AMLO no garantiza ninguna confiabilidad

Gustavo Díaz Ordaz, Adolfo López Mateos y José López Portillo, figuran como los presidentes que en su época, pese a las crisis económicas y financieras recurrentes que han azotado al país, fueron quienes registraron mejores porcentajes durante sus administraciones en el promedio de crecimiento económico anual por sexenio, es decir, un Producto Interno Bruto (PIB) que englobalizaba mejores perspectivas.
A comparación del actual sexenio de Andrés Manuel López Obrador que registró un fabuloso y nulo 0.0%, refleja que su sexenio inició con un desastre jamás visto en toda la historia del país; el pueblo reconoce que “México estaba mucho mejor sin López Obrador”, que en suma ha limitado y ahorcado todos los bienes y servicios finales producidos por la nación.
Fuera de lo que también se adhiere a un crecimiento per cápita con fluctuaciones de la cotización entre el peso-dólar (estadounidense) desde cuando valía 12.50 pesos (viejos) por unidad desde 1958 y que a través de los tiempos se han registrado devaluaciones hasta llegar a los 19.51 pesos en el sexenio del prisita Enrique Peña Nieto, con el ex priista López Obrador pareciera que en cualquier momento esa barrera podría romperse que, ante su paupérrimo crecimiento, podría haber una devaluación hasta de 30 pesos.
El promedio del crecimiento económico anual por sexenio desde la época del general y presidente constitucional Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940) hasta Enrique Peña (2012-2018), han fluctuado abismalmente entre el 2.05% con el defenestrado genocida Gustavo Díaz Ordaz, ubicándolo en primer sitio, con el 6.75%.
Le sigue en segundo lugar Adolfo López Mateos (1958-1964), cuyo crecimiento anual, si bien fue del 6.73%, la población tenía un nivel de vida aceptable, a comparación del sexenio de José López Portillo (1976 a 1982) que registró en el primer año de su gobierno 6.51%.
López Obrador no garantiza ninguna confiabilidad, y mucho menos que sea la panacea que tanto pregonaba al compararse erróneamente con el Estadista Benito Juárez García.
La debacle sexenal se presentó desde la época de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), con el 0.18%, con ciertas elevaciones en las subsiguientes administraciones.
De tal manera que Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), con el 3.91%; Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), con el 3.39%; luego entonces, llegó la alternancia con los panistas Vicente Fox Quesada (2000-2006) y Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012), con el 2.03% y 2.04%, respectivamente.
El PIB se mantuvo en esa tesitura porcentual anual, que aun cuando el Partido Revolucionario Institucional rescataría la Primera Magistratura de la Nación, el presidente Peña Nieto trajo aparejado el desarrollo de los mexicanos con un crecimiento anual del 2.5%.
Pero lo que no tuvo nombre y luego de andar cacaraquear y presumiendo que “iban a mejorar las cosas”, graso error fue el que cometió el pueblo de México al dejarse llevar por las cortinas de humo y las sistemáticas mentiras provenientes de un ex priista (Andrés Manuel López Obrador), al sufragar por el tabasqueño en una elección histórica, encumbrándolo legítimamente en el poder con 30 millones de votos.
El 0.0% del PIB en su primer año de gobierno, refleja que el López sigue teniendo la idea de mantener una campaña en contra de sus antagónicos políticos, en lugar de ponerse la camiseta como el máximo representante del país que ya es dominado por el paralelismo del Crimen Organizado, sentado sus reales construyendo un gobierno de facto.
En las redes sociales se mantiene la idea que en las pasadas elecciones NO ganó López Obrador, ganó la Oclocracia que se conjuga con el resentimiento, la envidia, el fracaso, la decepción, el odio, y que ante el oportunismo, se generó paulatinamente un monstruoso nepotismo, el pago de facturas a favor de sus llamados chairos, han sido habilitados en cargos públicos sin contar con un título académico que los pueda acreditar en el Servicio Público de Carrera.
La tendencia de paz social en México prácticamente está perdida, México padece de un Estado fallido donde el propio López Obrador desde el inicio de su sexenio, llamó a la sociedad “hacerse justicia por su propia mano” y no confiar con la suscripción de las Leyes, desconociendo asimismo el pragmatismo que se guarnece en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
La Oclocracia se consume cuando la decisión no la toma el pueblo, sino la muchedumbre. El filósofo griego Polibio, en sus tesis, afirmaba: “Cuando el pueblo es manipulado y decide sin información, es el peor de los sistemas políticos, el último estado de la degradación del poder, o sea, degeneración de la democracia”, de tal suerte que la Oclocracia se nutre del rencor y la ignorancia y es lo que México está sufriendo, un terrorismo de Estado.
A mayor abundamiento, Polibio (Megalópolis, Grecia, 200 a. C.-118 a. C.) fue un historiador griego. Es considerado uno de los historiadores más importantes, debido a que es el primero que escribe una historia universal.
Su propósito central fue explicar cómo pudo imponerse la hegemonía romana en la cuenca del Mediterráneo, mostrando cómo se encadenan los sucesos políticos y militares acontecidos en todos los rincones de este ámbito geográfico.
Además de esto, Polibio es el historiador antiguo que más ha escrito sobre la historia y sobre la forma de hacer Historia. En diferentes latitudes del planeta, la Oclocracia es retomada en la modernidad para forjar algunos de los puntos básicos que formaran la disciplina de la Teoría de la Historia, que a ciencia cierta, sus apreciaciones políticas siguen siendo consideradas aún hoy en día, material de estudio en diversas disciplinas, como la Ciencia Política o las Relaciones Internacionales.
Relacionado con lo anterior, la trilogía funcional primaria que es la División de Poderes, ha naufragado ya que López Obrador ha ido estableciendo estratégicamente una “perfecta dictadura” que a final de cuentas, si el Congreso de la Unión aun cuando el partido del Peje, MORENA, tiene una mayoría aplastante, ésta debe frenar las ambiciones del tabasqueño, porque de no hacerlo, el país podría ubicarse en la espiral del desbordamiento de una Guerra Civil.
“México estaba mucho mejor sin López Obrador”, se escucha con notable angustia entre la sociedad, haciendo votos que los actuales gobernantes de México, como país, deben renunciar a los siniestros cánones del Foro de Sao Paulo que está integrado por socialistas y comunistas anacrónicamente resentidos, quienes pretenden consolidar un bloque socialista en América Latina, que lógicamente no lo permitiría el Tío Sam.

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