Sigue el TLCAN

Como siempre pasa, previamente a que comience la sexta ronda de negociaciones del TLCAN, a partir del 23 de enero próximo en Canadá, los funcionarios de los países involucrados hacen declaraciones que más que ser un posicionamiento concreto sobre los temas que se discutirán, son tácticas negociadoras para provocar reacciones de sus contrapartes.
En este contexto, es importante exigirles a los negociadores mexicanos que por ningún motivo cedan en aquellos temas que pueden ser perjudiciales para México, lo que, por lo menos en el ámbito declarativo, aparentemente están de acuerdo, aunque subsisten dudas por el acuerdo de confidencialidad sobre los resultados de las negociaciones.
El gobierno de Peña Nieto ha faltado a su palabra, ya que las negociaciones con los Estados Unidos se han limitado a las relaciones comerciales y se han abandonado otros temas como migración y seguridad, a pesar de que el gobierno mexicano dijo que serían integrales. ¿Dónde quedó la integralidad? Independientemente de lo que resulte de las negociaciones, un tema pendiente es el del diseño de un Plan B, indispensable para que el país esté preparado para una eventual cancelación del tratado. Dicho plan debe partir de una cuantificación precisa de los efectos de esta alternativa, a partir de la cual se diseñen las políticas y programas que mitiguen los efectos negativos.
Hasta la fecha, el gobierno de Peña Nieto se ha limitado a planteamientos generales y a minimizar los efectos negativos. En varias ocasiones Guajardo ha dicho que, en el caso de la terminación del tratado, se aplicarían las reglas de la OMC, con lo que México no resultaría tan afectado. Sin embargo, esto sólo es cierto para el caso del comercio de bienes y servicios, pero no para el flujo de inversiones y la integración de cadenas productivas.
Por otra parte, también sigue siendo una asignatura pendiente el diseño de una estrategia para disminuir de manera considerable la enorme dependencia de los Estados Unidos, con o sin tratado.
Lo que ha ocurrido durante la administración de Trump es una llamada de atención sobre la vulnerabilidad de México ante las decisiones que se toman en Estados Unidos, las que no sólo tienen que ver con las relaciones comerciales, sino en otros temas como la reciente decisión de reducir los impuestos a las empresas en Estados Unidos.
Indudablemente que el TLCAN es un tema importante, ya que por lo menos ha sostenido el mediocre crecimiento de la economía mexicana, con el que han estado conformes las últimas administraciones. En especial, Peña Nieto, cada vez que puede, pondera la supuesta estabilidad macroeconómica y el insuficiente crecimiento.
Es a todas luces irresponsable continuar con esta comodina visión en vez de atacar los graves problemas internos que limitan seriamente no sólo el crecimiento sino el desarrollo económico y social del país.

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