Guardia fronteriza de Trump

Una vez más, el presidente de Estados Unidos toma a México como “piñata” y, lo más preocupante, es que el gobierno de Enrique Peña Nieto se comporta dócilmente ante la amenaza cumplida de desplegar elementos de la Guardia Nacional norteamericana a lo largo de la frontera binacional.
El anuncio de Trump y la confirmación de que desplegará en estos días a la Guardia Nacional no deja de ser un acto hostil y unilateral, por más que el comunicado de la Casa Blanca insista en que no se utilizarán las armas. La orden de Trump insiste en mezclar el tema migratorio con el tráfico de drogas, una clásica estrategia de la derecha norteamericana para estigmatizar a los mexicanos y latinoamericanos.
Trump tiene cuatro días utilizando el tema migratorio para presionar al Congreso de su país que le negó recursos para la construcción de su muro, para chantajear a México con las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y para expresar su profundo desprecio por los derechos humanos de centroamericanos y mexicanos que se ven en la necesidad de migrar a Estados Unidos.
El pretexto para esta embestida de Trump fue el Viacrucis Migrante, organizado desde 2010 por la 72, Hogar Refugio para Personas Migrantes, de Tabasco, una iniciativa encabezada por Fray Tomás González que ha apoyado a los centroamericanos en su tránsito hacia México.
En este año, Trump calificó de “gigantesca” una movilización de sólo 1,500 personas que participaron en el Viacrucis Migrante y construyó una amenaza desproporcionada para justificar su medida discriminatoria.
Lo lamentable es que el gobierno mexicano y, en especial, la cancillería mexicana, lejos de responder con contundencia a las bravatas y exageraciones de Trump decidió justificarlo y hasta “explicar” sus medidas.
El comunicado del 4 de abril de la Secretaría de Relaciones Exteriores es lamentable porque matiza y justifica las acciones adoptadas por el gobierno de Estados Unidos e ignora el duro pronunciamiento que todas las bancadas del Senado mexicano reclamaron ese mismo día.
El pronunciamiento del Senado le exige a Trump “respeto al pueblo mexicano”, condena sus expresiones, rechaza “categóricamente” la pretensión de militarizar la frontera y considera esta acción como un “agravio más” y no sólo como una medida inocua, tal como la presenta la cancillería.
Aún más, el Senado mexicano le solicitó al gobierno de México “suspender la cooperación bilateral con Estados Unidos en materia de migración y de lucha contra la delincuencia organizada trasnacional en tanto el presidente Donald Trump no se conduzca con la civilidad y el respeto que el pueblo de México merece”.
Apoyamos extensamente este pronunciamiento y demandamos al gobierno de Enrique Peña Nieto que, al menos por esta ocasión, deje de comportarse como una administración intimidada y se ponga al frente de la demanda de dignidad y respeto a los mexicanos.

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