Cuando el poder se mete a la oficina: favoritismos, despidos y el desorden
- 19 ene
- 2 Min. de lectura

En la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), algo dejó de funcionar. No se trata de falta de talento, presupuesto o proyectos; el problema, advierten trabajadores de la propia dependencia, es más simple y más grave: el poder personal comenzó a imponerse sobre el criterio técnico.
Durante las últimas semanas, personal con años de experiencia —responsable de sacar adelante áreas estratégicas, operar programas y sostener procesos complejos— ha sido desplazado sin explicaciones claras. En su lugar, han llegado perfiles sin formación ni conocimiento del sector, sin trayectoria en ciencia, tecnología o administración pública, pero con un rasgo en común: su cercanía personal con el círculo más íntimo de un subsecretario.
Las decisiones, según relatan fuentes internas, no pasan por evaluaciones de desempeño ni por necesidades institucionales. Pasan por otro filtro. Uno informal, opaco y profundamente dañino para una Secretaría que debería regirse por mérito, evidencia y profesionalismo.
“El problema no es que entre gente nueva, es que entra gente que no sabe nada y no pregunta”, explica un trabajador con más de una década en la institución. “Y mientras tanto, sacan a quienes sí sabían cómo operar. Así no hay proyecto que aguante”.
El resultado ya se resiente: áreas desarticuladas, tareas duplicadas, decisiones retrasadas y una sensación generalizada de caos. La SECIHTI, creada para ser un eje estratégico del desarrollo nacional, empieza a parecer una oficina tomada por la improvisación y los favoritismos.
Más preocupante aún es el clima interno. El miedo a hablar, la incertidumbre laboral y la percepción de que el trabajo bien hecho no protege a nadie han encendido alertas entre el personal. En privado, muchos coinciden en la misma frase: “La Secretaría se está cayendo desde adentro”.
No es un tema menor ni un chisme administrativo. Cuando una institución encargada de coordinar la política científica del país comienza a operar bajo lógicas personales —y no institucionales— el daño trasciende oficinas y escritorios. Se debilita la política pública, se desperdicia capacidad técnica y se erosiona la confianza interna.
La ciencia, la tecnología y la innovación no se construyen con lealtades personales ni con relaciones trasladadas al organigrama. Se construyen con conocimiento, experiencia y reglas claras. Todo lo contrario a lo que hoy, según sus propios trabajadores, empieza a dominar en la SECIHTI.

Comentarios