La garantía de respetar las leyes, un sentido común.

…BLAS A. BUENDÍA ………………………. El sentido común de la Cuarta Transformación de la Nación, del que afirman los togados, que el menos común de los sentidos, es el eje —o debe serlo—, de todos los actos de buen gobierno. Dijo lo anterior el Colegio Nacional de Abogados, Foro de México, A.C., quien detalló que “como no lo es, malo. Porque el buen gobierno como decía Aristóteles: ‘Es la verdadera garantía y consiste en vigilar la ejecución de las leyes y no permitir nunca la mínima infracción’”. En su evaluación jurídica, versó que toda pequeña infracción es insensible, pero estas transgresiones son como los pequeños gastos que, multiplicándose, llevan a la ruina. Inicialmente no se perciben, pero por tal causa, es indispensable acabar con el mal en su origen. En nuestro México no se encuentra muy claro quién es y quién no es buen gobernante. En principio, el buen gobernante es aquél que evite y sancione los actos de corrupción de sus jueces, magistrados, fiscales y/o garantes de la sociedad, para lo cual es necesario implementar las medidas indispensables para enfrentarse a otro tipo de fenómenos como podría serlo el de la narco-política. Ello es tener sentido común de buen gobierno y nada más. Por eso, esos gobernantes que como políticos actúan, sólo contribuyen a la confusión, por carecer de ese sentido común para gobernar. Confucio opinó también respecto al tema en cuestión: “Rectificar”. Para bien gobernar, lo primero que importa es el buen ejemplo que el gobernante debe de dar. Según el sentido común de aquellos que también conforman el ateneo de estudios jurídico-penales del Foro de México, “en nuestra Patria, durante la época del neoliberalismo y en esta Cuarta Transformación, los políticos y gobernantes de los diversos partidos no resultan ser profesionales de la política ni lo fueron nunca, ni lo serán jamás”. A los partidos políticos a los cuales pertenecen o pertenecieron, sólo acogieron en su seno a quienes no son ni fueron profesionales del arte de la política, por tanto, integraron algo tan paradójico y contradictorio como un grupo de políticos no eficientes. Es decir, algunos mercenarios y delincuentes. “Y que conste que me refiero casi a todos. Insistimos, para que no se mal interprete nuestro sentido común, nos referimos casi a todos, pues existen honrosas excepciones. Si en el Foro Independiente llamamos políticos a esos gobernantes, no podemos quejarnos de la confusión de nuestro sentido común”, manifestó el abogado penalista Alberto Woolrich Ortiz. Pero, en fin, la sociedad debe hablar de los políticos de verdad e ir reconstruyendo el gran aparato que significa el Congreso de la Unión, toda vez que a éste llega cada espécimen que da pena reconocer que son legisladores. Claro que existen —enfatizó—. Si queremos hacernos una idea de lo que son los verdaderos políticos, deberíamos empezar por repasar las palabras de J. A. Barbey D’ Aurevilly, asentada en una de sus obras: “Ni los que aman la verdad, ni los que aman la justicia pueden ocuparse de la política, ya que ésta, a su vez, nada se ocupa de la justicia ni de la verdad”. Palabras siempre vivas y enormemente críticas. En la política actual y del ayer, nuestro sentido común insiste en expresar que en ellas aparecen las promesas incumplidas, el engaño, los delitos, la corrupción, la narco-política, el interés y esa larga lista de etcéteras que Andrés Manuel no quiere o no sabe rectificar. ¡Es cuanto!, puntualizó el jurisconsulto Alberto Woolrich Ortiz, quien es presidente de la Academia de Derecho Penal del Colegio Nacional de Abogados, Foro de México, A.C. Frente a todo este escenario, para la restauración de la República, la mayor parte de los mexicanos ya les preocupa su destino de ser rehenes de un político llamado Andrés Manuel López Obrador, quien se ha transformado en un oclócrata sin moral y con sentido demencial. Existe una compleja degradación para el tristemente célebre líder y megalómano de la 4T, ya que si bien han pasado más de cuatro años y no ha sabido gobernar, la sociedad en su conjunto ya dio cuenta de los cuentos y aventuras de López Obrador, no le han servido para nada, sino más bien, es tachado como “un dictador quebrantado y trastornado por su amplio poder. Y lejos de consolidar el Estado de Derecho como prioridad del Gobierno de la Cuarta República, el respeto a las normas es la mejor garantía para el ejercicio de derechos y libertades democráticas.

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