tan polémica y rebatible publicación de la revista The Economist –AMLO, falso mesías-, fue el común detonador para la pésima política económica del mandatario mexicano que a la luz del mundo, López Obrador –el difamador cobarde, como lo calificara el político derechista Diego Fernández de Cevallos-, pareciera que el costeñito tabasqueño tiene piel de camaleón, que en llanas palabras del castellano mexicano “todo le vale madre”, es absorbida en la espiral del fenómeno de la autocracia.
La autocracia, rama de la oclocracia, ha postrado a México en el enorme centro telúrico de actividades ilícitas que inversionistas internacionales tienen miedo de crear polos de desarrollo nacionales para evitar ser materialmente robados por un gobierno que integra ladrones y narco-asesinos de todos calibres.
Jerarcas católicos, pese a las limitantes que establece el artículo 130 constitucional, inciso “e” -los ministros no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna-, han aprovechado la coyuntura política ante la acelerada carrera de convertir a México en una nación comunista.
Si bien el principio histórico de la separación del Estado y las iglesias orientan las normas contenidas en dicho artículo de nuestra Ley de Leyes, las iglesias y demás agrupaciones religiosas no tan solo se han sujetado a respetarlas, sino que desde los púlpitos inducen sus mensajes para crear conciencia social en tiempos altamente peligrosos separatistas, y que fuera de lo que se pudiera considerar actos de culto o de propaganda político-religiosa, las publicaciones del Episcopado de carácter religioso, ponderan las leyes del país y sus instituciones, sin agraviar de cualquier forma los símbolos patrios.
Los criterios de la separación de poderes del clero, pese a todo ello, surge un mensaje de los obispos mexicanos con motivo del proceso electoral 2021, donde señala la atención a las múltiples regiones que se ven amenazadas por el yugo del crimen organizado
“Si hemos avanzado en la cultura democrática debemos extirpar actitudes como la apatía y la indiferencia, así como evitar que cualquier persona o agrupación busquen manipular a los ciudadanos en el ejercicio de su voto a través de la presión, las dádivas o los chantajes. Entre más libertad exista para elegir, más capacidad tendremos al momento de exigir.
“Amar y servir al país nos debe llevar al respeto de todos y no caer en el riesgo de fomentar o incurrir en descalificaciones irracionales, agresiones o actos de venganza, lo cual no construye la atmósfera que hoy necesita nuestra nación.
“Más aún, debemos ser capaces de analizar con serenidad los acontecimientos y recordar que la democracia no termina emitiendo nuestro voto, sino que es necesario dar seguimiento a este proceso, exigir el cumplimiento de promesas de campaña y pedir la rendición de cuentas de manera transparente, deber al que todo político está obligado”.
La frontera entre la ética, el respeto y la abominable incursión dramática de enemigos de la Patria, es palpable en el momento que Obrador recurre a contratar a amotinadores internacionales como el caso de Abraham Mendieta, un ultra-comunista español, terrorista, delincuente internacional, contratado por Morena para sus centros de adoctrinamiento socialista, llamados "Centros de la defensa de la 4T", homólogos a los de la "Defensa de la Revolución en Cuba y Venezuela", afirma que a los mexicanos, como reciben becas y apoyos del gobierno, les vale madres lo que opine desde Londres el editor de The Economist.
A los morenistas no les da vergüenza que el gobierno otorgue limosnas electoreras, que rebota en la deshumanización de esos políticos boñigas, al dejar sin tratamiento a miles de niños y mujeres con cáncer que se están muriendo, sin estancias infantiles a miles de mujeres trabajadoras, sin apoyo a centros de atención a mujeres violentadas, sin atención médica a 50 millones de mexicanos.
Al eliminar el Seguro Popular, sin apoyos al campo, sin fideicomisos de apoyo a la ciencia, tecnología, educación, deporte y desastres, jamás dejará de ser una verdadera infamia que se siga manteniendo a vagos, huachicoleros y migrantes, con el dinero que millones de mexicanos pagan con mucho esfuerzo a través de los impuestos, todos los que si trabajamos.

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