Cambiar el rumbo de México: una muestra de la responsabilidad

Gobernar también es aprender y adaptar las políticas a las necesidades de una sociedad diversa y cambiante. En momentos de grandes desafíos, la capacidad de adaptación puede ser la diferencia entre profundizar los problemas o crear oportunidades.
La relación con Estados Unidos es un ejemplo claro. La estabilidad de América del Norte depende de encontrar soluciones compartidas en temas como comercio, seguridad, migración y desarrollo. La evidencia y el análisis técnico deben ser herramientas para construir confianza y no para alimentar desencuentros.
Algo similar ocurre con la economía. El crecimiento requiere recuperar la inversión pública y privada, fortalecer la confianza y asegurar finanzas públicas sostenibles. La recaudación muestra que los trabajadores formales siguen siendo un componente central de los ingresos tributarios, pero una economía dinámica necesita empresas productivas, empleos de calidad y condiciones que permitan invertir. La política económica debe partir de estos datos para encontrar nuevos equilibrios.
Otro ejemplo: durante años se asumió que aumentar el presupuesto era la respuesta principal a la crisis del sector salud. Sin embargo, los datos recientes sugieren que los recursos, por sí solos, no garantizan mejores servicios. Entre 2018 y 2024 aumentó el gasto destinado a población sin seguridad social, pero disminuyó el número de personas que reportaron acceso a servicios públicos de salud.
Contar con evidencia no significa abandonar convicciones, sino mejorar las herramientas para cumplir objetivos comunes. Revisar el rumbo cuando los resultados no son los esperados es una muestra de responsabilidad pública.

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