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SALUD EN PERSPECTIVADRA. LUZ EUGENIA ALCÁNTARA QUINTANA

hace 11 horas
6 min de lectura


@LUXALC

“El tratamiento del dolor: una parte esencial de los cuidados paliativos” En inglés: “Pain Management: An Essential Part of Palliative Care”.

El manejo del dolor: una responsabilidad interdisciplinaria y un compromiso con la dignidad humana

El dolor no es solamente una sensación física. Puede modificar el sueño, limitar la movilidad, afectar el estado de ánimo, alterar las relaciones familiares y transformar por completo la vida cotidiana de una persona. Cuando se presenta en el contexto de una enfermedad grave, su atención exige mucho más que una receta médica: requiere conocimiento científico, sensibilidad humana y un equipo de profesionales capaz de comprender al paciente en todas sus dimensiones.

Cada 10 de octubre, el Día Mundial de los Cuidados Paliativos nos invita a reflexionar sobre la importancia de aliviar el sufrimiento y garantizar una atención digna a las personas que viven con enfermedades que amenazan o limitan su vida. En México, esta conmemoración representa también una oportunidad para reconocer los retos que enfrentamos en materia de acceso a los servicios de salud, control del dolor y acompañamiento de pacientes y familias.

Los cuidados paliativos son una modalidad de atención integral que busca prevenir y aliviar el sufrimiento mediante la identificación temprana, la evaluación adecuada y el tratamiento del dolor y de otros problemas físicos, psicológicos, sociales y espirituales. No significan renunciar a la atención médica ni se limitan a los últimos días de vida. Pueden integrarse desde etapas tempranas de una enfermedad grave y acompañar otros tratamientos dirigidos a controlar o modificar su evolución.

Su propósito es claro: procurar la mejor calidad de vida posible para el paciente y sus seres queridos. México: el derecho a recibir atención para el dolor

En nuestro país, los cuidados paliativos cuentan con reconocimiento en la Ley General de Salud y con disposiciones técnicas específicas, entre ellas la Norma Oficial Mexicana NOM-011-SSA3-2014, relativa a la atención de personas en situación terminal mediante cuidados paliativos. Sin embargo, el reconocimiento normativo debe traducirse en servicios accesibles, profesionales capacitados, medicamentos disponibles y atención continua. Las posibilidades de recibir cuidados especializados pueden variar según la institución de salud, la región, la disponibilidad de personal y las condiciones económicas y sociales de cada familia.

El desafío consiste en construir un sistema en el que el control del dolor no dependa del lugar donde vive una persona ni de su capacidad para pagar una atención privada.

También es necesario superar la idea de que el dolor intenso es una consecuencia inevitable de las enfermedades graves. Aunque no siempre es posible eliminarlo por completo, existen alternativas terapéuticas que pueden reducirlo y mejorar significativamente la calidad de vida. Para ello, resulta indispensable evaluar cada caso de manera individual, identificar el origen y las características del dolor, considerar las enfermedades coexistentes y establecer un plan de tratamiento con seguimiento.

El manejo adecuado incluye medicamentos y, cuando están indicadas, intervenciones no farmacológicas. La selección de las estrategias depende de la condición clínica, los objetivos de atención y las preferencias de cada paciente.

El dolor necesita una mirada interdisciplinaria. Uno de los principios fundamentales de los cuidados paliativos es comprender que una persona no puede reducirse a un diagnóstico ni a una escala de dolor. Dos pacientes con una enfermedad semejante pueden experimentar el sufrimiento de formas distintas, debido a sus condiciones físicas, experiencias previas, entorno familiar, situación económica y recursos emocionales.

Por esta razón, el manejo integral del dolor requiere la participación coordinada de grupos interdisciplinarios. La colaboración entre distintas profesiones permite identificar necesidades que podrían pasar inadvertidas cuando la atención se concentra exclusivamente en el síntoma físico.

El médico evalúa las causas del dolor, establece diagnósticos, indica tratamientos y coordina las decisiones clínicas. El personal de enfermería participa en la valoración continua de los síntomas, la administración segura de los medicamentos, la vigilancia de sus efectos y la educación del paciente y de su familia.

Los profesionales de psicología contribuyen al abordaje de la ansiedad, el miedo, la depresión y el sufrimiento emocional que pueden acompañar al dolor persistente. Su intervención también favorece el desarrollo de estrategias de afrontamiento y ayuda a las familias a enfrentar la incertidumbre asociada con la enfermedad.

Trabajo social identifica barreras económicas, familiares y comunitarias, orienta sobre los recursos disponibles y facilita la continuidad de la atención. Nutrición puede intervenir cuando el estado nutricional, la pérdida de apetito o las dificultades para alimentarse afectan el bienestar y la tolerancia a los tratamientos. Fisioterapia y rehabilitación, de acuerdo con la condición de cada paciente, pueden contribuir a preservar la movilidad, reducir ciertas limitaciones funcionales y mejorar la comodidad.

