El organillero en crisis por la falta de refacciones que son muy caras
LOBO NEGRO. ………………………………
Uno de los sonidos que dan mayor identidad a la Ciudad de México (CDMX), son los organilleros al tocar su instrumento de tubos, y que se encuentra en crisis por la falta de refacciones y que son muy caras de conseguir.
Pocas son las personas que caminan por las calles de la Ciudad de México, cargando su “Caja de Música”, para detenerse en cualquier esquina y darle cuerda al “organillero”, para que por medio de sus tubos se escuchen los temas románticos.
Decenas de organilleros se dieron cita el jueves pasado en el Congreso de la Ciudad de México, a petición de la diputada Andrea Vicenteño, con el respaldo y apoyo de la diputada de Morena Valentina Batres, para que se declare a este oficio como Patrimonio Cultural Intangible.
Grande fue su sorpresa que, como costumbre, a los diputados asistentes se les ocurrió suspender los trabajaos legislativos y el punto de acuerdo para declarar al Organillero Patrimonio Cultural Intangible, quedó suspendido.
Tristes por esos acontecimientos, los organilleros se tuvieron que retirar y se espera que hoy martes, los diputados de todas las corrientes políticas toquen el tema y se logré rescatar esta actividad cultural.
Los organilleros son los encargados de entonar ciertas canciones con el cilindro de madera; este instrumento tiene púas y puentes de bronce.
Es común admirar a los músicos callejeros con sus cajas musicales, su uniforme color beige y extendiendo la mano con su gorra al estilo capitán para pedir una aportación voluntaria a los transeúntes que llegan a pasar junto a ellos.
Los primeros organillos llegaron a México en 1880 durante la época de Porfirio Díaz. Durante esta temporada llegaron algunas familias inmigrantes alemanes al país, entre ellos los dueños de la casa de instrumentos musicales Wagner y Levien.
Esta familia era conocida por su reconocida marca de pianos, pero no solo tenía estos instrumentos, ya que también trajo los organillos, los cuales solían rentar a personas que querían ganar un poco de dinero si se ponían a tocarlo en las calles.
Sin embargo, Pomposo Gaona, se encargó de adquirir más de 200 organillos para continuar con la tradición en México. Es aquí donde se agregaron algunas melodías mexicanas.
Al principio, la gente comenzó llamar «cilindro» al organillo y cilindreros a las personas que tocaban el instrumento. Sin embargo, en la actualidad se le conoce como organilleros.
La caja musical llega a pesar entre 30 a 50 kilogramos, mismos que deben soportar los organilleros para poder recorrer las calles del Centro Histórico.
Historiadores han reconocido que durante la época de la Revolución Mexicana, la tradición del organillo logró sobrevivir luego de que Pancho Villa integrara en su pelotón a un organillero para levantar el ánimo.
Esto también logra explicar porque el uniforme de los organilleros es color beige o caqui, similar al de los soldados de la Revolución Mexicana.


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