SALUD EN PERSPECTIVA

DRA. LUZ EUGENIA ALCÁNTARA QUINTANA
@luxalc
SER MÉDICO: CUIDAR LA VIDA SIN OLVIDAR LA HUMANIDAD. Cada 23 de octubre, en México, celebramos el Día de la Médica y el Médico. Es una fecha para reconocer a quienes han hecho del conocimiento científico, la vocación de servicio y el cuidado de la salud una parte fundamental de su vida.
Sin embargo, también es una oportunidad para mirar más allá de la bata blanca y recordar que detrás de cada profesional de la medicina existe una persona que siente, se cansa, enfrenta incertidumbres y, muchas veces, guarda en silencio el peso de las historias que acompaña.
Ser médico es mucho más que diagnosticar una enfermedad, interpretar estudios o indicar un tratamiento. Es recibir a una persona en uno de los momentos más vulnerables de su vida y comprender que, detrás de cada expediente clínico, existe una historia, una familia, un temor y una esperanza.
La medicina ha avanzado de manera extraordinaria. Hoy contamos con herramientas diagnósticas más precisas, tratamientos innovadores, nuevas tecnologías y una comprensión cada vez mayor de los mecanismos que originan muchas enfermedades. La investigación científica abre posibilidades que hace algunas décadas parecían impensables.
Pero ningún avance, por sofisticado que sea, puede sustituir la capacidad de escuchar, explicar con claridad, reconocer el sufrimiento y tratar a cada paciente con dignidad.
La ciencia salva vidas; la humanidad transforma la manera de cuidarlas.
En México, ejercer la medicina también implica enfrentar desafíos importantes: jornadas prolongadas, servicios de salud con recursos insuficientes, sobrecarga de trabajo, desgaste emocional y, en ocasiones, agresiones o desconfianza por parte de quienes buscan atención.
A ello se suman las presiones administrativas, las exigencias institucionales y la responsabilidad de tomar decisiones que pueden cambiar el curso de una vida.
Reconocer estos desafíos no significa justificar errores ni renunciar a la exigencia de una atención de calidad. Significa comprender que la seguridad de los pacientes también depende de las condiciones en las que trabajan los profesionales de la salud. Necesitamos instituciones que promuevan la capacitación continua, la ética, la supervisión responsable y el bienestar de sus equipos. Cuidar a quienes cuidan es también una forma de proteger a los pacientes.
La relación entre médico y paciente debe construirse sobre la confianza, el respeto y la comunicación. La persona enferma tiene derecho a recibir información comprensible, participar en las decisiones sobre su tratamiento y ser atendida sin discriminación.
A su vez, el personal médico merece condiciones dignas para ejercer su profesión, respeto por su integridad y reconocimiento por el trabajo que realiza.
En este vínculo, la empatía no es un adorno ni una cualidad secundaria. Es una herramienta esencial del cuidado. Escuchar sin apresurarse, explicar sin humillar, reconocer el dolor sin minimizarlo y acompañar cuando ya no es posible curar son acciones que también forman parte de la buena medicina.
Porque la medicina no siempre puede ofrecer una cura, pero siempre debe procurar el cuidado. En los cuidados paliativos, por ejemplo, el alivio del sufrimiento, el acompañamiento de las familias y la preservación de la dignidad adquieren un significado profundo.
Aceptar los límites de la ciencia no es fracasar: es reconocer que la persona está por encima de la enfermedad y que su bienestar merece atención hasta el final de la vida.
También es necesario reconocer a quienes se encuentran en formación: estudiantes, médicas y médicos residentes que construyen su identidad profesional en entornos de gran exigencia. Formar buenos médicos requiere conocimiento, disciplina y rigor, pero también respeto, acompañamiento y referentes que enseñen con el ejemplo.
No podemos aspirar a una medicina humanizada si normalizamos el maltrato durante la formación de quienes deberán ejercerla.
Desde la investigación científica y la innovación en salud, tenemos además una responsabilidad compartida: generar conocimiento que se traduzca en mejores diagnósticos, tratamientos más seguros y oportunidades de atención más equitativas.
La ciencia tiene verdadero sentido cuando sus beneficios llegan a las personas, especialmente a quienes enfrentan mayores barreras para acceder a los servicios de salud.
Este 23 de octubre, felicitemos a las médicas y los médicos que, desde un consultorio, una sala de urgencias, un quirófano, una comunidad rural, un laboratorio o un centro de investigación, contribuyen a proteger la vida. Reconozcamos a quienes estudian continuamente, a quienes enseñan, a quienes investigan y a quienes permanecen al lado de sus pacientes aun cuando las respuestas son difíciles.
Pero hagamos de esta fecha algo más que una felicitación. Convirtámosla en una invitación a fortalecer nuestros sistemas de salud, dignificar el trabajo médico, impulsar la investigación, combatir la violencia en los espacios sanitarios y recuperar el sentido profundamente humano de esta profesión.
La medicina necesita conocimiento, tecnología y recursos. También necesita tiempo para escuchar, sensibilidad para comprender y valentía para reconocer que cada paciente merece mucho más que una enfermedad bien diagnosticada.
Porque ser médico no significa solamente luchar contra la muerte o combatir una enfermedad. Significa acompañar la vida, aliviar el sufrimiento y recordar, incluso en los días más difíciles, que nunca atendemos únicamente cuerpos enfermos: cuidamos personas.
Feliz Día de la Médica y del Médico.

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