RÉMORAS Y MERCENARIOS

ANGEL BEJARANO O. ……………………………
Dos partidos dentro del engranaje político de México se pelean adueñarse de adjetivos que los visten a la medida: rémoras y mercenarios…
Se trata del Partido del Trabajo y del Verde Ecologista (¿?) de México. Ambos vividores del presupuesto federal que reciben como resultado de su aparición en procesos electorales.
El PT, con Alberto Anaya como su presidente perpetuo, ha vivido, desde 1990, año de su fundación, sobreviviendo como una rémora del partido en el poder o con el PRD, con Movimiento Ciudadano y con el Verde Ecologista.
La historia nos remite al sexenio de Carlos Salinas de Gortari, pues mucho se especuló en su momento que fue su hermano Raúl quien copto al originario de Aguascalientes (Anaya) para dar forma al Partido del Trabajo, respaldado por el Frente Popular Tierra y Libertad, de Monterrey, por los comités de Defensa Popular de Chihuahua y Durango y el Frente Popular de Lucha de Zacatecas.
Desde esa fecha el PT ha sobrevivido por el apoyo brindado de los partidos antes referidos, pese a que en el 2015 a punto estuvo de perder su registro al no alcanzar el 3% de la votación mínima. El INE emitió la declaratoria oficial de pérdida de registro; sin embargo, mediante argucias y regaloides continuó con su registro.
Si el PT renunciara a las alianzas y coaliciones con Morena, es seguro que ya habría perdido su registro. Actualmente cuenta con 6 senadores, 49 diputados federales y aproximadamente 85 diputados locales en los 32 congresos estatales de México.
Pero el negocio del PT no es solamente el sobrevivir (y vivir bien) vendiendo su apoyo a Morena, en Nuevo León tiene una entrada más de recursos financieros. La esposa de Anaya, María Guadalupe Rodríguez Martínez, actual diputada local del Congreso de Nuevo León, preside 17 CENDIS que reciben 2 millones de pesos anuales cada uno para atender a infantes.
Cuestión de recordar que en 2017 la prensa dio a conocer un presunto desvío de 100 millones de pesos por parte de María Guadalupe, investigación que extrañamente no tuvo efecto.
Para la elección del próximo año solo esperan que Morena le dé el visto bueno para que sus candidatos puedan participar y en conjunto alcancen el 3% de la votación mínima. La aceptación de este partido entre la población no da para más.
MERCENARIOS DE LA POLÍTICA. La vergüenza política vestida de partido-empresa es el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).
En 1980 el empresario Jorge Gonzáles Torres emprendió un proyecto político llamado Partido Verde Mexicano, antecedente del Partido Verde Ecologista de México, que obtiene su registro en 1991. Ese mismo año lo pierde y en 1993 lo recupera.
El PVEM se ha caracterizado por vender su sobrevivencia realizando alianzas con diversos partidos. En el 2000 impulsó la candidatura de Vicente Fox; de 2003 a 2018 dio su apoyo al PRI en diversos procesos electorales, en tanto que del 2019 tuvo alianzas con el PT y Morena.
Con el PRD se alió en elecciones locales (EDOMEX y Cd. de México).
Con el “niño verde”, actualmente sin cargo oficial alguno dentro del PVEM, pero manejando las candidaturas que contenderán en futuras elecciones, ha logrado lo que nunca proyectó en su momento, esto es, tener 62 diputados federales, 117 locales, aproximadamente, y 14 senadores.
La actual presidente del Verde Ecologista es Karen Castrejón, quien acata al pie de la letra las instrucciones de Jorge Emilio González Martínez, quien radica en Cancún, Quintana Roo.
Al PVEM poco le ha aportado a la vida política de México. Al contrario, su presencia le ha permitido recibir millonarias prerrogativas. Contrario a su esencia ecologista, este partido está lejos de hacer valer su postulado. Cuestión de recordar que en ningún momento se opuso al proyecto para construir el tren maya, que, de acuerdo a ambientalistas, el gobierno de AMLO dio instrucciones de que se talaran aproximadamente 10 millones de árboles, además de que su construcción está contaminando los cenotes.

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