MORENA vuelve a tropezar con el nepotismo: designan a Alejandro V.dirigente su familia ocupa cargos P.
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SAYDA MORALES BUSTAMANTE
Morena en Oaxaca vuelve a colocarse en el centro de la polémica por actos de nepotismo, ahora tras el nombramiento de Alejandro Velasco Armas como dirigente partidista, en un contexto donde integrantes directos de su familia ocupan posiciones clave dentro del servicio público.
La designación no llega en un vacío político. Su hermana, Alba Velasco Armas, fue nombrada recientemente titular del Instituto de la Juventud del Estado de Oaxaca (Injeo), un organismo estratégico en la agenda social del gobierno estatal.
A su vez, su madre, Elizabeth Armas, se desempeña como tesorera del ayuntamiento de San Juan Bautista Cuicatlán, cargo que implica responsabilidad directa en el manejo de recursos públicos.
La concentración de posiciones públicas en una misma familia ha reavivado críticas internas y externas hacia el partido que llegó al poder con la bandera de erradicar los privilegios, el tráfico de influencias y las prácticas del viejo régimen.
En los últimos procesos electorales, Morena ha enfrentado un desgaste visible en distintas regiones del país.
Analistas coinciden en que uno de los factores ha sido la contradicción entre el discurso anticorrupción y las prácticas locales que reproducen dinámicas familiares y redes de poder.
El llamado “efecto AMLO”, que durante años funcionó como capital político suficiente para blindar decisiones internas y movilizar votos, ya no opera con la misma fuerza.
La realidad de gobiernos estatales y municipales morenistas ha matizado la narrativa de transformación, particularmente cuando surgen señalamientos de nepotismo o manejo discrecional de posiciones públicas.
Oaxaca, donde el discurso oficial insiste en la ética y la renovación moral, este nuevo nombramiento reabre una pregunta incómoda: ¿cómo puede el partido sostener una narrativa de combate al nepotismo mientras familias completas ocupan cargos simultáneamente dentro del aparato político y gubernamental?
No se trata de prohibir la participación política de parientes. Se trata de coherencia. Cuando el liderazgo partidista coincide con familiares en posiciones de gobierno y manejo de recursos públicos, la percepción de conflicto de interés se instala inevitablemente.
Morena construyó su identidad diferenciándose de las dinastías políticas y de los clanes enquistados en el presupuesto. Sin embargo, episodios como este alimentan la percepción de que esas prácticas no desaparecieron, solo cambiaron de colores.
En un escenario nacional donde el respaldo electoral ya no descansa exclusivamente en la figura presidencial y donde el electorado evalúa resultados concretos, repetir esquemas de concentración familiar puede convertirse en un costo político mayor.
Si Morena no corrige estas señales, el desgaste no será producto de la oposición, sino de sus propias decisiones internas

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