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CHISPAS

27 abr 2021
3 min de lectura



DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES (1 DE MAYO). Pocas personas no están enteradas del surgimiento de una importante fecha a nivel mundial: el Día internacional de los trabajadores o 1 de mayo; a historia revela que desde su establecimiento en la mayoría de países (aunque la consideración del día festivo fue en muchos casos tardía) por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, es considerada una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago.

Estos sindicalistas anarquistas, a diferencia de la autarquía (cuando un Estado pretende satisfacer sus necesidades con recursos propios, sin depender de los demás), gobierno de uno mismo, un concepto de filosofía moral, la anarquía se refiere a una situación del orden político (fueron ejecutados en Estados Unidos por participar en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas, que tuvieron su origen en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la Revuelta de Haymarket. A partir de entonces se convirtió en una jornada reivindicativa de los derechos de los trabajadores en sentido general que es celebrada en mayor o menor medida en todo el mundo.

En Estados Unidos, Canadá y otros países no celebran esta conmemoración, en su lugar se conmemora el Labor Day, primer lunes de septiembre con un desfile realizado en Nueva York y organizado por la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor, en inglés). El presidente estadounidense Grover Cleveland, no auspició la celebración en septiembre por temor a que la fecha de mayo reforzase el movimiento socialista en los Estados Unidos desde 1882. Canadá se unió para festejar el primer lunes de septiembre en vez del primero de mayo a partir de 1894.

Los hechos que dieron lugar a esta remembranza están contextualizados en los albores de la Revolución Industrial en los Estados Unidos; finalizando el siglo XIX Chicago era la segunda ciudad con mayor número de habitantes en Estados Unidos; del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergaban a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes llegados de todo el mundo a lo largo del siglo XIX. La reivindicación de la jornada laboral de 8 horas de trabajo.

Las malas condiciones laborales de los trabajadores en plena Revolución Industrial contribuyeron al surgimiento del movimiento obrero y sus reivindicaciones; una de ellas, básicas de los trabajadores, era la jornada de ocho hora, los objetivos prioritarios consistían en hacer valer el aforismo de: “ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso”. En este contexto se produjeron varios movimientos; en 1829 se constituyó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas.

Anteriormente existió una ley que prohibía trabajar más de 18 horas, “salvo caso de necesidad”; si no había tal insuficiencia, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que hubiese obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de 18 horas diarias debía pagar una multa de 25 dólares.

La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor (Federación Estadounidense del Trabajo), inicialmente socialista, aunque algunas fuentes señalan su origen anarquista). En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, ésta había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas, iniciando huelga si no se obtenía esta reivindicación; asimismo exhortando a todas las uniones sindicales que tratasen de crear leyes en ese sentido dentro de sus jurisdicciones.

Esta resolución despertó el interés de las organizaciones, que veían la posibilidad de obtener mayor cantidad de puestos de trabajo con la jornada de ocho horas, reduciendo el paro. En 1868, el presidente Andrew Johnson promulgó la llamada ley Ingersoll, estableciendo la jornada de ocho horas; al poco tiempo, diecinueve estados sancionaron leyes con jornadas máximas de ocho y diez horas, aunque siempre con cláusulas que permitían aumentarlas a entre 14 y 18 horas.

Aun así, debido a la falta de cumplimiento de la ley Ingersoll, las organizaciones laborales y sindicales de Estados Unidos se movilizaron; la prensa generalista de Estados Unidos, reaccionaria y alineándose con las tesis empresariales, calificaba el movimiento como “indignante e irrespetuoso”, “delirio de lunáticos poco patriotas”, manifestando que era “lo mismo requerir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo”. Continuará…

 
 
 

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