Elsabueso Mexiquense
- 24 jun 2015
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El cuidado de la casa común
La encíclica “Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común”, presentada por el Papa Francisco, es un paradigma en la vida de la iglesia moderna; las encíclicas son los documentos pontificales más importantes porque son doctrinales, en este caso ha habido sólo tres encíclicas que han marcado la vida de la iglesia, algunas de ellas clericales, esta es una nueva encíclica que marca una posición muy importante en la iglesia y sacude a la comunidad internacional, no sólo en el tema del medio ambiente, sino las consecuencias económicas, políticas y culturales.
Benedicto XVI renovó la invitación a eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente. Recordó que el mundo no puede ser analizado sólo aislando uno de sus aspectos, porque el libro de la naturaleza es uno e indivisible, e incluye el ambiente, la vida, la sexualidad, la familia, las relaciones sociales, etc. Por consiguiente, la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana.
El Papa Benedicto nos propuso reconocer que el ambiente natural está lleno de heridas producidas por nuestro comportamiento irresponsable. También el ambiente social tiene sus heridas. Pero todas ellas se deben en el fondo al mismo mal, es decir, a la idea de que no existen verdades indiscutibles que guíen nuestras vidas, por lo cual la libertad humana no tiene límites. Se olvida que el hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza. Con paternal preocupación, nos invitó a tomar conciencia de que la creación se ve perjudicada donde nosotros mismos somos las últimas instancias, donde el conjunto es simplemente una propiedad nuestra y el consumo es sólo para nosotros mismos. El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que sólo nos vemos a nosotros mismo.
A la encíclica del Papa Francisco hay quienes la califican de una especie de pensamiento ecológico integral, que no solamente es parcial, que tiene diferentes dimensiones incluida la teológica. Su santidad Francisco en cierto sentido rompe con una tradición que está en la Génesis, que dice: ‘creced y multiplicaos y dominad el mundo, sométanlo’. Ahora con el planteamiento teológico que hace, es una verdadera revolución, tanto que ha sido sometida a la crítica de la ultraderecha que no está nada contenta. Bernardo Barranco, sociólogo de la religión indicó que “Hay otros actores que han cuestionado también la encíclica, argumentando que lo que está diciendo el Papa es ¿qué seamos más pobres?, ¿qué ya no sigamos con una economía de mercado?, es decir, lo critican de izquierdista. Pero todo esto fue orquestado antes de que saliera. Pero el efecto fue lo contrario porque al filtrarse se creó una expectativa, eso género un movimiento mediático mucho mayor y contundente”.
Este pues es un llamado enérgico, contundente y directo, donde la iglesia afirma “concepto mágico del mercado, que tenemos en México, en donde tenemos que crecer para poder atacar la pobreza, alimentar la producción, quitar el hambre, el Papa dice esto no es así, hay que hacer algo muy diferente, hacer un uso racional de los recursos”. Hay un abismo increíble entre el mundo pobre y el mundo industrializado y es lo que el Papa Francisco dice que debe terminarse.
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