Inútil Mendigar Servicios de Salud Lomas Verdes, siguen las muertes
GUSTAVO YESCAS BERNAL

NAUCALPAN, ESTADO DE MÉXICO Lamentable administración y dirección por parte de Gilberto Reza Reyes se tiene en el Hospital de Traumatología de Lomas Verdes, en Naucalpan, Estado de México, el cual se ha convertido en un importante foco de infección de COVID, amén de los casos y fallecimientos que se tiene por es
te padecimiento. Además, la atención a los pacientes es deshumanizada y negligente, pues en el suelo muchos son atendidos, principalmente en urgencias, producto de la falta de capacidad de la dirección.
Una muerte más se suscitó el pasado fin de semana, cuando una derechohabiente con número de afiliación 9291 52 0444, se contagió en ese hospital, donde el director Gilberto Reza Reyes, ha hecho caso nulo a las autoridades de Salud Federal, e incluso recomendaciones del Presidente López Obrador, de extremar precauciones para evitar contagios y muertes.
En el citado nosocomio especializado en traumatología, la entrada a los visitantes, excepto en vigilancia donde piden solamente una identificación oficial, no son exigidas medidas como la desinfección de manos con gel, no hay tapetes con desinfectantes (o Sanitizante), no hay toma de temperatura, sólo uso de cubrebocas. Todo eso lleva el riesgo de contagio no sólo para el personal médico, sino también para los pacientes internados o que acuden para atenderse de traumas.
Lo anterior se agrava, por el intercambio de hasta 4 personas (que llegan de la calle) para estar con su paciente internado, con el cual conviven en el mismo espacio por al menos 7 horas al día o en la noche. Entonces imagínense cuántas personas llegan, conviven con pacientes y personal de todo tipo y cuántos se infectan si no hay protocolos sanitarios.
Cabe recordar que apenas el pasado 8 de marzo de este año personal médico bloqueó el Periférico norte solicitando vacunas para los que están en la primera línea, “los médicos aseguraron que recientemente llegó un lote de vacunas al Hospital de Lomas Verdes, pero que las dosis fueron aplicadas a personal que no es de primera línea”. Dijeron manifestantes en su momento. Aquí se pide sea investigado el Director para determinar que no haya abusado de su cargo.
La negligencia es evidente: la dirección no establece medidas de precaución permitiendo que la gente se contagie. Así le pasó a la señora Rubio Melo, misma que llegó para que fuera atendida por una “espondilolistesis” en la parte lumbar. Situación que fue provocada por el mismo IMSS, ya que al menos durante 2 años no fue atendida como debiera, pues en la Unidad Médica Familiar 184, en Cuautitlán Izcalli, nunca fue valorada ni oportuna ni humanamente. Nunca fue canalizada para realizarse estudios con especialista alguno, sólo le daban calmantes y la mandaban a su casa.
Este problema se agravó con la llegada de la pandemia el año pasado. Ante la deshumanización, indiferencia, mal trato y hasta discriminación, la paciente tuvo que ser llevada y analizada por varios especialistas en columna privados en el Estado, e incluso se consultaron otros en la capital del país, lo cual no fue nada barato, ni aún en la Cruz Roja, pues el Instituto no asumía su responsabilidad de atención a la salud.
Mientras el IMSS no hacía su labor, la enfermedad de la señora Tomasa Rubio se complicaba: intensos dolores y discapacidad para incorporarse o para realizar sus mínimas necesidades, mucho menos para acudir a cada rato a alguna clínica u hospital. Con el apoyo de amigos, el 9 de febrero se consiguió una visita al hospital de zona de “La Quebrada”, a la cual no se quería acudir porque se convirtió una parte en hospital Covid, mucho menos llegar a Urgencias, pues también allí, es común observar a pacientes en el suelo con suero.
A pesar de que se tenía una cita el 10 de febrero de este año con el director a determinada hora, éste no recibió a la paciente, pues cuando se llegó, ya estaba en una “junta”. También se había informado que un traumatólogo la iba a recibir y evaluar, pero nunca apareció. Se llegó unos minutos tarde a la oficina porque se estuvo consiguiendo una silla con ruedas, y sí se consiguió una: sin hules y destartalada, era la única que había. Pero eso no es todo: dada la posición en que iba, el dolor era intenso, muy intenso por lo que la paciente se quejaba de ello, sin embargo, la asistente del director mostró su nula humanidad, pues no sólo la callaba, sino también la amenazó de que guardara silencio o la mandaba al siquiatra.
Pese al mal estado, no la quisieron atender y la mandaron a su casa o si quería fuera a Urgencias, pero bajo su riesgo. Ante ese tipo de crueles acciones se optó acudir al Hospital de Traumatología de Lomas Verdes IMSS y buscar su ingreso para que fuera atendida de la columna. Con mucha dificultad se logró que fuera aceptada. Una vez ahí se le realizó una placa, se revisaron las múltiples radiografías y resonancias que se había tomado privadamente, se le suministró medicamento y valoró que no requería cirugía. ¡Increíble! cuando varios, si no todos, los especialistas que anteriormente se había visto indicaban que era inminente la cirugía, pero para eso debían practicársele más estudios para ver su factibilidad. Aquí el “médico” Gilberto Reza mostró su incapacidad y nulo mando.
Así que debido a que Lomas Verdes no era su “hospital” que le correspondía (por zona) se le volvió a mandar solo con calmantes a su casa; que acudierá a su Unidad Médica Familiar y que esperara a ver cuándo se le atendía “normalmente”. “Normal” es: sacar una cita; el médico familiar revisa, posiblemente anote una cita con el especialista (seguramente al año o si bien le va al paciente en uno o más meses); después, tal vez sea canalizado al hospital de zona en otros meses y si no pueden atenderlo allí, lo mandan a un hospital de tercer nivel al siguiente año. ¡Esto es lo normal!
