Clases en territorio narco
Yo sólo hago que no veo nada y cuando nos paran, les muestro mi credencial -relató Daniela, de la rutina que ha adaptado como su único protocolo de seguridad, para evitar ser blanco del narco en alguno de los caminos que debe recorrer cada 15 días o cada mes que baja al sur del Estado de México, en las serranías de Tlatlaya, donde presta su servicio como instructora del Conafe.
“Una forma de protegerse es no salir; luego de las clases, encerrarse en la casa de los padres que te dan hospedaje”, explicó la voluntaria de educación básica.
Ella, junto con otro ejército de jóvenes de su misma edad, que oscilan entre los 18 a los 23 años, da clases en donde los profesores titulados se niegan a ir por el temor del narcotráfico.
El contar con una playera, con un logo institucional y su credencial que los acredita como docentes, es la única protección que tienen los instructores del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), que prestan servicio en municipios del sur del Edomex.
Debido a que se tienen que quedar por toda la semana en la comunidad donde prestan servicio, los instructores evitan tener contacto con gente extraña en la comunidad o, salir del perímetro de la escuela, según narró Daniela, instructora en Tlatlaya, uno de los municipios más escondidos de la sierra sureña y donde también se registra el mayor número de enfrentamientos entre fuerzas federales y cárteles de la droga.
“Cuando llegué a prestar el servicio, me encontré con demasiado gobierno (operativos policiacos) y no sabía qué pasaba, entonces lo que hacemos es siempre traer nuestra credencial para que sepan que somos maestros”.
De acuerdo con los programas y tipo de atención que ofrece el Conafe en el país, que retoma la responsabilidad de dar servicios donde no hay educación regular de la SEP, los jóvenes que son incorporados se ven obligados a exponerse en zonas como las del sur del Edomex.
Como los únicos protocolos de seguridad, se les otorga una credencial y una playera para que la gente y los policías los identifiquen.
Y que cada inicio de ciclo escolar, el Conafe entrega al Sistema Estatal de Seguridad una matrícula de los instructores que prestan servicio en el sur de la entidad.
Gabriel, otro instructor en Amatepec, reveló que como parte de su experiencia de prestar servicio en el sur le ha tocado ver personas que son ‘levantadas’ en los caminos que recorre cada semana para llegar a la comunidad que se le asignó.
“Estamos pensando a cada rato el salirnos del Conafe porque está mal la seguridad allá y no tenemos transporte para llegar a la comunidad, y pues nos toca caminar dos horas y en ese camino me ha tocado ver cómo ‘levantaron’ una vez a un señor y su hijo”, dijo el joven.
De acuerdo con la información de su portal institucional, la delegación estatal del Conafe está dividida en sedes regionales, y para el caso del sur de la entidad, son siete municipios los que se atienden.
En su mayoría, los instructores que son asignados al sur son habitantes de la región y conocen los municipios, pero aún así, es de peligro y alto riesgo.
Daniela y Gabriel saben bien de esos riesgos, desde que salen de sus casas, sólo con una mochila donde llevan lo básico, sin objetos de valor y los números de su familia memorizados para cualquier emergencia.
Su playera con el logo del Conafe y la credencial que se les entrega cada inicio de ciclo escolar, la bendición de sus padres que pueden portar como un crucifico o una estampilla en la cartera. No hay más protección.
Al primer peligro que deben afrontar es en el transporte, en los taxis colectivos, los cuales son la única forma de traslado, y son conocidos por ser los halcones del narco.
Luego caminar por brechas durante horas, no menos de tres para llegar a su destino, a veces como el caso de Daniela y Gabriel, a comunidades que están escondidas en la sierra.
“Como soy el único instructor en la comunidad, me expongo mucho, pero la verdad no podemos decir cómo fue o quiénes por nuestra seguridad; mi familia me dice que me salga, pero yo tengo estas ganas de seguir y ayudar a los niños”, dice sin dudar Gabriel, aunque sólo es un joven de servicio y los mil 400 pesos mensuales que recibe como apoyo, es sólo un pago simbólico en comparación al sueldo de un profesor titulado.
Según las estadísticas de la dependencia federal, cada ciclo escolar se reporta un 20 por ciento de deserción en la matrícula de instructores a nivel nacional, su principal factor es no acondicionarse al servicio que prestan y la inseguridad que domina en algunas entidades del país, como es el caso del Edomex.

Comentarios