Trabajo que aportaré mi ciudad, mi estado, en mi país, habrían de mejorar
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Aquí el hermoso estado de Sonora les da la bienvenida, esta es su casa. Nunca olvidaré ese sentimiento que me abrazó la primera vez que entré al Congreso, el primer día que me tocó ser legislador hace ya más de ocho años.
Ese sentimiento era de lucha acompañado de esperanza, de saberme parte de algo importante, de una diferencia y que a partir del trabajo que yo aportara, mi ciudad, mi estado, en mi país, habrían de mejorar.
Estaba listo para cambiar el mundo. Pero entonces llegó la frustración. Entendí que, y a parte a golpes, tendría que nadar constantemente contra la corriente, que los intereses de los grupos de poder, que las mañas del sistema no se iban a corregir de la noche a la mañana.
Yo creo que todas y todos aquí hemos tenido el mismo sentimiento ese primer día. Y todas y todos aquí hemos entendido y aprendido a resistir y a perseverar en nuestra lucha.
Y ahí es donde radica la fuerza de nuestro Movimiento. Porque la política mexicana atraviesa el día de hoy un momento particularmente peligroso, porque cada vez existe una mayor concentración del poder y cada vez existen menos instituciones que puedan ser capaces de contenerlo.
Hay muchas más decisiones tomadas desde arriba y mucha menos disposición para escuchar desde abajo. Más obediencia, menos contrapeses, y frente a eso tenemos que decidir qué clase de Movimiento queremos ser.
Este es el Movimiento que llegó a la política con la convicción de devolverle la dignidad al servicio público. Que entiende la ley como una herramienta real de transformación, que abre el debate a lo que otros prefieren acordar en la opacidad y que lleva las causas difíciles a la mesa, aunque incomoden.
Es para mí un honor hablarles de frente a las Bancadas del Movimiento de la gente buena y de las causas justas. Este es el Movimiento que me abrió sus puertas en el 2018.
Y en este Movimiento aprendí que el liderazgo verdadero parte de la generosidad y que se es líder cuando se representa con el ejemplo, aprendí que la valentía es tomar las causas que le duelen a la gente, pero que la política se rehúsa a atender.
Aprendí que la transparencia es crítica y que la honestidad es sagrada y a poner el interés colectivo por encima del interés propio.
Aprendí la sensibilidad y la empatía como herramientas necesarias para volver siempre a nuestra comunidad a escuchar, para poder legislar con base en la realidad de cada una de nuestras comunidades.
Al igual que muchos de ustedes, decidí tomar el camino público al ver un país plagado de tragedias; cada familia cargando la propia y clamando al unísono por justicia.
Hoy estamos llamadas y llamados a responder a esos reclamos ante una política de Estado y ante un régimen de ojos ciegos, de oídos sordos, la congruencia y la excelencia pesan mucho más, hoy, más que nunca, que la obediencia y la sumisión.
Y yo les digo que si a diario nos enfrentamos a Congresos y a mayorías, muchas de ellas ilegalmente construidas, que se nieguen a escuchar, que se niegan a reconocer las dolencias del pueblo de México, entonces recordemos siempre compañeras y compañeros que allá afuera la gente sí escucha, allá afuera la gente sí siente.
Por eso hay que salir a las calles y hablarle de frente a la ciudadanía, exponerle la verdad, refrendarles nuestra idea de nación. Porque recuerden que una idea que la gente hace suya regresa al pleno de cualquier Congreso con mucha mayor fuerza de la que salió.
Cuando un pleno se cierra, nosotros vamos a donde sí nos escuchen. En estos momentos tenemos a compañeras y compañeros de este Movimiento en todo el país, sentados en una plaza pública, sentados con una asamblea de vecinos, explicando exactamente lo mismo que nosotros también explicamos en tribuna.
Cada iniciativa que nos quieran congelar en el cajón de las comisiones va a regresar a la calle y seguirá caminando ahí con mucha más fuerza.