Así durante una semana se le mantuvo al paciente, principalmente con calmantes como el Paracetamol y otros combinados, pues el dolor era sumamente intenso. Ante el caso se acudió a un excelente consejero del IMSS para preguntarle cómo se podía iniciar una denuncia por negligencia médica contra el Instituto y los directores de esos hospitales y unidades médicas. Al conocer el caso intervino para que hubiera la atención necesaria para la paciente: hospitalización, algunos estudios además de estabilizarla y controlar el intenso dolor. Para la desgracia, se acercaba “Semana Santa”, por lo que el lunes después de una semana la doctora Ana María Morales era la responsable de dar un diagnóstico a la señora Tomasa Rubio, mismo que fue de una fuerte Infección en la columna que estaba deshaciendo los huesos.
Es digno de reconocer que mientras estuvo internada, se contó con una atención de calidad y buena de enfermeros, asistentes, camilleros y de otros médicos.
Pese a ello, el mal había avanzado de tal manera que seguía destruyendo la columna, evitando el movimiento del cuerpo no sólo para incorporarse sino para ponerse de pie, amén de los fuertes dolores. Aun así, la doctora sólo recetó un calmante y un antibiótico para atacarlo. La idea era detener el deterioro, medio paliar el dolor y después, en el mes de mayo, analizar que procedía. El mismo lunes 29 de marzo, inexplicablemente la paciente Rubio Melo fue dada de alta.
La irresponsabilidad total al dar de alta a un paciente, en precaria situación de salud, a quien se le ha recetado un antibiótico fuerte y no prever los daños o reacciones secundarias en el cuerpo. Pero aún más, ausentarse esa semana, sin indicaciones sobre cómo actuar en caso de…; un teléfono dónde consultar en caso de urgencia. Ni el director Gilberto Reza se apareció. Ningún médico se asomaba. Por teléfono se obtuvo sólo uno y publicado en internet, la operaba sólo direccionaba: trabajo social, médicos en todos los pisos, urgencias… y nada. Era evidente, la gran mayoría de vacaciones.
Fue hasta el jueves primero de abril que se buscó de todas formas entrar al hospital para localizar algún médico, a alguien: se halló a uno, quien autorizó el cambio de antibiótico, solamente, pero no la hospitalización otra vez, por lo que no tenía caso llevarla nuevamente. Para acabarla, ningún médico privado especialista se localizaba para la atención, sólo pasando la Semana. El mal había hecho estragos en la salud de la señora Rubio Melo, de 70 años, además de los dolores de columna, estómago y cabeza; náuseas, rechazo a alimentos y bebidas, se tuvo que suspender el fármaco, su estado era muy grave.
La cita que esperaba para ser atendida era en el mes de mayo de este año, sin ningún pase siquiera en urgencias. Para eso, el director no tiene autorización, -reconoció el propio Gilberto Reza-, quien por cierto también señaló que ni médicos hay sólo dos por piso, las ambulancias no pueden prestar servicio de urgencias, pese a que hay decenas estacionadas, sólo sirven para llevar o traer pacientes programados con 72 horas de anticipación.
El 6 de abril, dado el grave estado de la señora Tomasa Rubio, se habló con el director para que la recibiera y atendiera, pero dijo que no podía ser por urgencias. Tampoco había ambulancia para llevarla pese a su estado deplorable. Se tenía que conseguir una privada. Así se hizo y el 6 de abril ingresó para que el mismo día fuera enviada a su casa, quien la atendió sólo dio calmantes y según su valoración no requería nada más. Quien la valoró fue el Dr. Rebollo. Mismo que en su reporte de segunda sección afirmó: trauma: ausente, cuando esa era la primera causa por la que se le había atendido anteriormente y se insistía en su atención; Palidez: ausente; dolor: ausente, también motivo por el cual era llevada y era muy evidente. En la tercera sección del reporte de la paciente se anotaron 10 puntos para considerar, sólo con eso, de considerar una urgencia menor.
Si el certificado de defunción dado el 9 de abril es cierto, el 6 de abril la señora Tomasa Rubio fue contagiada de Covid en el hospital de Lomas Verdes, ello debido al nulo protocolo sanitario antes mencionado. Por ello y debido a la negligencia de días, meses y años pasados en el IMSS, el jueves 8 de abril, la paciente iba a ser llevada de urgencia a Lomas Verdes, pero de acuerdo a los paramédicos de la ambulancia de Protección Civil , la paciente ya no llegaba a Lomas Verdes, por lo que optaron por trasladarla al hospital de la Quebrada.
El pasado sábado, 10 de abril, la señora Tomasa Rubio falleció, con un diagnóstico del hospital La Quebrada de “probable Covid”, con supuesta insuficiencia respiratoria y neumonía atípica. Pero se olvidaron de las causas que generaron ese problema: el mal de la columna mal atendida y diagnosticada por el IMSS durante al menos 2 años. Negligencia del Director de Lomas Verdes (por falta de atención en días especiales y falta de medidas sanitarias para evitar contagios); del director de la Quebrada (por indiferencia, negligencia y discriminación, del de la UMF 184 (por nula atención a los usuarios adultos mayores). Esto es el derecho a la salud. Ojalá La Comisión de Derechos Humanos Investigue y proceda a sancionar a quien corresponda.

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