PESQUISA POLÍTICA
Primero muerto que fallarles sin ustedes nada soy, pueblo

Por primera vez en la historia política, en la toma de protesta a la presidencia de México, la gente se desbordo para expresa su apoyo al licenciado Andrés Manuel López Obrador, y por más de 14 horas le manifestaron su confianza para cambiar la política del país para bien de los mexicanos.
Es y ha sido el único candidato a la presidencia de México, que no ha utilizado a las bases de su partido para que la gente lo glorifique, y que se pague para que los acarreados le griten porras, vivas y consignas positivas.
La gente le dio su voto y al pueblo le nació de corazón extenderle la mano y en estos momentos de protesta le manifestaron una vez más su confianza y no dudan que, cada una de sus palabras las hará realidad.
Andrés Manuel López Obrador pasará a la historia como el candidato a la presidencia de México que no utilizó a acarreados para la celebración de la Toma de Protesta como Presidente de México.
Desde temprana hora, en su domicilio particular, medios de información nacionales e internacionales invadieron la calle y los vecinos también hicieron lo propio para estar en primera fila y manifestarle su apoyo.
Nunca en la historia de la política de México se había visto como al paso de Andrés Manuel López Obrador, a bordo de su auto blanco, sin escoltas ni guardias presidenciales, se permitió que la gente se acercara para saludarlo de mano.
Algunas personas le entregaba arreglos florales, otras un a ramo de rosas, pero la gente de una u otra forma le demostró su amor, confianza y respeto, porque tienen confianza que no defraudará a los mexicanos y que sus promesas en campaña y lo expresado en la Cámara de Diputados lo cumplirá.
Jamás se había visto una maratónica protesta a la toma de protesta a la Presidencia de México, y tampoco como la gente, voluntariamente, soporto las inclemencias del tiempo, primero las candentes rayos del sol y después las bajas temperaturas en el Zócalo capitalino donde dio su último discurso y mantuvo a la gente atenta.
Los presentes en la Cámara de Diputados escucharon como López Obrador dijo que se debe convertir la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de gobierno.
Concretamente dijo que nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo, y aseguró que esa es la causa principal de la desigualdad económica y social, y también de la inseguridad y de la violencia que padecemos.
El expresidente de México, Enrique Peña Nieto, sentado junto al senador Marti Batre, no sabía dónde esconderse cuando López obrador hablaba de la corrupción y de los funcionarios que se han enriquecido a costa de pueblo.
Cada una de las palabras del Presidente de México, López Obrador, le taladraban la cabeza a Peña Nieto, que se mantenía intranquilo, serio y en momentos manifestaba su coraje por los reclamos que se hacían a los anteriores gobiernos federales.
En su discurso AMLO dijo que en cuanto a la ineficiencia del modelo económico neoliberal, baste decir que ni siquiera en términos cuantitativos ha dado buenos resultados.
Recuérdese que luego de la etapa violenta de la Revolución, desde los años treinta hasta los setenta, del siglo pasado, es decir, durante 40 años, la economía de México creció a una tasa promedio anual del 5 por ciento.
Y durante ese mismo periodo, en dos sexenios consecutivos, de 1958 a 1970, cuando fue ministro de Hacienda Antonio Ortíz Mena, la economía del país no solo creció al 6 por ciento anual sino que este avance se obtuvo sin inflación y sin incremento de la deuda pública. Por cierto, Ortíz Mena no era economista sino abogado.
Posteriormente hubo 2 gobiernos, de 1970 a 1982, en que la economía también creció a una tasa del 6 por ciento anual pero con graves desequilibrios macroeconómicos, es decir, con inflación y endeudamiento.
En cuanto a la política económica aplicada durante el periodo neoliberal, de 1983 a la fecha, ha sido la más ineficiente en la historia moderna de México. En este tiempo la economía ha crecido en 2 por ciento anual, y tanto por ello como por la tremenda concentración del ingreso en pocas manos, se ha empobrecido a la mayoría de la población hasta llevarla a buscarse la vida en la informalidad, a emigrar masivamente del territorio nacional o a tomar el camino de las conductas antisociales.
