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Paquete Económico 2027: apuesta en ingresos con deuda en aumento

hace 5 horas
6 min de lectura


LOBO NEGRO. …………………………..

El Paquete Económico 2027 descansa en una sola apuesta: recaudar como nunca antes en el siglo. El desafío arranca cuesta arriba porque este año la recaudación se estancó justo cuando la economía repuntaba.

Pero aun si se ganara, no alcanzaría: por primera vez en una década se entrega un presupuesto que no ancla la deuda pública. No sólo no la estabiliza ni la reduce: la proyecta al alza hasta el cierre del sexenio.

La apuesta: la mayor recaudación tributaria de la que se tenga registro. Hacienda proyecta ingresos tributarios por 6.3 billones de pesos para 2027.

Eso equivale a 15.9% del producto interno bruto (PIB): el nivel más alto jamás alcanzado. Con ello, los ingresos exclusivos de la Federación llegarían a 17.7% del PIB: también un máximo histórico y sin contar lo que aporten Petróleos Mexicanos (Pemex), la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Con una renta petrolera que se desploma a 2.5% del PIB, parece que no queda otro remedio. Se trata sin duda de una apuesta exigente: los impuestos tendrían que crecer 5.9% real respecto al cierre esperado de 2026, sin que se proponga un sólo impuesto nuevo ni un aumento de tasas. Se espera lograr únicamente con cambios fiscales y crecimiento económico.

En el papel, la aritmética cierra: basta con que la economía crezca y con que las nuevas reglas rindan. Sin embargo, ahí están los dos riesgos del Paquete.

Primer riesgo: el crecimiento no da para tanto. De acuerdo con estimaciones de la propia Secretaría de Hacienda, la recaudación tributaria aumenta casi en la misma proporción por cada punto porcentual de crecimiento real de la economía. Dicho de otro modo: si el PIB crece 2% en 2027, la recaudación crece 2%; sin modificar  la carga tributaria.

Por eso, del crecimiento real que el Paquete espera en la recaudación (5.9%), la actividad económica sólo explica cerca de 2%. Los 3.9 puntos porcentuales restantes dependen enteramente de cambios fiscales.

Segundo riesgo: las nuevas reglas son un tira y afloja. La mayor parte del aumento de la recaudación depende de que los cambios fiscales rindan lo esperado, así que vale la pena ver de qué van.

Con una mano, el Paquete aprieta: establece un mecanismo de control de deducciones para empresas con ingresos superiores a 50 millones de pesos. Al hacerlo, establece un piso para la base gravable que es proporcional a los ingresos, pero no a la utilidad.

En otras palabras, las empresas medianas y grandes ya no podrán usar deducciones para reducir al mínimo el pago de impuestos. Esto puede provocar que, si una empresa tiene un margen de ganancia reducido sobre ingresos superiores al piso de 50 millones, podría pagar más en impuestos que lo que realmente ganó. El diseño de esta medida puede desincentivar la inversión y el crecimiento económico.

Con la otra mano, el Paquete afloja. El umbral del Régimen Simplificado de Confianza (Resico) sube de 3.5 a 5 millones de pesos para personas físicas y de 35 a 50 millones para personas morales.

Además, el régimen se vuelve opcional para estas últimas y se abre la posibilidad de pagar el (Impuesto al Valor Agregado) IVA aplicando 7% sobre las ventas cobradas, en lugar de la mecánica ordinaria.

Es decir: a buena parte de las empresas a las que el tope de deducciones les apretaría, el mismo Paquete les ofrece la salida hacia un régimen donde ese tope no existe.

El problema es que esto puede generar incentivos perversos hacia el enanismo empresarial y la informalidad laboral, además de un ambiente menos propicio para invertir justo cuando se necesita que la inversión crezca.

Los datos más recientes señalan que estos riesgos ya son manifiestos. Entre enero y junio de 2026, la actividad económica acumuló un crecimiento de 1.2%, más del doble del 0.5% con que cerró 2025. En cambio, la recaudación no siguió el paso: los ingresos tributarios avanzaron apenas 0.4% real. El impuesto sobre la renta (ISR), el más importante del país, cayó 6.2% real, arrastrado por el que pagan las empresas, que se desplomó 11.3%.

Con esto, los dos supuestos del Paquete se caen al mismo tiempo. La liga entre crecimiento y recaudación se rompió justo el año previo al que debe rendir la cifra histórica, y el impuesto al que van dirigidas las nuevas reglas es precisamente el que más está cayendo. Para que las medidas aporten recaudación adicional, primero tendrían que revertir una tendencia en curso.

Aún suponiendo que la apuesta salga bien, el Paquete no alcanza para poner las finanzas públicas en orden.