Por eso, por eso este Movimiento no tiene derecho a rendirse, no tiene derecho a renunciar a ser el contrapeso que señala, a ser el contrapeso que incomoda.
Aún cuando seamos gobierno. Sobre todo, cuando somos gobierno. Porque el día en que dejemos de defender a la gente para empezar a defender a un gobierno, será el día entonces que habremos preferido sacrificar a una generación entera con tal de salvarnos el pellejo entre nosotros. Ese es el gran pecado de la política en México.
Esa es una de las grandes tragedias del régimen que hoy gobierna nuestro país. Prefieren la pasividad por encima de la vigilancia, prefieren la complicidad por encima de la ley y prefieren la impunidad por encima de la justicia. Eso es inaceptable en cualquier gobierno, empezando por los nuestros.
Porque a la gente le da igual cuántos escaños o curules tengamos, a la gente no le importa de qué color es un gobierno, a la gente lo que le importa es saber si hay alguien que está viendo lo que le pasa, lo que le duele, lo que le falta.
Quiere saber si después de trabajar toda la semana le va a alcanzar para vivir, si su hija o su hijo se va a poder comprar una casa, si una madre va a tener que escoger entre cuidar a sus hijos o poder conservar su empleo, si va a denunciar un delito que realmente vaya a tener una respuesta, si vaya a ser de algo, o si los hijos, si sus hijos van a crecer en un mejor país de que nos tocó a nosotros vivir.
Esa es la conversación que debía estar teniendo la política mexicana. Una mujer que se convierte en madre puede ganar hasta 40% menos que una mujer que no tiene hijos. Y esa mujer a su vez gana un 20% menos que lo que gana un hombre por el mismo trabajo.
O el padre que quiere estar presente en el nacimiento de su hija, pero tiene solamente cinco días para hacerlo. El salario sigue sin alcanzar. Ningún esfuerzo parece ser suficiente para poder adquirir una vivienda. El campo está completamente desahuciado.
Denunciar un delito en este país casi nunca sirve de nada y la infancia mexicana aparece nada más en todos los discursos, pero demasiado poco en la prioridad presupuestaria.
Todo esto lo hemos aprendido caminando de la mano de nuestra gente y frente a cada una de estas dolencias, Movimiento Ciudadano ha levantado la mano con una propuesta, 40 horas ahora con dos días de descanso, Movimiento Ciudadano lo propuso desde el 2016 y hoy lo exigimos en 25 congresos estatales; 12 semanas de licencia de paternidad para poder llegar a la corresponsabilidad en el hogar, en la familia.
Un sistema nacional de cuidados con instituciones de cuidado de acceso universal, con derechos propios y la puerta abierta para que las personas cuidadoras se puedan incorporar a la formalidad laboral.
Salarios dignos y vivienda asequible para que trabajar vuelva a ser suficiente para poder construir un patrimonio. Una reforma profunda a la fiscalía, la presentamos del 2022 y curiosamente es de las pocas cosas que este régimen no ha querido tocar.
Fiscalías especializadas con autonomía real, una secretaría de justicia que articule una política criminal y sobre todo reglas eficaces para poder investigar y acusar a la gente.
Un fondo nacional para las infancias, que sea plurianual, para educación, para salud, para cultura, para una vida libre de violencia financiado con recursos que el día de hoy están en otras manos, empezando por las utilidades de las empresas de la defensa y de la Marina.
Y paz es de lo local, porque sabemos que la paz se construye desde el municipio con buenas policías locales, bien pagadas, bien equipadas, bien entrenadas, con inteligencia y con un presupuesto que se pueda auditar.
En fin, dignificar la labor policial de estados y municipios. Esas iniciativas, todas ellas son parte de una misma idea de país, un México donde trabajar te permita vivir, donde formar una familia no sea un castigo económico.
