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Anarquía social comunistoide, sello del retraso social de millones de mexicanos

2 sept 2021
8 min de lectura



Continuamente México se ha vestido de anarquía con los complejos ataques que han imperado y azuzados por el poder económico, político y financiero del narcotráfico, disputándose abiertamente los espacios de “mercado” en todo el país, el cual se ha convertido en un gran cementerio del mundo gracias a la implementación de un régimen socialcomunistoide.

En esa guerra totalitaria se han registrado decenas de muertos y heridos, escenarios tan semejantes a los atentados de Afganistán –la tierra del terrorismo opuesto a la convivencia de la paz mundial-, poniendo en máximo riesgo la Seguridad Nacional de todos los Estados, donde ni el histriónico llamado presidencial de “abrazos, no balazos”, hayan contenido sangrientas escenas trágicas que han enlutado a miles de familias en la República Mexicana.

Ante lo sombrío de este panorama, la contundencia de cómo ha venido operando el narco en México, significa por igual que es un somero madrazo para la democracia mexicana y a la peje presidencia de Obrador, éste contrariamente a lo que dicta la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, permitiendo la institucionalización operativa de infinidad de bandas delictivas, desatándose asimismo en una de las más crueles guerras más largas que haya tenido la historia de México.

El pandemónium que no es más que la “reunión de demonios con poder” -datando como una de las antiguas versiones del mito, sobre la lucha que llevan a cabo entre el pueblo elegido y los restantes-, hay uno que se convierte en enemigo arquetípico, generándose una gran confusión, ruido y griterío de la muchedumbre dando lugar a la reactivación de la oclocracia.

Dentro de esa esfera que aterriza en lo terrorífico, dicho pandemónium de las últimas semanas hacen ver que el sexenio de Obrador quedó atrapado en una visión apocalíptica con fines más que maléficos, desaparecer a muchas generaciones de mexicanos a como dé lugar…

De modo tal que Obrador y su pandemónium, se configuran en una sola bandera clasificada como una Cuarta Transformación, que a ciencia cierta representa la deformación social, ese pandemonio que también se auto-degenera en caos, desconcierto, anarquía, desorganización, desbarajuste, incoherencia, desgobierno, barullo, infierno, barahúnda, bataola, bulla, escándalo, ruido, algarabía, orgía o desorganización, y un largo etcétera.

De tal suerte que empleando los antónimos, las palabras que significan lo contrario a “pandemonio” son tranquilidad, gobernabilidad, ley, justicia, orden, mandato, regla, norma, paraíso, régimen, administración, paz, edén, silencios, serenidad, ecuanimidad, equilibrio, aplomo, equidad, o calma.

Y los ejemplos de uso son bastos, porque desde que Obrador asumió el poder, el descontrol se apoderó de la Cámara de Diputados y el recinto de San Lázaro se convirtió en un auténtico pandemonio.

El Gobierno ha ido decayendo tras las intensas protestas callejeras que han envuelto a la ciudad capital en tierra de nadie, en un auténtico pandemonio, a diferencia de lo que ocurre en Suiza, que es un país muy tranquilo para vivir y que no está acostumbrado al caos, sino que su cultura no es permisible los desajustes, lo que viene a la mente de ¿cómo reaccionaría la sociedad suiza ante un pandemónium al muy estilo de Andrés Manuel López Obrador? La respuesta se connotaría de inverisímiles risas y carcajadas…

El pandemónium de las últimas semanas, hacen ver que el sexenio de Obrador se ha contaminado por diversas razones, una de ellas, quizás la más apremiante, dejar en el abandono a millones de mexicanos que se debaten entre la vida y la muerte en los “fuegos cruzados” de narcos y elementos de la Guardia Nacional, muy característica de países que han sido rebasados por la inseguridad tercermundista.

Sin duda alguna, este tipo de acontecimientos, es otra de las peores crisis que emanan de un “gobierno” que no es gobierno, sino que la gobernabilidad está en manos de un narco-gobierno de facto, donde Obrador ha quedado como mudo expectante ante la tragedia que a largo plazo, políticamente impactará en su engendro de partido, MORENA, en la ociosa ampliación de su poder como “gobierno”.

