El fascista habla todo el tiempo de corrupción. Lo hizo en Italia en 1922, en Alemania en 1933
BLAS A. BUENDÍA

Aquel eslogan que hizo historia entre el mundo de la mentira, “honestidad valiente”, hoy en día se transforma en una falaz mecánica de hacerle creer a la sociedad que este gobierno “estaría haciendo bien las cosas”.
Y si bien esa misma sociedad, un tanto más agraviada, se halla en el limbo sobre su futuro inmediato, no tendrá más remedio que soportar a un gobernante que está enajenado por el comunismo.
El filósofo italiano Roberto Bobbio, parafraseando la destreza de su pensamiento, “el fascista habla todo el tiempo de corrupción. Lo hizo en Italia en 1922, en Alemania en 1933, y en Brasil en 1964.
“Acusa, insulta, agrede como si fuera puro y honesto. Pero el fascista es solo un criminal, un sociópata que persigue una carrera política. En el poder, no vacila en torturar, violar, robar sus pertenencias, su libertad y sus derechos. Más que corrupción, el fascista practica la maldad”. (Termina la cita)
Pero el neoliberalismo corrupto, desde un principio, el neoliberalismo se expandió en medio de la corrupción porque el viraje programático se dio sin ruptura política, es decir, dentro del viejo Estado corrupto. Por eso, las izquierdas, al exigir democracia y rechazar la política económica, también denunciaban la corrupción. A través de los tiempos, esas izquierdas también fueron presas frases para corrompoerse.
En este contexto, para el prestigiado abogado Alberto Woolrich Ortiz, señala que “después de un muy largo periplo de cincuenta y seis años que me permití hacer en compañía de la patente que me autoriza ejercer la carrera de licenciado en derecho, por todos los recintos de justicia de la Nación, solo me resta desintoxicarme de tanta corrupción e incorrecta aplicación de la ley, propiciada por diversas autoridades de la época del neoliberalismo, misma que fue lamentablemente heredada a la Cuarta Transformación de la República, para volver con mayores bríos a la brega cotidiana de tribunales y defender a brazo partido los indeclinables principios jurídicos contenidos en el Pacto Federal”.
Si bien refiere que “todo viaje que se respeta, y por sobre todo los abogados con muy largas horas de vuelo, lo iniciamos sabiendo que la justicia no se vende, lo que se vende es la injusticia, precisa que “desde el jurista de los primeros tiempos, hasta los actuales, los abogados hemos ejercido siempre nuestra profesión con la más completa conciencia de que la justicia que se imparte en nuestros recintos debe ser gratuita, tal como lo ordena el espíritu y mandato Constitucional inserto en el artículo 17 y no debemos dejar de proclamarlo como uno de los más sagrados derechos de los mexicanos”.
El abogado Alberto Woolrich, quien es presidente de la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, A. C., dijo que “fue y es un deleznable espectáculo ver a funcionarios de la justicia que han deshonrado la profesión en el pasado reciente y esos pseudo togados se abstuvieron de defender valerosamente los derechos imprescriptibles de nuestra Carta Magna; supieron brillar defendiendo la ‘arbitrariedad’ y la ‘corrupción’, defendieran los ‘derechos’ de lo ‘injusto’, de la ‘indignidad’ y ‘del abuso de autoridad’”.
Ejemplifica: “¡¡¡Vale recordar lo que aconteció en Tlalixcoyan!!!. ¡¡¡Hay que recordar la indignidad!!!. Los hechos fueron recopilados y contados en una averiguación previa presentada ante la Procuraduría General de la República, la cual nunca quiso ser indagada, no obstante los excesivos pedimentos para que se actuara como mandata la Constitución y no quiso ser indagada, por el solo hecho de que al Estado no le convenía que se supiera que había creado alianzas con el narcotráfico. Hay que recordar esa indignidad.
“Con esa canallada –añade- se atacó a bala y plomo a México, a sus instituciones y a sus leyes y la consecuencia fue y es imponente, se prostituyó la justicia, se pisoteó nuestra Constitución Política, se manchó de excremento a México, a pesar de las protestas del Foro Independiente de la República y de la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, A. C.
“Pero aquí –remarca- en la Cuarta Transformación no debe ni tiene que ocurrir aquello de brindar impunidad a la delincuencia del poder. Los dirigentes de la misma se ofrecieron, prometieron, se comprometieron a rescatar a nuestra justicia, salvar a México de la inmundicia de la corrupción en nuestros recintos de impartición, procuración y administración de justicia y no lo han hecho.
“Hay un medio decisivo para saber si lo expuesto con antelación es verdad o una impostura. Cuando un País atraviesa por crisis supremas de corrupción, cuando siente que todo va a sucumbir, cuando aún deben ser evocadas aquellas palabras pronunciadas desde Washington, que hoy me permito recordar: ‘Bajo los puentes de la Procuraduría General de la República, corren dos ríos. Uno de mierda y el otro de dólares’, cuando aún se encuentran vigentes las imputaciones efectuadas desde una Corte Federal en New York expresadas por “El Chapo” al decir ‘uno de los protectores del narcotráfico lo es ….. y pronunció su nombre. La justicia debe actuar”.
Ante estos escenarios, el penalista Woolrich puntualiza: “¿Dónde está la moral, la virtud, lo prometido? Sólo me resta decir ¡Ya veremos!”
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