A BOTA PRONTO POLITICO

GUSTAVO SANTOS ZUÑIGA- -------------------------
La soberanía es la autoridad más elevada en la cual reside el poder político y público de un pueblo, una nación o un Estado sobre su territorio. Es también la independencia que tiene un Estado para crear sus leyes y controlar sus recursos sin coerción de otros Estados u actores externos.
Sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum subrayó que la soberanía nacional es el “derecho a ser nosotros mismos” y destacó que en 2025 se concretó una "reforma constitucional" que evidencia graves fatas a la Constitución Mexicana y, desde luego, a la soberanía y libertad de los mexicanos ante la oleada de cambios a las Leyes y sus reglamentos, la integración de una Suprema Corte de Justicia limitada en conocimientos y desacreditada por el acordeón, la corrupción, los vínculos con criminales y la manipulación oficializada.
En la teoría política, Jean Bodin se anticipo a lo que hoy sucede en nuestro país, afirmaba, en 1576, que el soberano de un Estado era el ser superior con poder de decisión. Esto es, de imponer leyes sin recibirlas de otro. Por lo tanto, el soberano solo estaba sujeto a la ley divina o natural.
Más tarde, en 1762, Jean-Jacques Rousseau definió la soberanía como un poder del pueblo, es decir, la denominada soberanía popular. Sin embargo, advertía que cada individuo era soberano y súbdito al mismo tiempo, lo que nos hacía iguales y libres a todos los ciudadanos. El término soberanía proviene del latín y está formado por el término sober-, que significa encima, el sufijo -anus, que se traduce como procedencia. Así, se refiere a la tenencia de poder o autoridad por encima de otros.
La soberanía es una sola, pero se aplica en diferentes ámbitos. El ejercicio de la autoridad dentro de un Estado, la gestión de sus recursos y las relaciones diplomáticas son solo algunos ejemplos de cómo se aplica la soberanía. Hoy lamentablemente se ésta perdiendo, la presencia del crimen organizado, los carteles y participación de algunos políticos, servidores públicos y marinos y militares puso en tela de juicio a la administración cuatrotrera, que toma decisiones con tan solo el 8 por ciento de aprobación de una población de 130 millones de mexicanos.
Si bien todos los ciudadanos tienen el derecho de ejercer su soberanía a través del voto, es necesario que el gobierno deje de influir en los resultados utilizando programas sociales del "bienestar", comprando voluntades, desapareciendo instituciones o colocando magistrados, jueces, servidores públicos o militares a modo.
Hoy el discurso de soberanía y libertad en México es solamente un mensaje de la institucionalización de la impunidad. La presencia del crimen organizado y la corrupción en todos los niveles de gobierno tiene ya consecuencias graves en el día a día de la administración federal.
La presidenta, algunos gobernadores y presidentes municipales dejaron ver el temor que sienten tras participar en eventos públicos abiertos, como fue el caso de las ceremonias Grito de Independencia.
En algunos casos suspendieron el tradicional festejo, en otros colocaron pantallas monumentales para difundir el evento vía video grabados y, hubo hasta quienes, prefirieron cerrar los ojos y dejar que los delincuentes participaran. La soberanía no puede reducirse a un acto jurídico o a un símbolo nacional; requiere, en términos prácticos, de la capacidad de monopolizar la violencia legítima y garantizar el orden en cada espacio del territorio. En México, la fragmentación del poder territorial revela una soberanía intermitente.
Los cárteles no sólo dominan corredores estratégicos de trasiego de drogas y armas, sino que también ejercen funciones propias de un proto-Estado.
En la narrativa institucional soberanía es solo un mito colectivo, imprescindible para mantener cohesión en las celebraciones patrias. No obstante, la contradicción es evidente: mientras a bombo y platillo se proclama autonomía frente al exterior, la práctica cotidiana revela un Estado que no logra garantizar el control interno. Perturbador pues.

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