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Médicos trabajan día y noche sin descanso, poniendo en riesgo a miles de pacientes

  • 22 abr 2019
  • 3 min de lectura

Mientras la ciudadanía descansa y duerme por la noche, miles de jóvenes médicos son sometidos a jornadas de trabajo de más de 36 horas continuas sin descanso, ni derecho a dormir, y aunque es antinatural, nadie ha querido impedir esta “masacre”,

Diputados y senadores de México, saben y están bien enterados que el internado y la residencia médica son eternos años de períodos prolongados de ayuno, de interminables guardias, de trabajos forzados, de privación del sueño y de constante aplanamiento del ego y la moral., y nadie quiere presentar un punto de acuerdo, en la Cámara de Diputados o Senadores para acabar con éste flagelo.

Existe la suficiente evidencia científica que establece que trabajar veinticuatro horas o como trabajan actualmente 36 horas continuas origina una des-sincronización de las funciones corporales, ya que los seres humanos somos seres diurnos que estamos programados para desarrollar actividad durante el día y recuperarnos de la fatiga durante la noche.

Lo anterior se traduce en afectación a la salud y desempeño y provoca hipertensión, daños cognitivos, cerebrales, cardiacos, depresión, etc., por el grado de estrés en que están sometidos.

Estas acciones a que son sometidos los jóvenes que están presentando su servicio para ser médicos, es muy grave porque la salud de estas personas, privados de vida familiar y social se pone en riesgo.

Estudios de la oficina de la OIT, James Carpentier; P Cazamianhan ha revelado que esta forma de someter a la persona a no dormir experimenta una sensación de descontento y aislamiento, que algunos han calificado incluso de verdadera “muerte social”.

Muerte social. Porque además de las repercusiones fisiológicas a su salud enfrentan un problema grave en el ámbito familiar, social y laboral, y a parte pone en peligro a los pacientes que están atendiendo en los momentos de sus turnos.

Al verse perturbada la célula familiar con los horarios poco usuales que impone, existe una oposición de fase entre los horarios de trabajo, ahora nocturnos, y los horarios socio familiares, que continúan siendo diurnos. Mientras los jóvenes trabajan sus familias y la misma ciudadanía, en la noche duermen, descansa, y cuando el médico regresa a dormir hay luz solar, el ruido, actividades propias de las familias escuela, quehacer, etc, no les permite su recuperación para trabajar al siguiente turno.

Los efectos son tan severos que se ha demostrado aumento de divorcios, de malas relaciones familiares. Y hasta suicidios.

Por consiguiente, un hombre obligado a trabajar de noche y dormir de día deberá hacer frente a una doble exigencia, pues debe trabajar en estado de desactivación nocturna y cerebral, el sueño lo obliga a realizar un esfuerzo suplementario para ejecutar la misma tarea, y dormir en estado de activación diurna, lo que disminuye la calidad del sueño y su poder reparador.

Con lo cual si se encadenan guardias, fácilmente no se recupera la “normalidad hormonal” y se vive un “jet lag” continuo. En el trabajo nocturno se produce una desincronización de su ritmo biológico circadiano natural. Esta desincronización.

Si a todo esto sumamos los efectos que la desincronización horaria tiene sobre el equilibrio de su vida social y familiar, podemos asegurar que los trastornos que sufre el trabajador de noche son la consecuencia del triple conflicto biológico, laboral y socio-familiar al que está sometido.

Este triple conflicto nos dará el perfil del trabajador a turnos, definido como un desincronizado periódico de su vida social y familiar, que padece una distorsión en la organización cíclica del sueño y que trabaja en horas situadas fuera de su óptimo fisiológico y de sus funciones psicomotrices.

Este sistema abusa de la mano de obra barata que representan los

universitarios y residentes en medicina y es muy probable que las oportunidades de sólidos aprendizajes se vean mermadas.

Urge una, una legislación con un modelo humano y profesional, ya que en estos momentos se está viviendo una situación antinatural. Que así como todas las demás carreras el servicio social sea de medio año.

Reducir los años de residencia médica y la cantidad de guardias que los someten, ya que aproximadamente están realizando 120 guardias al año con las mismas características de treinta y seis horas sin descanso, ni derecho a dormir. Así mismo la remuneración apropiada para solventar sus gastos básicos.

Es importante recordar que nuestra Carta Magna establece en su artículo 123 que toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil y que de manera general la duración de la jornada máxima será de ocho horas.

Deben hacerse algunas modificaciones a la Ley General de Salud y a la Ley Federal del Trabajo, adicionar a los artículos 87 y 95 de la Ley General de Salud y reformar el 353-E de la Ley Federal del Trabajo, para garantizar “jornadas médicas dignas” en el proceso de formación de profesionales de la salud, con lo cual sus turnos laborales no deberán exceder de ocho horas en la mañana y siete por la noche. Limitar a ocho horas las guardias de estudiantes de Medicina.

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