Medio siglo de pensamiento penal: El INACIPE entre la historia y el futuro

FRED L. ALVAREZ PALAFOX. …………………………………..
El Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE), alcanzó su quincuagésimo aniversario. La celebración, vivida entre los muros de la sede de la Academia Nacional de Ciencias Penales, no fue solo un acto protocolario; para mí, fue un viaje en el tiempo.
Al ver al Dr. Jorge Nader Kuri al frente de la institución, inevitablemente volví la mirada a aquel periodo entre 2009 y 2012, cuando compartimos las trincheras en la Secretaría Técnica del Consejo de Coordinación para la Implementación de la Reforma del Sistema de Justicia Penal (Setec).
Recordar aquellos años es reencontrarse con una vocación compartida. Fue una etapa formativa de calado profundo, forjada bajo el liderazgo de mis queridos amigos, el Dr. Moisés Moreno Hernández y Felipe Borrego Estrada.
Formar parte de ese equipo no fue solo un trabajo administrativo, sino un compromiso con la construcción de un nuevo paradigma de justicia en México. Ver hoy a Jorge Nader liderando el INACIPE, manteniendo vivo ese mismo espíritu, me da la certeza de que aquella semilla que sembramos en años de incertidumbre, sigue dando frutos en terreno fértil.
El INACIPE ante la adversidad: Una lucha por la memoria. Existen instituciones que, más allá de sus leyes orgánicas o decretos fundacionales, se convierten en la conciencia crítica de una nación. El INACIPE es, sin duda, una de ellas.
Sin embargo, su historia reciente ha sido un campo de batalla donde se linró una disputa fundamental: decidir si el Estado debe caminar acompañado por la luz de la ciencia o si prefiere, por comodidad o ceguera, hacerlo a ciegas.
Preciso… En marzo de 2021, el Instituto se asomó al abismo. Durante la discusión legislativa de la nueva Ley de la Fiscalía General de la República (FGR), una propuesta de último minuto amenazaba con desmantelar cuatro décadas de prestigio académico.
La intención, apenas velada, era reducir sus funciones al mínimo y forzar su virtual desaparición como centro de pensamiento independiente.
La supervivencia del Instituto no fue obra del azar ni de la inercia; fue fruto de la tenacidad. Fue una victoria —aunque parcial, contundente— que se gestó gracias a la intervención oportuna de voces como las del senador Heriberto Galindo, Ricardo Monreal y Miguel Ángel Mancera, junto al respaldo académico inquebrantable del Dr. Moisés Moreno Hernández. Juntos, lograron que la sensatez detuviera la prisa legislativa, asegurando que el INACIPE conservara su autonomía técnica y su vínculo esencial con la defensa de los derechos humanos.
Una retrospectiva necesaria. Para comprender la magnitud de lo que estaba en juego, debemos mirar hacia atrás. Creado en 1976 por decreto de Luis Echeverría Álvarez y bajo el impulso visionario de Sergio García Ramírez, el INACIPE nació con una brújula clara: ser el faro de la justicia penal en México.
Su trayectoria, sin embargo, ha estado marcada por claroscuros. Tras un primer periodo de excelencia, en 1993, la decisión de Jorge Carpizo disolvió la estructura original para convertirlo en un centro de capacitación. No fue sino hasta 1996, bajo la gestión de Antonio Lozano Gracia y la solvencia académica de Moisés Moreno, que el instituto resurgió, expandiendo su oferta y consolidándose como un referente internacional ineludible.
La incomodidad necesaria. Aunque en 2021 no se logró recuperar el estatus de Centro Público de Investigación Conacyt —que el Instituto ostentaba desde 2012—, el artículo 17 de la nueva ley finalmente le otorgó personalidad jurídica y patrimonio propio. No fue el escenario ideal, pero es una trinchera desde la cual el INACIPE sigue cuestionando, educando y, sobre todo, pensando las ciencias penales...

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