El déficit es 57% mayor al que se necesita para consolidar. El Paquete Económico 2027 no contribuye a la consolidación fiscal. Plantea un déficit amplio —medido por los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP)— de 1,556 mil millones de pesos (mmdp), equivalente a 3.9% del PIB. En contraste, el déficit que hubiera sido compatible con anclar la deuda en una trayectoria descendente era de 2.5% del PIB.

Esto permitiría llevarla, al cierre de 2030, al nivel en que la dejó la administración pasada (51.9% del PIB). El déficit propuesto es 57% mayor que el que se requeriría. Esa diferencia incrementa el riesgo de reducción en la nota soberana de México.

La deuda se queda sin ancla: 160 mil pesos por habitante para 2027. El paquete entregado incumple el artículo 17 de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (LFPRH).

Éste exige que los ingresos y el gasto propuestos contribuyan a mantener estable o decreciente el saldo de la deuda pública como proporción del PIB. Lo que se propone hace exactamente lo contrario: un nivel de ingresos y gastos que empuja la deuda al alza de forma sostenida.

Para 2027 se proyecta que la deuda alcance 21.7 billones de pesos, 55% del PIB. Es el nivel más alto desde 1990 y superior al 54% esperado para el cierre de este año. Repartida entre la población, equivale a 160 mil pesos por habitante, 11 mil pesos más que al cierre de 2025. Con las cifras del propio paquete y sus proyecciones macroeconómicas, la deuda no dejaría de crecer y cerraría el sexenio en 56.4% del PIB.

El balance primario: la promesa más alta en ocho años… otra vez. Es la misma promesa que ya se incumplió: el superávit primario —ingresos menos gasto, sin contar el pago de intereses de la deuda— se propone en 0.6% del PIB para 2027. Este balance, la medida más directa del aporte del Gobierno a la consolidación, será el más alto en ocho años.

El problema es que el de 2026 también lo era. Para este año se aprobó un superávit de 0.5% del PIB y hoy se proyecta cerrar en 0.1%: cuatro quintas partes del esfuerzo se evaporaron en el camino.

Un presupuesto más comprometido con el pasado que con el futuro. ¿El Paquete Económico hace un esfuerzo por cerrar la brecha entre el gasto del pasado y el del desarrollo? Sí, pero mínimo: la brecha se estrecha sin dejar de estar en máximos históricos.

De cada 100 pesos de gasto, 39 se destinarán a pagar pensiones y costo financiero —que son compromisos heredados—, mientras que solo 35 pesos financiarán el desarrollo humano y el crecimiento económico. La brecha se cierra ligeramente respecto al año anterior al pasar de 1.7 puntos del PIB a 0.9, pero permanece en uno de sus niveles más amplios: el presupuesto sigue pagando más el pasado antes que construir el futuro. Con la deuda al alza, esa brecha no se cerrará por sí sola.

El menor margen para pagar los intereses de la deuda desde 1990. Los ingresos fiscales disponibles son lo que le queda al Gobierno después de pagar lo que no puede dejar de pagar: sueldos, pensiones, deudas de años anteriores y los recursos que por ley corresponden a estados y municipios. Para 2027 esa bolsa sería de 2.3 billones de pesos, y el pago de intereses de la deuda se llevaría 1.6 billones: 69 de cada 100 pesos. Nunca, desde 1990, los intereses habían absorbido una proporción tan alta del dinero verdaderamente disponible.

La regla de oro llega a sólo 66 centavos de cada peso de deuda. La regla de oro de las finanzas públicas es simple: el Gobierno debería endeudarse únicamente para financiar inversión, es decir, activos que generen crecimiento y capacidad de pago futuro, no para cubrir gasto corriente. Para 2027 se espera una inversión física de 1,026.5 mmdp, un crecimiento real de 3.5% frente al monto aprobado para 2026. Suena bien, hasta que se contrasta con el tamaño del déficit: de cada peso que el Gobierno pedirá prestado, apenas 66 centavos se convertirán en inversión.

Pemex no logró la autosuficiencia presupuestaria para 2027 y continuará presionando el presupuesto. Se espera que los ingresos petroleros representen 2.5% del PIB —el nivel más bajo desde 2020—. De ellos, el Gobierno federal se quedará con el 20%, equivalente a 211 mmdp.

Sin embargo, como Pemex sigue sin ser autosuficiente, el Gobierno deberá transferirle 84 mmdp. La renta neta, que es lo que queda para financiar el gasto, se reduce a 127 mmdp. Es mejor que los dos años anteriores, pero aún por debajo de los niveles previos a 2019, año en que comenzaron los apoyos.

 
 
 

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