Bestia de Palacio Nacional, piedra maldita del populismo patibulario

El esperpéntico régimen de Andrés Manuel López Obrador ya tiene garantizado un muy merecido lugar en el basurero de la historia por múltiples razones, sentencian politólogos quienes coinciden que “será recordado como un gobierno de Estado criminal sin precedentes” al negar por omisión, atender al sector salud principalmente, que al no distribuir los medicamentos necesarios y hacer frente a la pandemia del coronavirus y a los niños con cáncer, cientos de miles de connacionales han fallecido por culpa del comunista tabasqueño que hoy arrastra el estigma de ser un genocida.
Su esquizofrénica y fallida “estrategia” contra la narco-violencia, el patético y oneroso sueño guajiro de resucitar a una empresa paraestatal de por sí ya quebrada desde hace varios sexenios y el quebranto patrimonial provocado por la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, el NAIM, fue una de tantas ocurrencias que costó treinta veces más que la “estafa maestra”, donde su protagonista Rosario Robles Berlanga sigue figurando como la primera presa política del fracaso sexenio del Caín de Macuspana.
El apoyo incondicional que el gran líder le brindó a un violador con nexos criminales y las decenas de miles de mentiras que el demagogo ha expectorado durante sus inmundas homilías postfactuales degradando irresponsablemente el discurso público, con un presunto “politólogo”, que por igual, rebaja mucho el alcance de su saber.
A López Obrador no le tiembla la mandíbula por donde emergen las mentiras, ya que los feroces, constantes y antidemocráticos ataques en contra de la sociedad civil, la prensa, las instituciones autónomas, la división de poderes y el árbitro electoral, también lo ubican en las bajezas y desatinos.
Pero la mancha indeleble que debe marcar para siempre a Obrador y a su secta de cabecillas, es el bochornoso e indignante caso del desabasto de medicinas para niños con cáncer. Eso es imperdonable y sujeto de forma inmediata al escrutinio público de entablarle un juicio de procedencia.
El famoso AMLO rompe la inercia de lo inverosímil. La inocencia y fragilidad de las pequeñas víctimas exhibe en toda su perversidad al demagogo psicópata que decidió sacrificarlas en nombre de una ilusoria guerra contra la corrupción, y expone la podredumbre moral e intelectual del coro de hienas desalmadas encargadas de justificar y normalizar este y otros crímenes de lesa humanidad.
El repugnante espectáculo que ofrecieron los abyectos moneros del régimen y su invitado de deshonor, el Doctor Muerte Hugo López Gatell, el domingo 27 de junio, en un programa transmitido por la envilecida televisión pública, desató una guerra escandalosas de infamias.
La sociedad ya está cansada de soportar a esa plaga bíblica en el poder, ya que si bien “ya está curada de espantos”, la impudicia procaz que exhibió esta recua de malnacidos superó todo lo que habíamos atestiguado hasta ahora.
En el combate al narcotráfico, pareciera que su Fiscal General de la República maniobra en abyecta complicidad, es decir, a costa de lo que se diga, el régimen del costeño macuspano es el de “impunidad cero”, pues no ha tenido ni tendrá, absolutamente nada para restarle poder a los narcos políticos que llegaron al Poder Legislativo a través del voto popular. O sea, México ya enfrenta abierta y descaradamente con el crimen organizado dado que los carteles que operan en territorio nacional, orquestaron el apoyo a candidatos afines a los barones del narcotráfico.
Frente a ello, López no esconde figurar como un demagogo obtuso, soberbio y con ideas simplistas y maniqueas, y con una patética limitadísima visión del mundo, con su sobadísimo pretexto de la corrupción, bajo la férula y el control monopólico de la mentira
¿Por qué diablos no hay nadie en la cárcel, ni un solo expediente abierto en contra del narco?, la respuesta es simplemente explícita. Existe desde que llegó López al poder, les declaró la amnistía por lo que están protegidos por la “Impunidad Cero”.
El demagogo y bien calificado el Caín de Macuspana, dejó la verdadera corrupción intacta y despojó a los niños de medicamentos porque las voces en su cabeza le dijeron que las farmacéuticas eran “corruptas”.
Muy consciente la sociedad del pasado negro del ahora presidente, no le importa que mueran miles de niños por la falta de medicamentos, ya que desde que asesinó a su hermano José Ramón López Obrador, se dedicó a ser un criminal que actúa con una impunidad inaudita.
Ese despliegue de ineptitud criminal ya no sorprende a la sociedad, toda vez que lastimosamente más de 30 millones de mexicanos decidieron elegir como su líder a un loco imbécil con ínfulas mesiánicas, y los regímenes encabezados por ese tipo de personajes suelen cometer estupideces tremendamente destructivas.
