Suscribir en Letras de Oro “La Justicia no se somete a las órdenes del gobierno

BLAS A. BUENDÍA
La Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, A. C., (ADPCAM), pidió a los Poderes de la Unión promuevan constitucionalmente los trámites necesarios para suscribir con Letras de Oro en sus muros de honor una de las frases compuestas que enaltecen a la justicia mexicana, pronunciada hace más de medio siglo por el Juez de Distrito Raúl Jiménez O’Farril.
En México, "la justicia no obedece las leyes de la política y no se somete a las órdenes del gobierno”, fue la sentencia que hiciera el Juez de Distrito Raúl Jiménez O’Farril, quien a partir de su época, se hizo leyenda y que continuamente reencauza un hito de respeto entre los Poderes Judicial y Ejecutivo, generándose innecesariamente extraordinarias polémicas.
Si bien este posicionamiento político-jurídico se enmarca en la trilogía funcional primaria que es la División de Poderes en México, la ADPCAM que preside el prestigiado abogado penalista Alberto Woolrich Ortiz, consideró pertinente que esa manifestación debe estar plasmada con Letras de Oro y sobre mármol de carrara, ahí, precisamente donde fue pronunciado en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en un acto sin precedentes en la historia del Poder Judicial, que a través de los tiempos, es una introducción a la reflexión sobre el acervo jurídico entre los Poderes, durante las más brillante etapas de la historia de México.
La frase compuesta fue emitida con voz pausada, pero con tono viril, increpando y censurando a quien en su momento fungía como Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Alfonso Guzmán Neyra (1959-1964), quien pretendió cohesionarlo para cumplir el capricho del Ejecutivo, en el entorno de la telúrica fuerza y el impacto social derivado del movimiento estudiantil de 1968.
El Juez de Distrito extrajo de sus bolsillos la credencial que lo acreditaba como tal, arrojándosela a la cara del Ministro Guzmán Neyra, ya que éste pretendía someterlo como un abominable "juez de consigna".
“La dignidad de esa toga jamás se inclinó, ni fue sumisa a órdenes giradas en contra de constancias procesales”, aseveró el penalista Woolrich al remontar esa actitud de valentía que mostró Raúl Jiménez O’Farril, ante la embestidura del Ministro Neyra”.
Woolrich en memoria del Juez O’Farril, recordó la efeméride: “La justicia no obedece las leyes de la política -entiéndalo bien señor presidente- la Justicia no se somete a las órdenes del gobierno”. Estas palabras –dijo- deben de estar grabadas en Letras de Oro y sobre mármol de carrara, precisamente donde fueron pronunciadas en las escalinatas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), donde se registró el suceso.
Y explicó: “Debo penetrar ahora en los hechos que dieron génesis a que ese dignísimo Juez de Distrito las pronunciara, no omitiendo señalar que fueron testigos presenciales de ello dos juristas de alta valía que se encontraban presentes en dicho recinto y en ese preciso momento por diversas circunstancias profesionales, los señores licenciados Arturo Candler, entonces Agente del Ministerio Público Federal adscrito al Juzgado Primero de Distrito, cuyo Juez lo era el ilustre abogado Eduardo Ferrer Mac-Gregor, así como el licenciado y Mayor del Ejército Mexicano Jesús Martínez Villicaña, también Agente del Ministerio Público pero del Fuero Castrense, quien se encontraba adscrito a la Procuraduría de Justicia Militar”.
He aquí la historia. México atravesaba y se encontraba inmerso, como en la actualidad, en un mundo de zozobras y de marcadas angustias y se debatía entre la subversión de los valores derivados de la política y la idealidad de los valores de la justicia, que debe ser estandarte y bandera de la actual generación de abogados, sean éstos catedráticos, litigantes, agentes del ministerio público, jueces, magistrados o ministros de la SCJN.
Recientes y trágicos acontecimientos acaecidos en esa época, pretendían crear divisionismo en la vida democrática e institucional de la Nación. México se encontraba convulsionado por la telúrica fuerza y el impacto social derivado del movimiento estudiantil en el año de 1968.
