Dichos y los hechos.
- Gustavo Santos Z
- 20 jul 2017
- 2 Min. de lectura

El gobierno federal en una blasfemia más de su doble discurso anuncia con bombo y platillo la supuesta “persecución” contra varios es gobernadores que abusaron del poder solo para llevar grandes cantidades de dinero a sus cuentas personales o de sus familiares; de la población a la que mal sirvieron. Eruviel Ávila salió del mismo molde que Arturo Montiel y Enrique Peña Nieto: el de la política mexiquense, sin duda, cuna del priismo más nocivo, corrupto y antidemocrático. Eruviel se dio el lujo de desafiar a Peña y vencerlo, al evitar ser llevado al gabinete presidencial. Eso lo engallo. Hoy, Ávila comienza a ser exhibido.
El gobernador de Puebla lleva tatuado en la frente el nombre del niño José Luis Tehuatlie Tamayo, muerto por el ataque policiaco contra una manifestación pública en julio de 2014, bajo la nefasta “Ley Bala” engendrada y promovida por Moreno Valle. Y más: Moreno Valle – eso de “panista” es sólo un decir, porque en realidad es un político con corazón, entraña y formación priista-, es partidario – igual que Eruviel- de la censura, y además ataca a periodistas críticos.
En México los gobernadores han hecho un uso abusivo e ilegal del fuero constitucional y lo han utilizado como una herramienta de impunidad para cometer actos de corrupción amparados por los congresos locales, donde la mayoría de los legisladores pertenece al partido en el poder. Por ello, la necesidad de que esta figura sea eliminada o en su defecto acotada, coinciden académicos y especialistas en política.
Las últimas elecciones trajeron consigo la transición en nueve gubernaturas: Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Querétaro. Sin embargo, ninguna administración de esas entidades se fue limpia. Nueve de nueve ex gobernadores están señalados por corrupción.
En las actuales circunstancias políticas del país, los gobernadores gozan de un amplio poder y discrecionalidad en sus decisiones, lo cual, en algunos casos se traduce en opacidad, corrupción e impunidad. Aquella máxima de la Ilustración en la cual se decía que “el monarca debe tener las manos libres para hacer el bien y las manos atadas para hacer el mal”, adquiere en los gobiernos estatales mexicanos los mejores ejemplos de excesos, arrogancia e ineptitud. Puede decirse que una de las partes menos evolucionadas de nuestro sistema político se encuentra en las formas y prácticas de los gobiernos locales. Además que la impunidad sigue permeando porque en México no pasa nada.., mientras los políticos y sus partidos se siguen llenando las bolsas de dinero público.
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