Elsabueso Mexiquense
- 6 jun 2017
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Con los resultados de las elecciones realizadas el pasado domingo en cuatros Estado de nuestra grande y bella República Mexicana, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) deben poner sus barbas a remojar y, emprender cambios radicales o reinventarse para entender la visión de la ciudadanía y sus electores, respecto al futuro en la partición político electoral que deben presentar rumbo al 2018. El mensaje de la sociedad es muy claro, los partidos políticos mexicanos deben acabar con la corrupción de sus funcionarios, posicionar a personajes probos, con vocación de servicio, honrados y preparados para efectivamente dar atención y respuesta a las necesidades más apremiantes de la población que pretendan gobernar.
A pesar de haber ganado las elecciones en el Estado de México, su derrota en Veracruz, y Nayarit lo deja en suspenso para la contienda presidencial. Llegará a la justa electoral de 2018 con el menor número de gubernaturas de su historia: 14. Si el PRI sobrevivió a la pérdida de la Presidencia en 2000 fue por una serie de circunstancias que difícilmente se repetirán en caso de una nueva derrota en 2018.
Además, el PRI volvió a Los Pinos montado en la promesa de que es el partido que sabía hacer las cosas gracias a su dominio del oficio de la política. Oficio que, por cierto, hoy no se ve por ningún lado. Antes de 2000, la delincuencia no se había salido aún de control –pese a un pico en secuestros durante el lapso 1995-1998– y eso hizo creer a muchos mexicanos que había dejado crecer por su inexperiencia en lidiar con los criminales.
El PRI tampoco ha mostrado capacidad de articular la atención de intereses encontrados como hacía en el pasado. Y ahora tiene abiertos frentes con trabajadores, empresarios y la Iglesia. La cohesión interna, que resultó clave para su permanencia en el poder entre 1929 y 2000 y para la recuperación de la Presidencia de la República en 2012, también brilla por su ausencia. Ojo, desde entonces, no ha podido superar 40 por ciento del voto. Tuvieron 29 por ciento del voto en ese año, pero lograron recuperar casi todo para 2009, cuando alcanzaron 39 por ciento. En la elección de 2012 bajaron a 36, y ahora no llegan a 33 por ciento. El PRI tiene mucho que hacer.

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