MEDICO O ESCLAVO.

ELIZABETH TAPIA SILVA……………………………….
Jóvenes médicos residentes e internos quienes, además de estudiar y formarse como especialistas para salvar la vida de millones de personas, son sometidos a grandes retos, soportar las políticas negativas de sus superiores, quienes los explotan con sus sueños educativos, ser personas que salvarán la vida de su prójimo.
Su vocación de ayudar es reconocida, por toda la sociedad a nivel mundial, porque siempre están en donde más se necesitan, a cambio de nada, y lo único que reciben son una política negativa de sus superiores.
Un ejemplo claro está la crisis a nivel mundial de la pandemia, fueron los primeros que estuvieron en la línea de fuego, muchos murieron, hoy es hora de cambiar este estado de cosas que pone en riesgo a todos.
En lugar de reconocer su trabajo arduo humano, les dan Jornadas antinaturales, riesgo para todos, para los pacientes, y los mismos doctores quienes, en sus manos ésta la vida de miles de pacientes.
Las llamadas guardias pueden durar hasta 36 horas continuas, un modelo de explotación normalizado desde hace décadas, y aunque las autoridades correspondientes a nivel federal lo saben, nada hacen por mejorar su forma de trabajo.
La privación de sueño no solo destruye la salud física y emocional de los jóvenes médicos residentes, también pone en riesgo la seguridad de los pacientes.
La ciencia lo demuestra: trabajar de noche es “antinatural”. El cuerpo humano está diseñado para descansar en la oscuridad y mantenerse activo con la luz del día.
Es decir, muchos índices fisiológicos se activan durante el día y se desactivan en la noche. Este ciclo, llamado ritmo circadiano, regula funciones vitales como la memoria, la concentración, la presión arterial, la liberación de hormonas y la reparación celular.
Cuando se altera, aparecen fallas en la atención, irritabilidad, debilidad del sistema inmune e incluso mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y cáncer.
Un médico exhausto, sin descanso, tiene el mismo nivel de alerta que alguien en estado de ebriedad. Y en medicina, un error puede costar vidas.
México se quedó atrás. En la Unión Europea, la jornada máxima es de 48 horas semanales; En Estados Unidos, un residente no puede estar más de 16 horas seguidas en guardia. México, en cambio, mantiene esquemas de esclavitud disfrazada de formación académica.
El discurso oficial aplaude a los médicos, pero en la práctica los condena a la sobreexplotación.
Existen casos documentados de residentes que han cometido errores graves por simple agotamiento. Otros han colapsado en los hospitales, han desarrollado depresión severa o incluso han perdido la vida por suicidio.
El costo también lo paga la sociedad: cuando un médico renuncia, enferma o abandona la residencia, se pierden años de inversión pública en la formación de especialistas que el país necesita con urgencia.
El silencio de las autoridades no es casual: es violencia estructural. Saben que estas jornadas matan, enferman y ponen en riesgo la atención médica. Sin embargo, la indiferencia, silencio y omisión ha sido la respuesta sistemática.
La pregunta incómoda es inevitable: si un error ocurre por agotamiento, ¿la responsabilidad recae solo en el residente o también en el Estado que lo obliga a trabajar en condiciones inhumanas?
No se trata únicamente de dignidad laboral, se trata de la seguridad de todos los pacientes en México. Un sistema que descansa en médicos agotados es un sistema condenado al error.
La sociedad debe exigir cambios, las instituciones reformar de inmediato los esquemas de formación y los organismos internacionales voltear a ver esta crisis silenciosa. Porque cuando un residente cae, no solo pierde él: también pierde el paciente que confió en que el sistema de salud lo cuidaría

Gracias por el acceso...
Estoy ala orden.