Es ahí donde cabe la terminología de seguir aguantando tres años más a un régimen ocloclático, el cual está integrado por la más indigna ralea que se haya imaginado el mundo entero, más aún cuando México gozaba de un prestigio internacional que hoy día perdió.
Sus corifeos cumplen obedientemente la demencial orden del tirano, que de mantener a ese régimen oclocrático, provocará una hambruna apocalíptica que seguirá matando a millones de seres humanos en México por la falta de liquidez y la falta de empleos.
La bestia tabasqueña y sus sesudas ocurrencias, con paradigmáticas psiques enfermas que se revela en el profundo desprecio que sienten contra la gente que lee libros, y estudia, y sabe cosas, López Obrador sigue siendo un peligro para México. Pero la imbecilidad no es el peor defecto del demagogo, aunque su muy limitado intelecto la produzca en cantidades industriales.
Es un narcisista perverso es incapaz de reconocer un error. Es decir, para explicarlo mejor, una persona mentalmente sana perdería el sueño de por vida y viviría atormentada por los remordimientos si una equivocación suya le costara la vida a un solo niñito enfermo, pero para un psicópata desalmado nada, absolutamente nada, es más importante que proteger su frágil ego. A López ya no le incomoda ser un sinvergüenza de altos vuelos, si mató de un balazo a su hermano, ¿por qué no atentar con la vida de miles de niños más?
Las sabandijas taimadas que tiene a su alrededor “ni pio dicen”, llegan a fungir como los más sofisticados propagandistas del régimen obradorista, respetando la testarudez del tlatoani tabasqueño, alegando que “López es así” porque es bastante terco, no entiende de razones en comparación a otros agentes políticos que se les cree ser auténticos estadistas de sus naciones.
Desde que López asumió el poder presidencial, el cual le cayó como anillo al dedo, ha establecido un poder desmedido en contra de todo mundo, sin fallarle la omnipotencia, hoy menguada, por los sindicatos que se creían todos poderosos y que hoy son una lastraba para el crecimiento económico.,
Sobra la cobardía de líderes sindicales para contraatacar con el hostigamiento de una huelga nacional en contra del mal régimen sociópata delirante de la actualidad para que éste, a su vez, se trague su orgullo y finalmente ser doblegado empuñando la bandera blanca. Esos lidercillos de banqueta y pacotilla siguen siendo corruptos por naturaleza.
Pero la bestia tabasqueña, cruel y desquiciada medieval, solo observa “a sus rivales” como meras marionetas espantadas, que en todo momento seguirá evacuándose encima de ellos con sus menesterosas acusaciones de “corrupción”, acciones criminales y monstruosas con unas obstinación enfermiza
Paralelo a ese cáncer de poder, México necesita urgentemente poseer una ciudadanía crítica, decente y sólidamente comprometida con la democracia, y no solo sufragar por así decirlo, sino con una plena decisión de qué es lo que se quiere y qué es lo que se desea para el futuro de las próximas generaciones. De soslayar esa atribución constitucional, la sociedad entera seguirá siendo manipulada cuan títere de vodevil depreciado.
Bien lo define el catedrático e investigador universitario, Oscar E. Gastélum: López Obrador, de pilón seguirá inventando conspiraciones internacionales alucinantes, victimizándose asimismo como siempre lo ha hecho.
A los mexicanos les falta ese talento de valor como el de los ciudadanos franceses: “no esperarían ni 48 horas para desempolvar la guillotina en contra de su mal gobernante en caso de seguir negándose atender a las clases sociales más necesitadas”.
Ese himno francés de “libertad, libertad” no ha caducado jamás, incluso, Francia tiene esa franquicia de deponer a sus gobernantes cuando éstos no cumplen a cabalidad los preceptos de su Constitución.
En México es todo lo contrario. Si bien los politólogos lo consideraran como ”El Crimen del Siglo”, siguen presentándose cuadros conmovedores donde inexplicablemente aflora la cobardía de millones de malinchistas que permiten que el Ejecutivo les escupa hasta la cara.
Tenemos que echar a esta secta maligna del poder por la vía democrática –puntualiza Gastélum-, refundir en la cárcel a los criminales más conspicuos y asegurarnos de que nuestros hijos aprendan la durísima lección histórica que nos va a dejar esta pesadilla.
“Porque un país tan grande y con tanto potencial como México, no puede volver a tropezar con la piedra maldita del populismo porque ya es totalmente insostenible tanta humillación y la consiguiente degradación en contra de los mismos pobres que este régimen presume defender”.

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