México, país tan hermoso que no merece tener más a ingratos en el poder, se halla en una de las más peores crisis y encrucijadas de seguridad que se combina con el otro enemigo silencioso, la pandemia del Coronavirus, la cual se suma a la estela de dolor y muerte, trasmutando a la Cuarta Transformación, en una época letal de grandes magnitudes, y Obrador sigue negándose en ver estos peligros y contextos de la vida cotidiana.

El rostro de Obrador es adusto, como si no aceptara la realidad, toda vez que en sus sentimientos no hay un dejo de preocupación alguna. Presume tener sangre fría, aunque de antemano, la sociedad acusa que él es el principal culpable de todos los males que padece la República, convirtiéndolo en un auténtico genocida de lesa humanidad, por no respetar su apotegmático juramento en la asunción del poder, que es el de “…mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión…”

Su protesta de “guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen”, lo rebasaron por los cuatro horizontes, tan igual como su 4T, ya que ni ha “…desempeñado leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido…”

Pero el sometimiento de un pueblo agachón y cobarde, siempre ha permitido vivir su plena amargura, ya que se ve que ese otro aparejado enunciado de “…y si así no lo hiciere que la nación me lo demande…", para Obrador solo es un juego de palabras, una entonación juguetona para el famoso fratricida Caín de Macuspana.

Conforme se va acrecentando la inseguridad nacional, el político tabasqueño -a quien jocosamente su pueblo, severamente vengativo, no lo baja como el “presidente KK’s”-, a tres años de que termine el pandemónium de su gobierno sexenal, inicia un epílogo siniestro por el detalle de que el fantasma de Don Porfirio Díaz Mori, ya le contaminó el occipital de su cerebro con su pretendida reelección.

Entre la sociedad también gravita el inconsciente colectivo sobre el hecho de que “México estaba mucho mejor con los neoliberales”, que con los catecúmenos del sociópatismo, el cual lleva una corona triple de narcisismo, maquiavelismo y sociópatismo, en el poder del país.

Los continuos ataques del narco contra agentes federales de la Nacional, a fuego cruzado, los indefensos mexicanos ya no saben hacia dónde correr para protegerse de todos estos ataques extremistas que no cesan en cubrir de luto a miles de familias, dejando una profunda cicatriz en la de por sí endeble credibilidad de la presidencia amlista, así como el de su grupo parlamentario en el Congreso, visibles cómplices ataviados de “guerrilleros de Estado”, solo que con corbata hechas de telas finas.

La popularidad de Obrador ya no es la misma de antaño. Está colocado en el tobogán, ya que las encuestas de prestigiadas firmas, aseguran que van cuesta abajo, que para muchos agentes de poder, se trata de una herencia política maldita que ha perdurado más de dos décadas, desde Vicente Fox Quesada, pasando por Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, quien ha pagado los platos de los consuetudinarios gobiernos caracterizados por lo pésimo e inevitablemente malos.

Paradójicamente, la redundante frase “no somos iguales a los del pasado” por parte de Obrador, la gran mayoría del país -que en su momento encumbró a Obrador en la presidencia, en 2018-, los sondeos advierten que si en estos momentos fueran las elecciones presidenciales del 2024, sin duda alguna Morena y su actual presidente, “se irían al basurero de la historia”, por el alto e imperdonable grado de ineptitud.

Gustavo de Hoyos, ¿presidente?. Según, el 2024 será un año de grandes cambios electorales, siempre y cuando la Alianza Va por México, integrada por los partidos PAN-PRI-PRD, presenten a un candidato de unidad que bien podría surgir de la iniciativa privada, figurando uno de los líderes de las cúpulas empresariales, Gustavo de Hoyos.

En él, radicaría la nueva sangre de políticos mexicanos, como lo adelantaría a este reportero el Doctor Édgar Elías Azar, ex presidente del Poder Judicial de la Ciudad de México, y ex embajador de México en los Países Bajos, con sede en Holanda.

De Hoyos cuenta con una estructura nacional que lo distingue como uno de los grandes corporativos de la República Mexicana, adherido a un conjunto de Órganos de Gobierno que rige su actuar, estableciendo la gobernanza como organismo patronal.

