El pasado 16 de septiembre será recordado como festejo patrio más tristes y oscuros nuestra historia

Al festejar nada más y nada menos que los 200 años de haberse consumado la independencia de México, el señor Andrés Manuel López Obrador decidió que la figura central del evento sería un dictador extranjero que tiene a su pueblo oprimido, viviendo en la miseria total, sin libertades y sin democracia desde hace 62 años.
Esto, por supuesto, representó una bofetada. Una bofetada para los mexicanos, una bofetada para los cubanos, y una bofetada para todo el mundo libre que cree en la democracia.
Ver al presidente de México sometido y arrodillado frente al dictador Díaz-Canél es ofensivo y preocupante a la vez. Porque este no es un hecho aislado, sino que es parte de una serie de acciones que responden a una agenda global dictada desde el Foro de Sao Paulo para imponer en la región el llamado “Socialismo del Siglo XXI”, instaurado ya en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua.
¿Eso es lo que queremos para México? Por supuesto que muchísimos contestaríamos con un contundente “NO”, pero claramente ese no es el caso con López Obrador y los miembros de Morena, al darle un espaldarazo y su bendición al régimen asesino de Díaz-Canél y, tan sólo un día después, también al del dictador Nicolás Maduro en la cumbre de la CELAC.
Hipócritamente, el gobierno mexicano se escuda en la política de “no intervención”, pero a las dictaduras no se les puede tratar como gobiernos democráticos, porque no lo son. A las dictaduras se les tiene que repudiar, no tienen derecho a existir. Y cuando se le da el espacio que le corresponde a un gobierno legítimo, se legitima a esa dictadura.
Al abrirles las puertas de México y elogiarlos, López Obrador ha mostrado su verdadera cara, sus verdaderas simpatías, y ha dado un paso muy claro hacia al socialismo tiránico. Así, con todas sus letras, porque la gravedad de las señales así lo amerita.
Por eso, es momento de levantar la voz y defender las libertades y la democracia. Ahora sí… fuera máscaras.

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