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Honran a la UNAM y a paleontólogo con nombre a dinosaurio del cretácico

  • hace 20 horas
  • 3 min de lectura

El dinosaurio carnívoro descubierto en Coahuila Xenovenator espinosai lleva a partir de este año el nombre del destacado paleontólogo, Luis Espinosa Arrubarrena, jefe del Museo de Geología de la UNAM, en reconocimiento a su trayectoria científica y al trabajo pionero de la Universidad Nacional en el estudio de estos animales.

He trabajado con mucho interés, y agradezco la distinción la cual, en realidad, es un reconocimiento a la UNAM porque ha estudiado y dado a conocer esto que el pueblo de Coahuila tiene como uno de sus grandes orgullos, manifestó en entrevista.

Perteneciente a la primera especie de troodóntido reportada en México, forma parte de un grupo de dinosaurios especiales: carnívoros y con plumas, es decir, cercanos a las aves, que hasta ahora solo se habían encontrado en Asia, Europa y en otros sitios de Norteamérica. Sus restos fueron descubiertos en el desierto del municipioGeneral Cepeda.

Xenovenator espinosai vivió en el periodo Cretácico, casi al final de la Era Mesozoica, hace aproximadamente 70 millones de años, unos cuatro o cinco millones de años antes de la caída del meteorito en la actual Península de Yucatán que provocó la extinción de los dinosaurios.

La especie que honra al universitario medía de 60 a 70 centímetros de altura, aproximadamente tres metros de longitud, estaba cubierta de plumas y tenía dientes pequeños y puntiagudos que le servían para atrapar su alimento a base de reptiles y peces; habitaba planicies costeras atravesadas por ríos y mares someros, detalló el experto.

Su descripción se efectuó a partir de un cráneo, en el cual se halló una profundidad ósea más grande que en otros de su género; es decir, era más grueso. Eso se ha relacionado con ciertos hábitos que pudo tener, por ejemplo dar topes con fines territoriales, en la época de celo en el caso de los machos, o para defenderse de otros grupos.

La estructura craneal es abovedada y rugosa, con fusión y entrelazamiento de los huesos. La selección sexual, incluidas las adaptaciones para la exhibición y el combate, fue un fenómeno generalizado en ejemplares del Cretácico superior, puntualizaron sus descubridores en el artículo científico correspondiente al hallazgo.

Espinosa Arrubarrena comentó que el animal contemporáneo con el que se ha asociado cercanamente es con un género de aves que no vuela y vive en el sudeste asiático: los casuarios.

Hallazgo en el desierto. La mayoría de afloramientos de dinosaurios en México proviene del Cretácico Tardío; se ubican en aproximadamente 10 entidades, sobre todo del norte, en especial en Coahuila. Aquí, hace cuatro décadas el científico de la UNAM y sus pares de esta casa de estudios trabajaron en la recuperación del material que permitió armar y montar el primer dinosaurio a cargo de paleontólogos mexicanos, un hadrosaurio conocido como Isauria, que actualmente se exhibe en el Museo de Geología.

Ese descubrimiento suscitó que autoridades estatales y grupos académicos emprendieran el proyecto del Museo del Desierto (espacio ubicado en Saltillo, donde se resguarda Xenovenator espinosai), “el mejor de historia natural que existe en México”, y comparable con otros del resto del mundo. Ahora, al nombrarlo se reconoce la importancia de la presencia de la UNAM, mediante científicos como Shelton Applegate, René Hernández Rivera y Luis Espinosa Arrubarrena.

Sus descubridores, Héctor Rivera Sylva, Martha Aguillón Martínez, José Flores Ventura e Iván Sánchez Uribe, investigadores de ese recinto, junto con José Rubén Guzmán Gutiérrez, de la Universidad Humanista de las Américas, Nuevo León; y Nicholas Longrich, de la Universidad de Bath, Reino Unido, distinguieron al pionero en el estudio de los dinosaurios mexicanos y mentor de numerosas generaciones de paleontólogos.

Todo ser vivo conocido por la ciencia tiene una denominación binomial latinizada, correspondiente al género y especie –que se debe escribir con letras cursivas, en mayúscula el género y minúscula la especie–, explicó el científico. Si se enaltece a alguien hay que agregar una “i” al nombre: Xenovenator (del griego xenos, “extraño”; y el latín venator, “cazador”, o sea, “cazador extraño”) espinosai. La descripción formal y el nombre se dieron a conocer en un artículo que se publicó este año en la revista científica internacional Diversity.

 

 
 
 

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