Aunque sea de manera fugaz y en apretada síntesis -por razones de espacio-, trataré de estructurar ese paisaje en homenaje al señor Raúl Jiménez O’Farril y las palabras por él pronunciadas en el augusto recinto sede de nuestro máximo Tribunal de Justicia, para que conjuntamente con la sociedad, nazca el deseo de que se vuelvan a escuchar en el señalado recinto.
La situación en aquél entonces se había agudizado debido substancialmente, a la proximidad de futuras elecciones. La pasión política se encontraba al rojo vivo, porque ciertas ideas en aquella época se planteaban bajo los puentes de la justicia, pretendiéndola enmarcar con la máscara de un movimiento estudiantil, que había logrado crear un encono entre gobernantes y gobernados. Encono que tendría que resolver la justicia.
No deseo y esto quiero subrayarlo –aclara- tomar ninguna actitud que no se encuentre apegada a la veracidad de esas palabras, que como eco, en la actualidad deberían cimbrar la estructura del edificio que alberga a nuestro Supremo Tribunal de Justicia. Sólo me anima un profundo y definido interés, de dar lustre a lo expresado por ese H. Juez de Distrito, a efecto de crear conciencia de lo que significa para la justicia la independencia de criterio, defendida con virilidad por un funcionario de honor.
El presidente de la SCJN, Alfonso Guzmán Neyra, en afán permanente de pretender ser servil ante el Presidente de la República en turno, no en una, sino en varias ocasiones, ordenó citar en sus oficinas al Juez Segundo de Distrito Raúl Jiménez O’Farril.
En una de ellas -así lo relatan testigos de ese histórico e insólito hecho-, el Presidente de la Suprema Corte de Justicia descendía por las escaleras de ese magno edificio y entre las estatuas erigidas en honor de los Padres del Juicio de Amparo, topándose de frente con el Juez de decoro que llegaba puntual a una de esas citas.
Era una época de oprobio para la justicia. El Presidente de la Corte instruía sin pudor a ciertos jueces y magistrados ordenándoles cómo resolver determinadas cuestiones de justicia. El dignísimo Juez Jiménez O’Farril siempre se opuso a ellas y no en una, sino en varias ocasiones.
Retomando la ilación del tema, relato ahora cuando la dignidad de la justicia, representada por ese juzgador de antaño, le aventó al Ministro Guzmán Neyra su credencial de juez en la cara, al pie de la escalinata de referencia.
Guzmán Neira en aquella ocasión dialogó con Jiménez O’Farril, el departo se efectúo en voz baja, pero la reacción del juez en esa plática, no resultó igual. Con tono viril elevó su voz y expuso: “La justicia no obedece las leyes de la política” -entiéndalo bien señor presidente-, “la Justicia no se somete a las órdenes del gobierno”.
En congruencia con dichas palabras, dentro de su ropa sacó su credencial que lo acreditaba como Juez de Distrito y, ante los testigos en comento se la arrojo a la cara al mismo Presidente del máximo Tribunal de Justicia. Cabe recordar que la dignidad de esa toga jamás se inclinó, ni fue sumisa a órdenes giradas en contra de constancias procesales.
La Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, A. C., actualizó el mérito del Juez Raúl Jiménez O’Farril. El Poder Judicial Federal, en el hoy, necesita como instrumento fundamental la independencia de criterio que garantice su imparcialidad en el cometido constitucional de impartir justicia.
Y es precisamente aquí –remarcó el abogado Woolrich- donde surgen los mayores conflictos: cuando el control de la justicia se pretende ejercer o bien, por órdenes de otro poder en lo general o en lo particular al tratar de imponer criterios inadecuados a servidores públicos de menor jerarquía, supuesto en el cual éste, en vez de facilitar los medios necesarios para proveer justicia, se ponen obstáculos pretendiendo manipularla, aspirando con ello, a obtener juicios sociales favorables que sean utilizables políticamente a fin de obtener votos.
Finalmente, la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, A. C., pidió a la sociedad juzgar la calidad de jueces de un pasado inmediato. “¿Habrá en la actualidad uno igual, como el irrepetible Jiménez O’Farril?”, puntualizó.

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