LA CAÍDA LIBRE DE LA TOGA

FRED ALVAREZ PALAFOX. ………………………..
Dar pena es, quizá, el eufemismo más clemente para describir el caso del maestro Bernardo Bátiz. Lo que atestiguamos no es solo una incongruencia personal, sino la dolorosa mutación de una trayectoria intelectual respetable en la estampa perfecta del cortesano.
Ver a un integrante del Tribunal de Disciplina Judicial —el supuesto "guardián de la imparcialidad"— recibir con beneplácito una medalla de partido desnuda la gran simulación de la reforma judicial: la justicia en México dejó de ser un contrapeso constitucional para convertirse en una filial partidista.
Lo grave no es que Bátiz haya perdido el decoro republicano al aplaudir al poder, sino el mensaje siniestro que esto encierra para el resto del sistema de justicia penal. Cuando la lealtad política se premia con la toga y el criterio jurídico independiente se castiga —como lo demuestra el linchamiento administrativo contra la jueza Martha Magaña—, el Estado de derecho se repliega.
El Tribunal de Disciplina no vigila la ética judicial; vigila la sumisión. Y al convertir el desacuerdo interpretativo en un delito político, el régimen deja claro que la única ley vigente es la obediencia ciega.
Al final, tal como apunta con agudeza Jesús Silva-Herzog Márquez en las páginas de Reforma, el mayor peligro de esta involución es que el sistema judicial deja de buscar la equidad para buscar únicamente la comodidad del aplauso unánime.

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