DOCTOR O ESCLAVO

ELIZABETH TAPIA SILVA. …………….
La sombra que susurra, guardias médicas y costo invisible, del desvelo en los hospitales donde la noche confunde al personal médico en general con fantasmas
Los pasillos de los hospitales, en general, son testigos mudos de la gente que deambula por estos lugares y en ocasiones son confundidos con fantasmas.
En días de “Día de Muertos”, los vivos conviven con la memoria de quienes ya no están, y otro tipo de sombras se hacen presentes y que en ocasiones, los enfermos y familiares de estos les llaman “fantasmas”.
No se trata de almas en pena, sino de un fenómeno mucho más tangible: las guardias médicas extremas, provocan que los doctores, enfermeras y hasta los mismos camilleros y demás personal de los hospitales deambulan por los pasillos, algunos arrastrando los pies por el cansancio.
Al llegar la noche, en la penumbra de los hospitales, algunas figuras parecen cobrar vida. Susurros, luces que titilan, pasos que no se oyen, pero no son fantasmas, son los efectos del agotamiento extremo, de las alucinaciones por privación de sueño y de un sistema que ha normalizado lo antinatural.
Desde la Edad Media, los hospitales fueron instituciones religiosas dedicadas al cuidado de enfermos y peregrinos. Las vigilias eran parte del deber moral: monjes y enfermeras velaban durante la noche sin horarios ni descanso.
Durante el Renacimiento y el siglo XVIII, los hospitales comenzaron a organizarse por tipo de enfermedad, sin embargo, los médicos dormían sobre bancos o escritorios.
La higiene era mínima, las infecciones comunes y el desvelo, ya entonces, una forma de vocación.
En el siglo XIX, Florence Nightingale revolucionó la higiene y la organización hospitalaria, pero las largas noches de guardia continuaron, sin que las autoridades correspondientes tomarán en cuenta que el cansancio y falta de sueño perjudicaba a los doctores, enfermeras y en general, personal dedicado al ser
El cuerpo puede resistir mucho, pero el alma también necesita descanso. Permanecer despierto seguía considerándose un signo de compromiso, incluso de heroísmo.
En México, los médicos residentes enfrentan guardias de hasta 36 horas continuas. Estudios han demostrado que esta práctica genera estrés crónico, déficit cognitivo, disminución del rendimiento y mayor riesgo de errores médicos.
En España, el 80 por ciento de los residentes supera las 48 horas semanales recomendadas por la European Working Time Directive.
En Grecia, el 58 % de los trabajadores por turnos reporta sueño insatisfactorio.
En Corea y otros países occidentales, entre el 35 % y 40 % de los profesionales de salud sufren fatiga crónica.
A pesar del progreso tecnológico, la sobrecarga y la falta de descanso siguen siendo un problema global, pendiente de legislar y de reconocerse como un asunto de salud pública y derechos humanos.
El agotamiento prolongado puede causar alucinaciones, confusión y la sensación de “ver sombras donde no las hay”.
El cuerpo permanece en el hospital, pero la mente se disocia entre la vigilia y el sueño.
Algunos lo llaman “turno nocturno”; otros, simplemente, sobrevivir al sistema que nunca duerme.
La verdadera historia detrás de los “fantasmas hospitalarios” no está en lo paranormal, sino en la normalización del cansancio. Las sombras no nacen del miedo: nacen del agotamiento.
El miedo no está en los pasillos. Está en el sistema que los hace interminables. Porque ninguna sombra debería nacer del cansancio. Porque la dignidad también tiene guardia.

Comentarios