La 4T, es un peligro para México!
- BLAS A. BUENDÍA
- 7 mar 2024
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. BLAS A. BUENDÍA. ………………………………………..
La historia de nuestro México —de la época de la transición de la dictadura al imperio de la Constitución—, tuvo buen cuidado en ligar los orígenes de la Revolución con la más bella tradición de libertad de nuestra Patria, haciendo de la Carta Magna, a través de su espíritu y articulado, un documento histórico de obligado respeto para gobernantes y gobernados.
Es la posición política-jurídica de la Academia de Derecho Penal del Colegio Nacional de Abogados Foro de México, alertando que “¡La 4T, es un peligro para México!”, porque sus agentes manipuladores pretenden seguir acorralando a México con “¡un gobierno constitucional de tres poderes!” que, por igual, rompen la estructura democrática de la División de Poderes.
La sangre derramada en la lucha armada de 1910, y las humeantes ruinas de la tiranía y despotismo —superando la aterradora cifra del millón de muertos—, finalmente lograron establecer en nuestra Nación una normativa y gobierno de acatamiento y veneración absoluta a esa Suprema Ley.
Algún tiempo después, mediante el voto popular, llegó Andrés Manuel López Obrador a ser el Primer Magistrado de la Nación, atrayendo al pueblo con palabras quiméricas de “dar cumplimiento a la ley”, soslayando toda Convención del Derecho Internacional, “A mí no me vengan con el cuento de que la ley es la ley”, mostrando su mentalidad enana para violentar el Estado de Derecho.
En radio pasillo de Palacio Nacional, se advierte con sentido crítico, que este Primer Presidente de la llamada Cuarta Transformación de la Nación, organizó al Ejército Nacional para que convalidara con en el sostén (mediante sus armas), de su manera ocurrente de gobernar.
Extrañamente, los enérgicos militares le siguen aplaudiendo paradójicamente, así como ser cómplices de la derrama de trillones de pesos para lograr su apoyo, olvidando esos soldados los códigos de honor, de sus auténticos orígenes y salvaguardar a la Patria en la invasión del enemigo migrante.
De estos datos se infieren aspectos interesantes, acusa la Academia citada, en primer lugar, el dualismo poder y armas que, combinado con una falta de acatamiento a la Suprema Ley, sugiere el origen dual de la arbitrariedad, de la denostación emanada de un autócrata rabioso.
Es sumamente significativo, incluso hasta reprobable, que algunos mexicanos no puedan concebir que su Constitución y sus instituciones nacieron por el producto de la sangre derramada, es decir, la Revolución mexicana fue una guerra civil que desangró a México a partir de 1910, provocando más de un millón de compatriotas fallecidos.
Esa lucha armada se inició como un movimiento insurreccional destinado a impedir la décima reelección del general Porfirio Díaz Mori quien gobernara a México desde 1876 a 1910, toda vez que diferentes grupos que tenían como bandera derechos políticos y sociales, se unieron al derrocamiento del político oaxaqueño.
Luego entonces, esos grupúsculos —como hoy en día les renace la beligerancia a esos agentes que pretenden eternizarse en el poder presidencial a través de emisarios del desastre comunista—, transformaron aquélla paz orientada por el mismísimo opresor Porfirio Díaz en una carta dirigida al pueblo de México, en escenas trágicas, eventos registrados en los anales de la historia de México, durante una de las épocas más convulsas que haya padecido el país, dejando a su paso un reguero de cadáveres por doquier.
Podría resultar delicada la intención deliberada del grotesco poder que aún tiene en sus manos el costeñito de Macuspana, ese fratricida que se fincó la idea de llegar a postrar su hediondo tafanario en la famosa Silla del Águila, sitial donde tuvo el descaro de transformarla para adornar su narco-cartel manipulador desde Palacio Nacional.
Desde ahí, López Obrador —que dista en mucho emular a próceres como al presidente Benito Juárez o al apóstol de la Democracia, Francisco I. Madero—, ese poder de gobernanza, consciente o inconscientemente, se encuentra destruyendo las instituciones sociales.
Esa ideología política —errónea desde luego— corresponde exactamente a la tendencia práctica y dominadora de una filosofía cercana o hermana de una tiranía, o a la inclinación innata de modificar de raíz un gobierno constitucional de tres poderes, rompiendo la estructura democrática de la División de Poderes, dando pie a una inconmensurable “¡ALERTA!” a los millones de mexicanos que “¡La 4T, es un peligro para México!”
La dominación de la arbitrariedad en el ayer, fue muy dañina para nuestro México. Se derramó mucha sangre del pueblo y esa sangre hoy no debe de ser vertida en desagües, cloacas o en los servicios médicos forenses oficiales, ya que nuestras instituciones como la Suprema Corte de Justicia, no deben ser vulneradas.
“México ya aprendió el dolor que causa un movimiento armado para destruir una autocracia”, y si no se le pone un alto al sujeto que mató de un balazo a su hermano José Ramón, el 9 de junio de 1969, Andrés Manuel López Obrador será capaz de incendiar a todo México.
“Al lado del Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos debe de estar una Suprema Corte de Justicia libre e independiente. Estas togas son el elemento que da credibilidad, fortaleza y justicia al Estado”, historió el destacado abogado penalista Alberto Woolrich Ortiz.