Lo digo con realismo y sin prejuicios ideológicos: la política económica neoliberal ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país. Por ejemplo, la reforma energética, que nos dijeron que vendría a salvarnos solo ha significado la caída en la producción de petróleo y el aumento desmedido en los precios de las gasolinas, el gas y la electricidad.
Cuando se aprobó la reforma energética hace 4 años se afirmó que se iba a conseguir inversión extranjera a raudales, como nunca.
El resultado es que apenas llegaron 760 millones de dólares de capital foráneo, lo que únicamente representa el 1.9 por ciento de la incipiente inversión pública realizada por Pemex en el mismo periodo, y apenas en 0.7 por ciento de la inversión prometida.
En los considerandos de las leyes aprobadas en ese entonces se aseguraba que en ese año íbamos a estar produciendo 3 millones de barriles diarios, y la realidad es que estamos extrayendo solo 1 millón 763 mil, 1 millón 763 mil barriles diarios. Es decir, 41 por ciento menos de lo estimado y con tendencia a la baja.
Es tan grave el daño causado al sector energético nacional durante el neoliberalismo, que no solo somos el país petrolero que más gasolinas importa en el mundo, sino que ahora ya estamos comprando petróleo crudo para abastecer a las únicas seis refinerías que apenas sobreviven, téngase en cuenta que precisamente desde hace 40 años no se construye una nueva refinería en el país.
Aquí agrego otros saldos de la política económica neoliberal o neoporfirista.
De México es originario el maíz, esa planta bendita y somos la nación que más importa maíz en el mundo. Antes del neoliberalismo producíamos y éramos autosuficientes en gasolinas, diesel, gas, energía eléctrica. Ahora compramos más de la mitad de lo que consumimos de estos insumos.
En este periodo el poder adquisitivo del salario mínimo se ha deteriorado en 60 por ciento y el salario de los mexicanos es de los más bajos del planeta.
Tenemos el doble de enfermos de diabetes en comparación con países de América Latina. Durante el periodo neoliberal nos convertimos en el segundo país del mundo con mayor migración. Viven y trabajan en Estados Unidos, 24 millones de mexicanos. Y por lo que hace a la violencia, estamos en los primeros lugares del mundo.
Según la última medición de Transparencia Internacional ocupamos el lugar 135 en comparación con 176 países evaluados. Ocupamos el lugar 135 en corrupción, entre 176 países evaluados y pasamos a ese sitio luego de estar en el lugar 59 en el 2000, subir al 70 en el 2006, escalar al 106 en el 2012 y llegar en 2017 a la vergonzosa posición en que nos encontramos.
Por eso insisto. El distintivo del neoliberalismo es la corrupción. Suena fuerte, pero privatización ha sido en México sinónimo de corrupción. Desgraciadamente casi siempre ha existido este mal en nuestro país, pero lo sucedido durante el periodo neoliberal no tiene precedente en estos tiempos que el sistema en su conjunto ha operado para la corrupción. El poder político y el poder económico se han alimentado y nutrido mutuamente y se ha implantado como modus operandi el robo de los bienes del pueblo y de las riquezas de la nación.
En la época de la llamada, o del llamado desarrollo estabilizador, o compartido, que va de los años 30 a los 70 del siglo pasado, los gobernantes no se atrevieron a privatizar las tierras ejidales, los bosques, las playas, los ferrocarriles, las telecomunicaciones, las minas, la industria eléctrica ni mucho menos a enajenar el petróleo, pero en estas últimas tres décadas las máximas autoridades se han dedicado, como en el Porfiriato, a concesionar el territorio y a transferir empresas y bienes públicos, e incluso funciones del Estado a particulares nacionales y extranjeros.
No se trata, como antes, de actos delictivos individuales, o de una red de complicidades para hacer negocios al amparo del gobierno. En el periodo neoliberal la corrupción se convirtió en la principal función del poder político, por eso si me piden que exprese en una frase el plan del nuevo gobierno, respondo: acabar con la corrupción y con la impunidad.

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