Aplicación de la normatividad, necesaria para reducir riesgos

Lo que mitiga los riesgos sísmicos son las acciones, y aplicar la normatividad es nuestra mejor arma para reducir ese riesgo. No obstante, hay debilidad institucional para verificar su cumplimiento; ése es un problema grave que debe resolverse, afirmó Mario Ordaz, investigador del Instituto de Ingeniería.
Además, las normas no son retroactivas, excepto para hospitales y escuelas; de los 44 edificios que colapsaron en 2017 en la CdMx, 43 fueron construidos antes de 1985. En ese sentido, los hogares deberían reforzarse, pero habría que pensar qué implica eso en términos económicos.
Enrique Cabral, investigador del IGf, advirtió que la vulnerabilidad de estructuras civiles en la Ciudad de México se acentúa en aquellas áreas afectadas por fallamiento asociado a subsidencia del terreno, hundimiento gradual de la superficie terrestre debido a la pérdida de volumen y/o transferencia de masa. En México, una gran parte de los procesos de subsidencia están originados por extracción de agua subterránea.
El cambio ambiental en la zona metropolitana ha sido enorme. Hoy, aquí habitan más de 21 millones de personas y tan solo en la capital del país están en uso 680 pozos; por décadas, la extracción de agua ha excedido a la recarga, y la caída del nivel freático es de 1.4 metros por año, con costosos daños en la infraestructura urbana, como el drenaje, y serios problemas de fallamiento en muchas zonas.
En la zona metropolitana, los sitios de alto y muy alto riesgo por fallamiento asociado a subsidencia incluyen a 21.7 por ciento del área total, y al 34.5 por ciento de la población, equivalente a 5.8 millones de habitantes.
Para el director de la Facultad de Arquitectura, Marcos Mazari, las acciones emprendidas por la entidad a su cargo ante los sismos fueron para auxiliar a la población afectada, a través de una convocatoria iniciada por los alumnos.
Con el apoyo del Centro Nacional de Prevención de Desastres, miles buscaron capacitarse y cooperar. Tuvimos alumnos, trabajadores, profesores, egresados y una participación interdisciplinaria. Se registraron seis mil 433 voluntarios. Las brigadas se conformaban con un académico o egresado, y un grupo de estudiantes, concluyó.

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