SALUD EN PERSPECTIVA

DRA. LUZ EUGENIA ALCÁNTARA QUINTANA
Cuidados paliativos en México: una deuda pendiente con la dignidad humana Hablar de cuidados paliativos es hablar de vida. Aunque frecuentemente se asocian con la muerte, en realidad representan una de las expresiones más humanas de la medicina: aliviar el sufrimiento, acompañar a las personas y preservar su dignidad cuando enfrentan enfermedades graves o potencialmente mortales.
La Organización Mundial de la Salud define los cuidados paliativos como un enfoque destinado a mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias mediante la prevención y el alivio del sufrimiento físico, emocional, social y espiritual. No se trata de acelerar ni retrasar la muerte; se trata de acompañar.
En México, millones de personas viven con enfermedades crónicas avanzadas como cáncer, insuficiencia renal, enfermedades neurodegenerativas, padecimientos cardiovasculares o secuelas de enfermedades incapacitantes. Muchas de ellas experimentan dolor, ansiedad, depresión y una disminución progresiva de su autonomía. Sin embargo, el acceso a servicios especializados de cuidados paliativos sigue siendo insuficiente y desigual.
A pesar de los avances legislativos y normativos de los últimos años, la realidad es que la disponibilidad de equipos multidisciplinarios, clínicas especializadas y medicamentos para el control del dolor continúa siendo limitada en muchas regiones del país. La situación es aún más compleja en comunidades rurales y zonas con alta marginación, donde la atención médica especializada es escasa.
Existe además un desafío cultural. Con frecuencia evitamos hablar sobre la muerte, el deterioro o las decisiones al final de la vida. Como sociedad hemos aprendido a luchar contra la enfermedad, pero pocas veces aprendemos a acompañar el sufrimiento. Esta dificultad para conversar sobre temas sensibles provoca que muchas familias enfrenten momentos críticos sin información suficiente ni orientación profesional.
Los cuidados paliativos no son una alternativa al tratamiento médico; son parte integral de una atención centrada en la persona. Diversos estudios han demostrado que una atención paliativa temprana mejora el control de síntomas, reduce hospitalizaciones innecesarias, favorece una mejor calidad de vida e incluso puede prolongar la supervivencia en algunos pacientes. Pero más allá de los indicadores clínicos, existe una dimensión profundamente humana. Cuando un paciente puede controlar su dolor, despedirse de sus seres queridos, expresar sus deseos y mantener el mayor grado posible de autonomía, estamos hablando de algo más que medicina. Estamos hablando de dignidad.
México enfrenta importantes retos en materia de salud pública: envejecimiento poblacional, incremento de enfermedades crónicas y presión sobre los sistemas sanitarios. Frente a este panorama, fortalecer los cuidados paliativos no debe considerarse un lujo ni un servicio complementario, sino una necesidad fundamental. La verdadera calidad de un sistema de salud no se mide únicamente por su capacidad para curar enfermedades, sino también por su capacidad para aliviar el sufrimiento cuando la curación ya no es posible. Garantizar el acceso universal a cuidados paliativos es, en esencia, reconocer que toda persona merece vivir y ser acompañada con dignidad hasta el último momento de su vida.
Porque cuidar también es curar, aunque no siempre signifique sanar.

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