Estamos viviendo tiempo muy difíciles para afectar más a los ciudadanos

Atravesamos la peor crisis económica en casi 100 años y hay ciertas acciones de este gobierno que NO abonan a la confianza en el país y, por el contrario, ahuyentan las inversiones y por lo tanto los empleos, que es lo que hoy más necesitamos para reactivar la economía del país y de la Ciudad.
Bastante daño han hecho acciones del Gobierno Federal como la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, la cancelación de una planta cervecera en Baja California y todo el cambio de reglas en el sector energético, por mencionar algunos ejemplos.
Y aquí en la Ciudad de México, también se han llevado a cabo acciones que minan la confianza de los inversionistas. Todo apunta a que hay un ataque sistemático a la propiedad privada.
Debemos partir de la premisa que la propiedad privada es uno de los principios básicos del liberalismo y pilar para el desarrollo económico de cualquier sociedad.
No es posible alcanzar prosperidad, sin el derecho a poseer y retener el fruto de nuestro trabajo.
Existe también muchísima evidencia respecto a que son más prósperos los países que más protegen la propiedad privada y que viven en un Estado de Derecho.
Por el contrario, donde no se defiende, es en los países más pobres y más autoritarios.
No obstante, aún hay voces en este Congreso en las que parece que ronda el fantasma socialista, lo cual es inadmisible.
Recordemos que el año pasado se intentó aprobar lo que se llamó el “derecho a invadir”, en el que se establecía que los desalojos forzosos sólo se podrían llevar a cabo en “casos excepcionales”, beneficiando así a los invasores y dejando atado de manos, por ejemplo, al dueño de una casa al que no le pagan renta o al dueño de un terreno invadido por “paracaidistas”.
Afortunadamente no prosperó. El segundo intento en contra de la propiedad privada fue cuando se pretendía aplicar la extinción de dominio a quien violara un sello de clausura. Bastaba con que un maldoso pasara por ahí para romper el sello y adiós propiedad y adiós libertad.
Afortunadamente esta tampoco prosperó. El tercer intentó fue hace unas semanas con lo llamamos la Ley Contra la Propiedad Privada, en la que bastaba que el inquilino dijera que no tiene dinero para pagar la renta, para que este no pudiera ser desalojado; o si por alguna razón, el dueño perdía el contrato de arrendamiento, perdía también los derechos sobre la propiedad, legalizando así el despojo y la invasión.
Esta, afortunadamente, tampoco pasó. Y la última, es la iniciativa que pretende prohibir las aplicaciones de hospedaje, violando así el derecho que tiene cualquier persona de arrendar su propiedad.
Y lo preocupante es que da la impresión de que ya no son hechos aislados, sino que hay una auténtica consigna de ir tras la propiedad privada. O de que el Estado mexicano ya no está dispuesto a garantizar el derecho a la propiedad privada.
Y eso definitivamente no lo podemos permitir bajo ninguna circunstancia.
Para quienes creemos en el liberalismo económico, la propiedad privada es sagrada
Probablemente algunos de este Congreso no comulgan con el liberalismo económico y se inclinan más por ideas socialistoides, pero lo que les quiero hacer ver es que este es el peor momento para implementar esas medidas.
La economía está por los suelos. Las familias no tienen para comer. Necesitamos, a como dé lugar, dar certeza jurídica, inspirar confianza a las inversiones como ciudad y como país, de tal forma que se generen empleos. Es la única forma de salir de este hoyo en el que estamos.
Es por eso que pongo a su consideración que nos comprometamos como Congreso de la Ciudad de México, a cuidar y a defender la propiedad privada. Ya sea por convencimiento o por mera conveniencia.
Yo, en lo personal, estoy más convencida que nunca que debemos luchar por los derechos inalienables del ser humano: el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad.
De lo contrario, estaremos destinando a la ciudadanía a la pobreza y al autoritarismo. Tal y como ha ocurrido en todos y cada uno de las países que han puesto en práctica el socialismo.

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