Frente a esta amalgama política coherente, las elecciones presidenciales del 2 de junio del 2024, se enlistarán como otra de las de mayor competencia con la tendencia de rescatar al México de nuestros abuelos que le dieron conciencia y legado patriótico a toda la Nación.

Por lo tanto, México ya debe dejar ese negro pasaje de su historia que es el populismo retrograda que siempre ha abanderado la ignorancia social, aparejado con la creación de cuerpos delictivos desestabilizadores para eternizarse en el poder, cuan tiranos, dictadores, opresores, arbitrarios, injustos, déspotas y autócratas, podría uno imaginar.

La reconstrucción pacífica de la República, sigue siendo un pendiente histórico de los mexicanos, de no hacerlo, volverán a tropezar con la misma piedra del fenómeno de la Oclocracia -término acuñado por el historiador y filósofo griego Polibio-, enalteciendo gobiernos surgidos de la muchedumbre, siendo una de las formas de degeneración de la democracia, del mismo modo que de la monarquía que puede degenerar en tiranía o la aristocracia en oligarquía.

Mercenarios del Pejestorio. Pero la tarea no será tan fácil por vencer a la tiranía del Pejestorio, toda vez que éste cuenta con mercenarios y asesinos a sueldo fijo. “El poder se ejerce, no se presta”, sentencian analistas geopolíticos, quienes hacen votos porque los mexicanos velen por sí mismo su futuro que hoy se encuentra en ciernes y en un extremoso peligro de que la oclocracia perdure cuando menos medio siglo.

La ambiciosa agenda doméstica de Obrador, pilar engañoso de su desastrosa administración como gobierno, ha espantado a la inversión extranjera, misma que ha avizorado en la arena internacional, los riesgos y peligros de establecer polos de desarrollo en un país, como México, que se halla polarizado y dominado por el crimen organizado.

En los sondeos, alrededor de seis de cada diez mexicanos están a favor de que ya termine este calvario implantado por el oclocrático, cleptómano y autócrata Obrador, toda vez que la crítica está en boca de los más de 30 millones que votaron a su favor, “y su salida, renuncia, dimisión o declararse mentalmente incapacitado”, ya lo ven con buenos ojos.

Esos más de 30 millones de mexicanos estarían agraciados por semejante determinación, porque ante todo, el mismo Obrador sabe de sus debilidades aun cuando se auto-considera un enviado por Dios, un Mesías y un salvador, que en los hechos, lo rebasa sus maquiavélicos sueños guajiros.

Al inicio de su presidencia, Obrador presumió hasta la saciedad, pudiera ser mejor que el presidente Benito Juárez, pero lastimosamente nunca podrá emularlo, sino por el contrario, el nombre de Andrés Manuel López Obrador ya aparece al lado de los dictadores más crueles de la historia universal, quienes encabezaron las viejas concepciones de los antiguos regímenes sanguinarios.

La derrota del próximo candidato presidencial por MORENA, se estaciona con la etiqueta de “pronóstico reservado”, aunque el sentir patriótico de millones de mexicanos, no perdonará al pésimo gobierno de Obrador, porque éste teniendo todas las herramientas del poder, hizo mal de ellas, enriqueció a sus engendros vástagos, concretizó la parafernalia del nepotismo ubicando a sus parientes en cargos públicos y permitió que la corrupción de sus hermanos fueran el confort cotidiano y el elixir del poder para asaltar, literalmente, a empresarios y líderes sindicales. Toda esa dinastía surgida de la oclocracia, se empoderó para crear inestabilidad social en toda la Nación.

Empero, todavía existen quienes creen que Obrador –de quien se dice no ser mexicano por nacimiento, sino proveniente de El Salvador, cuya Acta de Nacimiento es celosamente resguardada por autoridades de ese conglomerado-, podría remontar su abismo pecaminoso camino, ante tantas muertes innecesarias por la guerra del narcotráfico aparejada con la pandemia del Coronavirus (Covid-19), sino que hoy por hoy, el político tabasqueño se ha convertido en un tenaz aliado del crimen organizado, representando la magnificencia de las pesadillas en un país que diariamente se debate entre la vida y la muerte, y no hay nadie quien lo salve o defienda en los foros internacionales.


 
 
 

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