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GUSTAVO SANTOS ZUÑIGA. …………………………..
LA LLORONA GRITA... El pasado 15 de septiembre los mexicanos fuimos testigos de la aparición de una mujer consumida por las preocupaciones y la desesperación evidente al ver que su mandato se ha yendo por las coladeras de la putrefacción política morenista.
Desde hace dos años, en un pueblo junto al río bravo, vive una mujer caracterizada por un rostro extraviado, con huellas de pesar y ojos rojos, como si el humo de la hierba buscase lagrimar.
Su ascendencia extranjera y "deuda moral" con su antecesor, con quien asumió el cargo de encargada de las llaves del cartel de Macuspana, en las últimas semanas siente que su irreal mundo se le desmorona, consumida por la ira y el poder, confrontando a sirios y troyanos; obviamente hablo de sus opositores o quienes no aplauden su insensatez, fue sacada de su sueño de esperanza, abrazos y vivir dentro de la más desbordante corrupción con la tranquilidad que esperaba.
En su alocución de la arenga de independencia y frente a miles de mexicanos, cegada por el adoctrinamiento, el abandono y crueldad de las tribus a las que representa, comprendió el error de sus actos y de manera estruendosa exhalo el tan histórico grito "Hay... mis narco funcionarios", "hay mis juniors presidenciales, hay mi soberanía".
El dolor que ataca su interior se intensifica día con día al darse cuenta de que jamás podrá recuperar lo perdido, es decir, la oportunidad histórica de haber podido pasar a la historia como la primera presidenta con "A de honesta, prudente, preparada, justa, equitativa y responsable" de un pueblo de 126 millones de mexicanos, que hartos de la impunidad, el tráfico de influencias, la inseguridad y el robo a despoblado del erario nacional, solo pide un gobierno con transparencia, que le devuelvan lo arrebatado y trabajen por la dignidad nacional.
“La Llorona” es una de las leyendas más conocidas y profundas del folclore mexicano, con raíces que se remontan a la época prehispánica y colonial. Aunque no se le atribuye un autor específico –al tratarse de tradición oral– hay versiones que podrían rastrearse hasta diversas regiones de México, especialmente en zonas donde sobreviven relatos indígenas fusionados con la narrativa mitómana traída durante la conquista.
Esta leyenda ha sido transmitida de generación en generación, adaptándose y enriqueciendo su simbolismo cultural. De acuerdo a versiones de asistentes al zócalo capitalino, el pasado martes nuevamente hizo una aparición. Todo indica que la leyenda sigue viva, que muere de pena, dicen, aquella noche, y su alma quedó allí, en pena. Desde entonces, vaga por el río, gimiendo, lamentando su culpa, buscando recuperar de las cenizas un país que ya perdió.

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