¡El maquiavélico invasor de Palacio Nacional, se niega a renunciar!

…BLAS A. BUENDÍA
Usualmente, en toda la historia postrevolucionaria, México ha sufrido de miles de calamidades de quienes llegan al poder por la vía democrática, creen ser los estrictos dueños de millones de mexicanos implantando sistemas adversos en contra del desarrollo democrático y social, pero están completamente equivocados porque sus decisiones pueden provocar un estallamiento social con el costo sabido de que pudieran haber un baño de sangre en las calles de todo el país.
Ese es parte de la interpretación y “pensamiento” de un oligarca maquiavélico y sinvergüenza, invasor de Palacio Nacional, que se niega a renunciar, lo que ha despertado entre la comunidad intelectual y militares, su aversión en contra del actual presidente que está pulverizando a toda la nación. Lo ven, y no lo creen; lo sienten, pero no actúan en defensa de la Patria.
Ese fratricida muy conocido en Macuspana, Tabasco, el sujeto que de un balazo le arrebató la vida a su hermano José Ramón; el que dice ser un “reformista moralizador”, sigue destruyendo las instituciones republicanas, bajo la complicidad de Generales de División, vinculados con el manejo y manipulación de la Traición a la Patria para transformar a México en un narco Estado.
A últimas fechas, una triada de criminales oclocráticos, ha creado un estatus de poder de facto, donde militares —ahora constructores empresariales— y jefes de organizaciones criminales, amenazan continuamente con desaparecer a los periodistas críticos del sistema, hoy atrapados por el fenómeno de la Oclocracia, de las permanentes amenazas de esa muchedumbre que se hizo del poder con base a engaños sistémicos y que ahora buscan eternizarse a costa de extender su imperio del terror.
Inspirado en la destreza de Nicolás Maquiavelo —importante pensador político italiano, escritor y estadista florentino y una figura histórica quien es mejor recordado por su obra maestra titulada El Príncipe, escrita en 1513, pero publicada luego de su muerte en 1532—, los políticos de todo el mundo tratan de igualarlo o superarlo, como es el caso del calumniador de Palacio Nacional.
La novela El Príncipe constituye un importante aporte a la concepción moderna de la política. En este sentido, es una obra que contradice la tradición filosófica del pensamiento político antiguo en la cual la práctica política se encuentra ensombrecida por la idealización de gobiernos y ciudades utópicas, peor aún, surgidas del oclocratismo puro.
Y no es para menos. Todos los seres que han gobernado a sus países, si bien estudian y analizan los crueles pensamientos de Nicolás Maquiavelo, buscan a como dé lugar establecer regímenes autoritarios que en concomitancia con el poder de las botas militares, establecen revanchismos a ultranza en contra de sus pueblos.
México no es la excepción porque Andrés Manuel López Obrador, quien no ama a México, sus oponentes le han construido una retahíla de cuando menos 140 adjetivos descriptivos. Todos acertados, sin causar Daño Moral.
Si la prensa en general fuera más inteligente y evaluara la funcionalidad de cada operador político en las presidencias, sería una victoria ignorarlos porque aquéllos verían canceladas sus promociones de sus perfiles vinculatorios entre el bien y el mal, y ser sujetos del escrutinio de jueces, magistrados y ministros de la Corte, para que éstos hagan valer el estricto e incólume contenido de nuestras leyes.
Existe plena coincidencia en esa misma inspección social, al coincidir que López Obrador es un cretino marrullero porque sus programas sociales carecen de una viabilidad para el desarrollo de la nación, regala dinero que no es suyo porque esa riqueza proviene de los impuestos que aportan millones de trabajadores mexicanos. A ese López nadie le puede sacar ni una limosna, y mucho menos un quinto de su bolsillo, porque desgraciadamente es tacaño.
Lo que ocurre en este orden de idea, es que explota la necesidad de los pobres corrompiéndolos con ínfimas cantidades de dinero, cuando esa riqueza debería ser distribuida en terreno parejo.
Pero no. López Obrador ve en la pobreza una beta no solo de ignorancia, sino que abusa de esos andrajosos y pordioseros que lucen su descuido personal, con melenas y barbas ralas, ojos opacos, alientos alcoholizados y con manos huesudas totalmente sucias. Ese es el México miserable que está construyendo Obrador, un priista del pasado contumaz.
Pero la historia humana de la lucha por el poder no solamente es progresiva, sino en ese vaivén ronda el fantasma de la muerte, donde con sentido comunista, el tirano oclócrata tabasqueño, se burla de las propias necesidades de millones de empobrecidos.
Al bravucón e insolente inquilino de Palacio Nacional, no le importa que ese pueblo que califica de “sabio e inteligente”, lo vea físicamente fallecido. Claro está, el Pueblo es sabio, y párenle de contar...
En cambio, Andrés Manuel López Obrador no quiere reconocer que no nada más es sabio, sino también muy digno. En la votación para la Revocación del Mandato, ese pueblo sabio se comportó con seriedad, responsabilidad y respeto hacia sí mismo, sin permitir que se rebajara su dignidad, con el mundo de falsedades de ser un deshumanizado.
El futuro electoral del 2024 está bajo reserva, pero en la víspera de ese domingo tan esperado del 2 de junio, el arrogante y bufón oligarca de Andrés, seguirá siendo la comilonga muy propia de una cena de negros, de hoy en adelante.
Entre millones de mexicanos, existe un abrumador alarido de ese pueblo engañado que seguirá exigiendo “¡justicia!”, toda vez que desde las mismas entrañas del poder militar, hubo un teniente coronel identificado con el nombre de Enrique Cobos Alcocer, radicado en Hermosillo, Sonora, al publicar vía Internet una elocuente carta, va dirigida nada menos que al Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, cuyo contenido, así como deleita, también conmueve:

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