SALUD EN PERSPECTIVA

DRA. LUZ EUGENIA ALCÁNTARA QUINTANA. ………………
@luxalc
Menopausia: romper el silencio también es cuidar la salud. Hay etapas de la vida de las mujeres de las que todavía hablamos poco. La menopausia es una de ellas. Aunque forma parte de un proceso biológico natural, durante mucho tiempo se ha rodeado de silencios, prejuicios y desinformación que pueden impedir que miles de mujeres reconozcan sus síntomas, busquen atención médica o comprendan los cambios que experimentan en su cuerpo.
El pasado 18 de octubre se conmemoró el Día Mundial de la Menopausia y, en 2026, México se sumó por primera vez a esta fecha con el Día Nacional de la Salud en la Menopausia. Más allá de una efeméride, esta conmemoración representa una oportunidad para colocar en la conversación pública una realidad que merece atención, conocimiento y políticas de salud.
La menopausia no es una enfermedad. Es una etapa natural de la vida que generalmente ocurre entre los 45 y los 55 años, cuando cesa la menstruación durante 12 meses consecutivos y no existe otra causa que lo explique. Sin embargo, que sea natural no significa que deba vivirse sin acompañamiento médico ni que sus efectos deban minimizarse.
Los cambios hormonales pueden manifestarse de distintas maneras: bochornos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo, dificultades para concentrarse, molestias articulares o síntomas genitourinarios, entre otros. Cada mujer tiene una experiencia distinta; algunas presentan síntomas leves y otras enfrentan manifestaciones que afectan de manera importante su calidad de vida, sus relaciones personales y su desempeño laboral.
A esto se suma un problema cultural: todavía escuchamos expresiones que reducen esta etapa a una pérdida de juventud, atractivo o capacidad. Como si el valor de una mujer dependiera de su edad reproductiva. Estos prejuicios no solo son injustos; también pueden hacer que muchas mujeres oculten lo que sienten por temor a ser juzgadas, consideradas menos capaces o señaladas como emocionalmente inestables.
La menopausia no disminuye el valor de una mujer. Lo que debe cambiar es la manera en que la sociedad la acompaña.
Desde la perspectiva de la salud pública, es fundamental comprender que el climaterio —la transición que rodea la menopausia— requiere una atención integral. No se trata únicamente de aliviar los bochornos. También es importante evaluar la salud ósea, el riesgo cardiovascular, el bienestar emocional, la calidad del sueño y la salud sexual y genitourinaria.
La disminución de los estrógenos puede contribuir a cambios en la densidad mineral ósea y en determinados factores de riesgo cardiovascular. Por ello, la prevención, la actividad física regular, una alimentación adecuada, el descanso y la valoración médica individualizada son herramientas fundamentales para cuidar la salud a mediano y largo plazo.
Existen alternativas terapéuticas que pueden ayudar a controlar los síntomas, incluida la terapia hormonal para mujeres seleccionadas en quienes los beneficios superan los riesgos. No es un tratamiento indicado para todas, ni debe descartarse de manera automática. Su utilización requiere una valoración médica que considere los antecedentes, los síntomas, las preferencias y los riesgos individuales. También existen opciones no hormonales y medidas de apoyo que pueden ser útiles según las necesidades de cada mujer.
La información confiable es indispensable para tomar decisiones. Ni la automedicación ni los remedios promovidos sin evidencia científica deben sustituir la consulta con profesionales de la salud capacitados para orientar cada caso.
Pero hay otra dimensión que no debemos ignorar: la desigualdad en el acceso a la atención. No todas las mujeres cuentan con servicios médicos oportunos, especialistas, tiempo para acudir a consulta o recursos económicos para atender sus necesidades. En comunidades rurales y en contextos de vulnerabilidad, la falta de información y de servicios accesibles puede profundizar estas brechas.
Por eso, hablar de menopausia también significa hablar de educación para la salud, capacitación del personal sanitario, atención primaria, prevención y políticas públicas con perspectiva de género. Significa reconocer que el bienestar de las mujeres no termina cuando concluye su etapa reproductiva.
También necesitamos conversaciones más abiertas en los hogares, los centros de trabajo y las instituciones de salud. Escuchar sin ridiculizar, informar sin alarmar y acompañar sin imponer son acciones sencillas que pueden transformar la experiencia de muchas mujeres. La familia y la sociedad deben comprender que los síntomas no son una exageración y que pedir ayuda no es una señal de debilidad.
Como científica, considero que la evidencia debe servir para mejorar la vida de las personas. Y como mujer, reconozco la importancia de construir espacios donde podamos hablar de nuestro cuerpo sin culpa, sin vergüenza y sin tener que justificar lo que sentimos. La menopausia no representa el final de una etapa de plenitud. Puede ser el comienzo de otra forma de habitar el cuerpo, de reconocer nuestras necesidades y de priorizar nuestra salud. Para lograrlo, necesitamos información científica accesible, atención digna y una sociedad que deje de tratar este proceso como un asunto privado del que no se debe hablar.
Este 18 de octubre nos recuerda que romper el silencio también es una forma de prevención. Porque ninguna mujer debería atravesar esta etapa sintiendo que debe resolverla sola, soportar sus síntomas en silencio o aceptar que su bienestar importa menos con el paso de los años. Hablar de menopausia es hablar de salud, dignidad y derechos.
Y cuidar la salud de las mujeres durante toda su vida también es una responsabilidad colectiva. #salud reproductiva, #menopausia

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