MENSAJE POR EL DÍA DEL PADRE Emmo. Card. Carlos Aguiar Retes Arzobispo de la Arquidiócesis PM

El Día del Padre es una ocasión para dar gracias a Dios por esos hombres que, con sus virtudes y también con sus limitaciones, han dejado una huella profunda en nuestra vida.
Muchos de nosotros aprendimos de nuestro padre a dar los primeros pasos, a levantarnos después de una caída, a trabajar con honestidad, a no rendirnos ante las dificultades y a descubrir el valor de la familia.
Ser padre no consiste solamente en dar la vida. Significa acompañar, escuchar, corregir con amor, cuidar, sacrificarse en silencio y estar presente aun cuando existen el cansancio y las preocupaciones.
Gracias a todos los hombres que cada día entregan lo mejor de sí mismos para sus hijos. Al mirar la figura de san José encontramos un gran ejemplo. Los Evangelios no conservan ninguna palabra suya, pero sí nos muestran la fuerza de su amor para custodiar a la Sagrada Familia.
San José supo escuchar la voz de Dios, cuidar de María y de Jesús, y enfrentar las dificultades confiando en la misión que le había sido encomendada. Dirijo también un mensaje de gratitud a tantos hombres que, por distintas razones, han tenido que asumir solos la tarea de sacar adelante a sus hijos.
A ustedes, que han enfrentado preocupaciones y sacrificios sin renunciar a su responsabilidad, les agradezco profundamente su testimonio de perseverancia.
Finalmente, envío un abrazo en la oración a quienes recuerdan con cariño a su papá porque ya ha partido a la Casa del Padre. Hay ausencias que nunca dejan de doler, pero también hay amores que nunca dejan de acompañarnos. Quizá hoy muchos vuelvan a escuchar en su corazón un consejo o una palabra de aliento que recibieron de él.
Demos gracias por esos padres que nos ayudaron a crecer y pongámoslos en las manos misericordiosas de Dios. A quienes todavía tienen la dicha de contar con su padre, aprovechen cada día para decirle cuánto lo quieren, agradecerle y abrazarlo.
A veces damos por hecho su presencia y olvidamos que el tiempo compartido es uno de los regalos más valiosos que Dios nos concede. Que la Virgen de Guadalupe, Madre amorosa de todos nosotros, cuide a los padres, fortalezca a quienes atraviesan momentos difíciles y consuele a quienes sienten la nostalgia de un padre que ya no está físicamente a su lado.
Reciban mi bendición. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Emmo. Card. Carlos Aguiar Retes Arzobispo de la Arquidiócesis Primada de México

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