Mi Refugio de Papel
LIBRE

A eso llamo yo, meterse a la boca del lobo. Lo encontré en la ventana entre la cortina y su protección; dormido con esa tranquilidad que caracteriza a los pequeños. Esos que no saben del peligro, y que su sueño aún, no se contamina con las pesadillas de los adultos. Cuando lo tomé de la ventana, con un gran sobresalto, me pescó con su piquito un dedo y comenzó a chillar y a forcejear. No podía soltarlo, los 4 gatos y los dos canes ya estaban listos para saltar sobre su pequeño cuerpecito. Lo miraron con demencia y los gatos se chuparon los bigotes. Los perros brincaban alrededor de mi para ver que era la presa. Mis hijos me rodeaban queriendo verlo y tocarlo. Parecía que contenía el elixir de la libertad. Todos lo querían poseer sin darse cuenta que es un ser sin dueño; tan libre como una rafaga de viento, tan etéreo como una nube viajera. Tan pequeño como un suspiro. Rápidamente sacamos a los gatos de la última habitación para revisarlo y hacer algunas pruebas de vuelo y resistencia. Al soltarlo, rebotó en las paredes como pelota de frontón, pero lo atrapamos para que no dañara su equipo de vuelo. Después de asegurarnos que estaba sano fuerte y capacitado para volar; lo liberamos por la ventana. Por un segundo se quedó sobre la protección de la ventana, volteó unos instantes como para agradecer respetaranos su vida y se lanzó al vuelo afirmando que la libertad no se adquiere es pero es parte de la propia existencia de cualquier ser vivo.

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