La Diputada del PAN Olivia Garza se comprometió ser imparcial asumirla Mesa Directiva del Congreso CDMX
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Al dirigirse a sus homólogos dijo que asume esta responsabilidad con honor, pero también con plena conciencia de sus obligaciones y de sus límites. La Presidencia del Congreso no pertenece a quien la ocupa. No pertenece a un partido político, a una mayoría ni a una coalición. Pertenece a esta soberanía y debe estar al servicio de sus 66 integrantes.
Por eso, quiero establecer con claridad los principios que guiarán mi actuación. Escucharé a todas y a todos. Atenderé los planteamientos de cada grupo y asociación parlamentaria.
Mantendré abiertas las puertas de la Presidencia al diálogo, a la construcción de acuerdos y a la búsqueda de soluciones. Escucharé a todos, pero no beneficiaré a nadie. La imparcialidad de una Presidencia no depende del partido político del que provenga quien la ocupa.
Depende de su conducta, de sus decisiones y de su capacidad para aplicar las mismas reglas a todas las fuerzas políticas, aun cuando hacerlo resulte incómodo. No se demuestra imparcialidad renunciando a una identidad política.
Se demuestra respetando la ley por encima de cualquier interés partidista. Ése es mi compromiso. No ejerceré una Presidencia autoritaria. No utilizaré el Reglamento para silenciar voces, impedir debates o imponer decisiones que le corresponden al Pleno.
Pero tampoco ejerceré una Presidencia débil. No permitiré que la apertura al diálogo sea confundida con permisividad.
No aceptaré que el peso político de una mayoría, la presión de una minoría o el interés de una persona se coloquen por encima de las normas que rigen a este Congreso.
Nadie será excluido, nadie será favorecido y nadie estará por encima de la ley. Conduciré las sesiones con orden, respeto al procedimiento y garantías para que la mayoría pueda construir decisiones y las minorías puedan participar, argumentar, disentir y ser escuchadas.
Pero ni la mayoría podrá apropiarse del Congreso ni nadie podrá paralizarlo. La fuerza de los votos no puede convertirse en abuso y el derecho a disentir no puede transformarse en obstrucción. En esta Legislatura existen diferencias políticas profundas.
Es natural que así sea. Representamos distintas visiones de ciudad, diferentes prioridades y distintas maneras de entender el ejercicio del poder.
No corresponde a la Presidencia borrar esas diferencias ni resolverlas mediante decisiones unilaterales. Nuestra obligación es conducirlas institucionalmente.
Cuando la norma sea clara, la aplicaremos. Y cuando exista una controversia, la resolveremos con argumentos jurídicos, no con cálculos políticos. La ley no puede tener un significado para unos y otro para los demás. Esta Presidencia reconocerá y respetará las facultades de todos los órganos del Congreso, pero exigirá el mismo respeto para las atribuciones de la Mesa Directiva.
Ningún órgano deberá sustituir a otro. Ninguna facultad podrá ampliarse por costumbre, presión o conveniencia. Nadie podrá exigir a la Presidencia hacer aquello que la ley no le permite. Y nadie podrá impedirle cumplir con aquello que la ley le ordena.
No invadiré las atribuciones de nadie, pero tampoco permitiré que sean invadidas las de esta Presidencia. Actuar con firmeza no significa actuar con autoritarismo.
El respeto a la Presidencia no se gana gritando, manoteando ni, mucho menos, amenazando. El respeto nace de aplicar la ley con serenidad, constancia y sin excepciones. Repito: sin excepciones. La Presidencia será prudente, pero no indecisa.
Será abierta, pero no permisiva. Será respetuosa, pero no renunciará a su autoridad. Será imparcial, pero no permanecerá pasiva frente a una violación del Reglamento. Deseo subrayar algo: dialogar no significa negociar el cumplimiento de la ley.
En los momentos de mayor desacuerdo se pondrá a prueba esta Presidencia. No prometo que todas sus decisiones serán compartidas; prometo que estarán fundadas.
No prometo ausencia de confrontación; prometo reglas claras para conducirla. No prometo complacer a todos; me comprometo a escuchar a todos y a actuar conforme a la ley.
Hoy asumo esta Presidencia sin ánimo de imponer y sin disposición a ceder frente a presiones indebidas. Seré presidenta de todo el Congreso, no solo de una parte. Escucharé a todas las fuerzas y protegeré los derechos de todas y todos. Aplicaré las mismas reglas a cada integrante de esta soberanía y ejerceré plenamente las atribuciones que la ley me confiere.
Ésa es la Presidencia que me comprometo a ejercer: sin favoritismos, sin excesos y sin debilidad. Con apertura para construir acuerdos.
Con firmeza para hacer respetar las reglas. Y con la convicción de que, por encima de nuestras diferencias, se encuentra la obligación de servir a la Ciudad de México. Muchas gracias.

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