Asimismo, los profesionales de farmacia clínica apoyan la revisión de los tratamientos, la identificación de interacciones, la prevención de efectos adversos y el uso seguro de los analgésicos. Cuando las necesidades del paciente lo requieren, pueden incorporarse especialistas en medicina del dolor, cuidados paliativos, rehabilitación, psiquiatría y otras áreas, además de acompañamiento espiritual respetuoso de las creencias y decisiones individuales.

La relevancia de este equipo no reside únicamente en reunir profesionales, sino en lograr que trabajen de manera coordinada, compartan información y establezcan objetivos comunes con el paciente y su familia.

El dolor debe evaluarse de forma periódica y no solamente cuando la persona lo expresa espontáneamente. Hay pacientes que callan por temor a ser una carga, por considerar que el sufrimiento es inevitable o porque creen que comunicarlo puede distraer al personal médico de tratar su enfermedad principal. Escuchar, preguntar, documentar y responder oportunamente son acciones clínicas indispensables.

El uso de analgésicos, incluidos los opioides cuando están indicados, debe formar parte de una estrategia individualizada, con prescripción responsable, vigilancia de efectos adversos y seguimiento profesional. Garantizar su disponibilidad para quienes los necesitan es tan importante como prevenir su uso inadecuado.

En este contexto, la investigación científica y la innovación terapéutica pueden ampliar las opciones de tratamiento. Sin embargo, ninguna tecnología sustituye la valoración clínica, la comunicación entre profesionales y la relación de confianza con el paciente.

La familia también forma parte del cuidado. En México, gran parte de la atención cotidiana de las personas con enfermedades graves recae en sus familiares. Madres, padres, hijas, hijos, parejas y otros cuidadores aprenden a administrar medicamentos, reconocer síntomas, acompañar consultas y reorganizar sus actividades para atender a quien lo necesita.

Este esfuerzo puede convertirse en una expresión profunda de amor, pero también generar agotamiento físico, emocional y económico. Por ello, los cuidados paliativos deben contemplar las necesidades de quienes cuidan, ofrecer orientación práctica, facilitar el acceso a los servicios y proporcionar apoyo psicológico cuando sea necesario.

La atención domiciliaria, cuando las condiciones clínicas y los recursos disponibles lo permiten, puede favorecer el bienestar del paciente y evitar traslados innecesarios. Para que sea segura, necesita comunicación con el equipo de salud, instrucciones claras y mecanismos para responder ante el agravamiento de los síntomas.

Acompañar no significa que la familia deba resolverlo todo por sí misma. La responsabilidad del cuidado debe compartirse entre los profesionales, las instituciones sanitarias, las redes comunitarias y los seres queridos.

Humanizar la medicina también es aliviar

El Día Mundial de los Cuidados Paliativos debe convertirse en una oportunidad para impulsar acciones concretas: fortalecer la formación interdisciplinaria, incorporar el control del dolor en la atención integral, mejorar el acceso a medicamentos esenciales, ampliar los servicios domiciliarios y promover la coordinación entre los distintos niveles de atención.

Las universidades y las instituciones de salud tienen un papel fundamental en la formación de profesionales capaces de combinar el rigor científico con la comunicación empática. Las autoridades sanitarias deben favorecer servicios accesibles y continuos, mientras que la sociedad necesita reconocer que solicitar alivio del dolor no es una exigencia excesiva, sino una necesidad legítima de atención.

En la práctica clínica, el éxito no siempre se mide por la desaparición de una enfermedad. También se expresa en la posibilidad de descansar sin dolor intenso, recuperar cierta autonomía, compartir tiempo con los seres queridos o enfrentar una enfermedad con menor angustia y mayor acompañamiento.

Los cuidados paliativos nos recuerdan que la medicina debe atender tanto la enfermedad como a la persona que la vive. El conocimiento científico permite identificar alternativas terapéuticas; el trabajo interdisciplinario hace posible integrar esas alternativas en un plan de atención; y la sensibilidad humana permite reconocer las necesidades, los valores y las preferencias de cada paciente. Este 10 de octubre, el llamado es a fortalecer una cultura sanitaria en la que ningún dolor sea minimizado, ninguna familia quede desorientada y ninguna persona sea abandonada por el hecho de vivir con una enfermedad avanzada.

Aliviar el dolor es una tarea clínica. Acompañar el sufrimiento es una responsabilidad compartida. Garantizar cuidados paliativos oportunos, integrales y de calidad es un compromiso con la dignidad humana.

 
 
 

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