Mi Refugio de Papel
Una buena torta

No hay como una torta típica de esas que cuando éramos niños hacían nuestras madres, abuelas y tías para salir de un día de campo.
Como recuerdo a mi abuela y su larga mesa cubierta con un mantel de cuadritos rojos con blanco. Larga, muy larga para concentrar a sus diez hijos y ya algunos yernos y nietos que se habían agregado a la lista. Se hacían en serie. Todo se partía se rebanaba y se tenía listo para armar. Varias de las mujeres se ponían alrededor de la mesa, y con las clásicas teleras ya partidas se dedicaban a una labor diferente cada una. Una ponían la mayonesa, otra los frijolitos negros, una mas la moztaza, el queso blanco típico de tiendita, la rebanada de jamón o queso de puerco, jitomate, cebolla y eso si! Santa rajota de chile curtido que no podía faltar con su buena zanahoria. La servilleta y todas a una bolsota de pan o de plástico.
Como olvidar esos fines de semana en el campo, a veces al pié de carretera a veces en lugares mas conocidos según fuera el tiempo o el presupuesto. Los mateles en el pasto. Los termos con agua de fruta a veces de horchata o de jamaica. Todos corriendo tras la pelota o volando cometas de caprichosos diseños. Algunos dirán «paseo de pobre» pero eramos felices teníamos algo que compartir. Calor familiar.

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