Donde tener 20 o 30 años no significa resignarse a nunca tener un hogar, donde la justicia no dependa de tu apellido, de tus recursos o de tus conexiones, donde el gobierno vuelva a entender que su primera obligación es cuidar a las personas y no cuidarse a sí mismo.
Porque México no se promete desde arriba, se construye desde abajo. Ese es el camino que ya conocemos, porque ya lo hemos caminado y nos toca seguirlo caminando juntas y juntos, colonia por colonia, municipio por municipio, Congreso por Congreso desde lo local hasta lo nacional.
En estos últimos años, lamentablemente hemos sido testigos de como Morena y este régimen han hecho del desmantelamiento institucional, el nuevo deporte nacional.
El campo mexicano, la competencia económica, los organismos autónomos, el poder judicial, derechos sociales y humanos, todos estos han sido atropellados, incluso derruidos tan solo por complacencia del régimen.
Compañeras y compañeros en nuestras manos está el futuro de México. No es casualidad que muchas de las más grandes transformaciones de México hayan comenzado lejos del centro del país.
Como tampoco es casualidad que nuestra plenaria la tengamos el día de hoy aquí, en el grandioso estado de Sonora. Aquí donde los trabajadores de cananea alzaron la voz en contra de abusos y en contra de injusticia, se ayudaron a sembrar la lucha que después transformaría los derechos laborales de todo México.
Aquí, desde el Valle del Yaqui se le enseñó al mundo entero a cómo producir trigo de manera autosuficiente. Aquí donde se construyó un sistema de riego que le abrió la frontera agrícola al país. Sonora sabe que las transformaciones importantes no siempre empiezan en el centro.
Muchas veces empiezan aquí en nuestras comunidades, cuando alguien decide que las cosas ya no pueden seguir igual, y sin embargo, no solamente aquí, sino en todo México, vivimos con hambre e incertidumbre en el campo y sin agua, con injusticias y abusos en las calles y con oficinas de gobierno arrogantes o ignorantes.
Queridas compañeras y compañeros de Movimiento Ciudadano, estamos aquí porque tenemos claro el rumbo que debe de emprender nuestro país. Estamos aquí porque como dijo mi padre, el mundo no nos ha sido heredado por nuestros padres, nos ha sido prestado por nuestros hijos.
Y por eso hoy, desde desde Sonora, cada uno de nosotros, cada diputada, cada diputado, cada senador, cada senadora, le decimos a todo México, cuentan con Movimientos Ciudadano.
Cuentan con un Movimiento que aprende a proponer escuchando primero. Cuentan con un Movimiento que sabe que todo nuestro trabajo apunta siempre al mismo propósito: ayudar a la gente.
Para que quien trabaje tenga tiempo para vivir, para que un padre tenga tiempo para ser padre, para que cuidar de los tuyos, no te cueste tu empleo, para que la quincena alcance hasta la siguiente, para que quien trabaja tenga donde dormir, para que que levante una denuncia, tenga una respuesta, para que el dinero de la niñez sea intocable, eso es lo que estamos construyendo en cada colonia donde alguien de este Movimiento tocó una puerta esta semana, en cada Congreso donde una Bancada de minoría le gane el argumento a una mayoría. En cada estado, donde lo que ayer era apenas una propuesta el día de hoy ya es ley.
Pero nuestra tarea no termina con resistir al régimen que tenemos. Nuestra responsabilidad está en construir el país que sigue, y ese país no puede nacer de una sola persona, va a nacer de millones de mexicanas y mexicanos que vuelvan a creer que la política puede servir para algo.
Compañeras y compañeros, necesitamos darles razones para creer. Nos toca demostrar que hay otra forma de gobernar y de representar y nos toca construirlo desde abajo, desde nuestras ciudades, desde nuestros estados, desde nuestras raíces.
Compañeras y compañeros, tenemos todavía mucho camino por recorrer. Recorrámoslo juntos.

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