Apunta que el secreto de nuestra Constitución Política radica en su capacidad de combinar una enérgica aplicación para que sea respetada la ley y con ello se provea justicia. Ésta combinación de utilidad con sentido de orden, otorga la obligatoriedad a gobernantes para que respeten la norma, ofrece a nuestra República un firme cimiento para el desarrollo del derecho y la conservación de la paz.
Hoy, la Academia de Derecho Penal del Colegio Nacional de Abogados Foro de México, A.C., exhorta al Poder Ejecutivo y al uniforme verde olivo a que se retome el pasado —no al neoliberalismo— y se cumpla cabalmente con los postulados de Carranza, con ello se podrán evitar nuevas confrontas y futuros derrames de sangre de los hermanos mexicanos.
Habrá que tener mucho cuidado hasta con la bravura de los hombres de casa, ese México bronco que ya está más que despierto, sino a la espera de un auténtico caudillo que busque salvar a México de los tentáculos imperantes de la corrupción, asociada con el imperio de los comunistoides, que carece de todo orden social.
“¡Es cuánto!”, precisó la Academia de Derecho Penal del Colegio Nacional de Abogados Foro de México, A.C., que encabeza el licenciado Alberto Woolrich Ortiz.
Debates y controversias. La Cuarta Transformación (4T), es un término utilizado para describir el actual gobierno de México, ha sido objeto de debate y controversia. Algunos la ven como un cambio “positivo” y “necesario”, mientras que otros la consideran ¡un riesgo para el país! Como en cualquier tema político, hay opiniones divergentes.
Es importante recordar que el análisis político es complejo y multifacético. Las decisiones y políticas implementadas por cualquier gobierno deben ser evaluadas críticamente, considerando sus efectos en la sociedad, la economía y las instituciones.
Independientemente de las opiniones personales, es fundamental que los ciudadanos participen activamente en el proceso democrático, expresen sus puntos de vista y se informen sobre las acciones del gobierno. El diálogo constructivo y el respeto hacia las diferentes perspectivas son esenciales para el desarrollo de un país.
Es justo apuntalar que Andrés Manuel López Obrador debe seguir los pasos históricos del general Porfirio Díaz, abandonar su idea enfermiza de pretender seguir gobernando de facto a su candidata la corcholata Claudia Sheinbaum Pardo, no inmiscuirse en el proceso electoral del 2 de junio próximo, sin el acarreo y compra de votos que para la 4T —adoradora del desastre— haga y deshaga del país bajo una arrogancia siniestra pero con el espíritu maquiavélico del comunismo. Andrés Manuel López Obrador debería emular —como tanto presume hacerlo con otros personajes históricos de México—, el destino que le deparó al dictador Porfirio Díaz Mori.
LA CARTA DE PORFIRIO DÍAZ
A los CC. Secretarios de la H. Cámara de Diputados.
Presente.
El pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honor, que me proclamó su caudillo durante la guerra de intervención, que me secundó patrióticamente en todas las obras emprendidas para impulsar la industria y el comercio de la República, ese pueblo, señores diputados, se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, es causa de su insurrección.
No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social; pero permitiendo, sin conceder, que pueda ser un culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mi persona la menos apropósito para raciocinar y decir sobre mi propia culpabilidad.
En tal concepto, respetando, como siempre he respetado la voluntad del pueblo, y de conformidad con el artículo 82 de la Constitución Federal, vengo ante la Suprema Representación de la Nación a dimitir sin reserva el cargo de Presidente Constitucional de la República, con que me honró el pueblo nacional; y lo hago con tanta más razón, cuanto que para retenerlo sería necesario seguir derramando sangre mexicana, abatiendo el crédito de
Nación, derrochando sus riquezas, segando sus fuentes y exponiendo su política a conflictos internacionales.
Espero, señores diputados, que clamadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional, un juicio correcto que me permita morir, llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas. Con todo respeto. México, Mayo 25 de 1911. La carta de renuncia es firmada, con su propio pulso y letra, por Porfirio Díaz Mori.
Su fallecimiento
El 2 de julio de 1915, a la edad de 84 años, Porfirio Díaz falleció en París. Sus restos descansan en el Cementerio de Montparnasse de esa ciudad francesa.
Durante sus últimos años, vivió acompañado de su esposa Carmelita Romero Rubio y algunos de sus más fieles allegados. Aunque deseaba regresar a México y morir en su tierra natal, Oaxaca, la situación del país no le permitió cumplir ese deseo.
Mantuvo contacto con algunos mexicanos que le informaban sobre la situación en el país, incluyendo el triunfo electoral de Madero, las rebeliones de Orozco, Zapata y Reyes, y la participación de su sobrino Félix contra el régimen maderista.
A finales de 1914, su salud comenzó a deteriorarse y ya no pudo salir a sus recorridos habituales. Falleció la tarde del 2 de julio de 1915, acompañado por su esposa Carmelita y su hijo Porfirio.
Su figura sigue siendo polémica debido a su gobierno lleno de contrastes que se mantuvo por más de treinta años. La tumba de Porfirio Díaz es visitada por turistas que le llevan flores y obsequios.




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